Revista Recre@rte Nš7 Julio 2007 ISSN: 1699-1834      http://www.iacat.com/Revista/recrearte07.htm

 

Disciplina, aprendizaje y creatividad
Mar Cortina. Psicopedagoga

¿De qué manera un profesor puede dar clase cuando tiene que estar lidiando continuamente con alumnos que perturban?

Es evidente y, lo sabemos por experiencia, que no hay recetas que puedan ajustarse exactamente a lo que sucede en mi aula con mis alumnos pero creo que la revisión de algunos conceptos, podría orientarnos de manera general para que cada uno, desde su creatividad, pueda manejar el tandem comportamiento-aprendizaje. Por la extensión del artículo nos ceñiremos a tres de ellos.

Empecemos por la creatividad: La creatividad es, entre otras cosas, la capacidad de mantener una cierta calma interior que nos permita VER la situación de manera compleja y global y, desde esta visión, saber dar una respuesta lo menos parcial y lo más ecuánime posible. Pero habitualmente, las respuestas que se suelen dar en el aula a los problemas de comportamiento y de indisciplina suelen ser fruto de inercias educativas, tendencias psicológicas quizás ya superadas, por un lado, y premisas culturales de  pre-conceptos, pre-juicios e interpretaciones personales, fruto de experiencias anteriores como docente, por el otro.

Para ver la situación de manera compleja y global es necesario darse cuenta de que estas inercias y pre-juicios están presentes en todas nuestras actuaciones y que, en muchas ocasiones, están limitando y condicionando nuestra respuesta.

Revisemos algunas de estas inercias:
a) Creer que la responsabilidad (etimológicamente, la capacidad de dar respuesta) absoluta de la disciplina en el aula recae sobre el profesor. Si lo pensamos así, lo transmitimos así y, como consecuencia, los alumnos toman un papel pasivo, ya sea revelándose o aceptándola; en cambio si lo que creemos y, por tanto, transmitimos, es que el clima del aula se construye entre todos, permitimos que los alumnos tengan un papel activo en la mejora de la convivencia. Como esto va en contra de lo que habitualmente pensamos, estamos hablando de una re-educación (del profesor y del alumno) y vamos a necesitar mucha perseverancia, paciencia y confianza en que esto es así. Si dudamos nuestra actuación dejará de ser impecable y clara, y se nos filtrarán respuestas fruto de la creencia anterior. Pero ¿esto es así? ¿compartir la responsabilidad de la disciplina en el aula funciona? La única manera que tenemos de saberlo es experimentarlo. Si lo hacemos y da algún resultado, por mínimo que sea, entonces sigamos explorando; si no funciona, aún dándole el tiempo suficiente de experimentación, conviene repensarlo. Y aquí, tenemos de nuevo la creatividad. Otra de sus características es la capacidad de abandonar lo que no nos funciona aunque no sepamos con qué lo vamos a sustituir, tener el valor de quedarse en blanco abre las puertas a respuestas creativas en tanto en cuanto están siendo adecuadas a ese momento particular con ese grupo particular por más que no figuren en ningún manual sobre disciplina. Tan sencillo como si funciona, no lo arregles y si no funciona, rectifica. Pero se sigue castigando aunque sepamos que arregla la situación sólo puntualmente y que tiene efectos secundarios; se sigue gritando aunque sepamos que eso crea más tensión y desautoriza; se sigue creyendo en la imposición, sin tener en cuenta que existe la negociación; se sigue…

b) Creer que lo que debemos hacer siempre es intervenir y, además, de manera inmediata. No hemos sido educados en el silencio, por tanto llenamos las situaciones de palabras, de acciones, de soluciones enlatadas con fecha de caducidad y no solemos dejar espacio a la reflexión íntima, a la interiorización, al no saber. Estos conceptos suelen provocar temor pero sólo es porque se desconoce. Desde mi punto de vista, reconocer serenamente un no-sé-qué-hacer muestra una actitud humilde y autocrítica que descubre un horizonte de posibilidades antes no contempladas por no pertenecer a ningún modelo preestablecido.

Detrás de todo esto, hay otro concepto que no me gustaría dejar de revisar: la autoridad. En el momento sociohistórico que vivimos, más que nunca la autoridad sólo puede ser reconocida si procede de una actitud y comportamiento ético, respetuoso, honesto y coherente. El profesor, tendrá mucha más autoridad si estos cuatro conceptos clave impregnan sus pensamientos, sus sentimientos y sus acciones. A mi entender y simplificando mucho:

  1. Ético significa que responde a un código personal donde los valores están presentes.
  2. Respetuoso, que no descalifica a ningún alumno ni a ninguna persona, aunque su comportamiento no responda a sus expectativas, sino que reconoce y apela a lo valioso que hay en ella.
  3. Honesto: Que está en contacto con lo que siente y puede expresarlo y compartirlo.
  4. Coherente: Que lo que hace coincide con lo que piensa y dice.

El tercer concepto que revisaremos es el humor: El humor es el fruto de una civilización que ha evolucionado, una de las formas más elevadas de la vida social. Por su naturaleza, la risa es democrática y el humor es un antídoto contra el dogmatismo y la violencia. Su gran fuerza crítica la convierte en un poderoso instrumento de progreso y de cultura. El diálogo humorístico es un método educativo; es decir, un método de comunicación y de comprensión. Es una experiencia que mueve a confrontar lo obvio y a reírse de ello al verlo desde otra perspectiva en la que surge lo cómico o la contradicción. Volviendo a la idea de que nos movemos por asociaciones de conceptos predeterminadas, en este caso se cree que si educamos con mucha seriedad lo vamos a hacer mejor. O no. Ahí dejo la propuesta.     
Para acabar y completar, otra de las claves para compaginar dignamente disciplina y aprendizaje reside en el norte que nos hayamos propuesto como docentes, en saber dónde está el centro de la diana hacia la queremos dirigir las flechas: ¿Qué pretendo? ¿Cómo quiero conseguirlo?.  Se hace entonces necesaria una retroalimentación continua que nos dé información sobre lo que estamos haciendo y cómo y que efectos está teniendo con nuestros alumnos, teniendo siempre a punto la serenidad, el coraje y la creatividad.
                            

 

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