Revista Recre@rte Nš7 Julio 2007 ISSN: 1699-1834      http://www.iacat.com/Revista/recrearte07.htm

 

Mora2

Plegaria Ecológica

Ranulfo Peñaloza*

                                           
Por el bíblico tamarindo que plantara Abraham en Berseba (Gen. 21:33) y por el nuestro de Angostura, cuando Bolívar amarrara su esperanza al río, que nunca el hombre tenga que ser testigo del gemido de las bestias, del mugido de las vacas en el hato o del balido quejumbroso de las ovejas porque el fuego destruyó sus pastos.  (Joel 1: 18-19).

Que nunca aflore, entre nosotros, el día en que la ira de Dios llegue a  abrasarnos todos los árboles. (Eze.  20: 47).

Que nunca tenga el hombre que oír el bramido escalofriante de la yunta en el arado o el relincho fantasmal de los caballos espeluznando e implorando al cielo los frescos manantiales de las aguas, después que el fuego haya destruido todas las
hierbas de los campos. (Joel 1:20).

Que nunca la viña se nos seque, ni la higuera languidezca y menos el naranjo, el mango y los manglares.  (Joel 1:12).

Que nunca nos quedemos con tan poquísimos árboles en tierra que hasta un niño sea capaz de contarlos con  su propia mano, tal como  visionariamente Isaías lo advierte. (Is. 10:18-19).

Que, en cambio, todos los niños de la  tierra sepan, como nos lo enseñara el camarada Whitman, que la hierba es el pañuelo de Dios desplegado en nuestro propio suelo, “con el nombre del dueño en alguna punta para que lo veamos y lo notemos y nos preguntemos: “¿De quién?”

Porque, ciertamente, a pesar de toda la ciencia de la tierra y de toda la maldad del hombre, “sólo Dios puede hacer  un árbol”.

Que aunque la vida sea el sueño de una sombra, que nunca los hombres pasemos por la vida siendo sólo una sombra. (Píndaro. Job 8:9).

Señor: Pon nuestras almas en las altas cumbres.

 

 

*Ranulfo Peñaloza. (1934. Santa Ana del Táchira, Venezuela). Canto al Árbol, Plegaria Ecológica de amor por la naturaleza, brotada de la vigilia eco-creadora del Perito Forestal Ranulfo Peñaloza, conservacionista a carta cabal desde hace 55 años, cumplidos a pulso de júbilo, de cara a su propio pueblo, quien lo ha visto trabajar callada, constante y desinteresadamente en la conservación, defensa y mejoramiento del ambiente en nuestro entorno. Guardián Ecológico, El Padre de los Bosques Tachirenses, Premio Estadal del Ambiente 1987, lejos de prebendas, reconocimientos o elogios, Ranulfo Peñaloza cuenta en su transparente hoja de vida con una sola satisfacción: el amor por su tierra enclavada en lozanos paisajes naturales, donde el hombre lanza al horizonte el grito de su serranía, de su terrazgo, desde los postigos del alma. Bagaje espiritual que le permite, desde sus altas cumbres, invocar al Creador, el único capaz de hacer un árbol.

20. 05. 2007

 

 

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