|
Revista Recre@rte Nº6 Diciembre 2006 ISSN: 1699-1834 http://www.iacat.com/Revista/recrearte06.htm |
||
|
LA FORMACIÓN DE LÍDERES BAJO LA LUPA. LECCIONES Y
REFLEXIONES DE UNA EXPERIENCIA CONCRETA Alejandra Benitez abcreativa@gmail.com INTRODUCCIÓN El propósito de este trabajo es
compartir una experiencia concreta en materia de Formación de Líderes que se
desarrolló en el ámbito del sector agropecuario. El
presente trabajo resume básicamente los fundamentos y metodología que utilizó
el CEIDA (Centro de Estudios e Investigaciones para la Dirigencia
Agropecuaria) en su proyecto de formación de líderes durante la década del
´80 y parte de los ´90. Se
trata de un testimonio directo ya que en ese momento era la Secretaria
Académica y responsable por el diseño, contenidos, metodología y selección de
profesores del Curso de Formación Dirigencial. El cargo lo ejercí desde 1987
a 1994. La
idea es además de plantear la estructura original que fue muy exitosa en su
momento, reflexionar sobre la metodología utilizada y las lecciones que
pueden obtenerse de esa experiencia de cara al futuro. La presentación está estructurada
para mostrar en primer término (Parte I) los Fundamentos del proyecto CEIDA y
las circunstancias que impulsan la decisión de relanzar un Curso de Formación
Dirigencial. Una Parte II, más breve, se detiene
en la definición de Líder y se muestra cómo las condiciones naturales se
potencian con el ejercicio de responsabilidades concretas. La Parte III, se centra en la
descripción pormenorizada del proyecto original, en cuya elaboración
participé activamente. Finalmente en la Parte IV se hace un
balance de la metodología y prácticas que permitieron al Curso alcanzar
prestigio y un destacado posicionamiento. Parte I FUNDAMENTOS Y PUNTO DE
PARTIDA Diagnóstico inicial[1] A fines de 1989, durante una
presentación del CEIDA y su Curso de Formación Dirigencial utilicé las
siguientes palabras para introducir los fundamentos del proyecto. “La Argentina es
un país de grandes posibilidades y pocos resultados. La existencia de un
círculo vicioso hecho de distanciamiento de la realidad, la falta de
objetivos claros y decisiones erróneas, nos han conducido al estancamiento.
Esta secuencia alimentada por la improvisación de los dirigentes, apatía de
la población, descomposición de valores y consiguiente ruptura del contrato
social, suman al estancamiento la decadencia ... Hoy vivimos una profunda
crisis que demanda la superación de aquellas condiciones que han dejado al
hombre sin un marco de referencia, aislado, escéptico, preocupado casi con
exclusividad por su supervivencia, con
escasas posibilidades de atender a su crecimiento como persona; y a la
sociedad sin el sentido de Nación.” De este modo sintetizaba la
necesidad imperiosa del momento de trabajar por un cambio de valores, actitudes, metas y
métodos que permitieran recuperar el bienestar general. Pero entonces, igual que ahora me
pregunto si los diagnósticos de lo que no funciona o nos falta es el único
punto de partida para iniciar el cambio. Ortega y Gasset decía algo
interesante al respecto. Hablando de los extranjeros que visitan el país,
reflexionaba que para juzgar a un pueblo, generalmente se parte de lo que se
ve, y se busca lo que falta. Así, sigue diciendo, “Sólo se alcanza a
descubrir los defectos y manquedades de una nación, y es el método más seguro
para ver el mundo lleno de agujeros, fracturas y ausencias... “ Cuántas veces nos ha pasado que la
lucidez de un diagnóstico nos encandila! Pareciera que la mayor comprensión
de la realidad nos tranquiliza, pero también nos inmoviliza al descubrir la
complejidad y profundidad de la crisis que enfrentamos. Y los retratos de la
realidad se multiplican con cada diagnóstico sin que las soluciones y
acciones concretas aparezcan en la misma proporción. Por eso, para no agotarse en el
diagnóstico, es necesario añadir aquellos elementos sobre los cuales se puede
construir. En este caso, rescatar la esencia de la Nación, identificar su
trama sana y ponderar la valía de su gente y de sus instituciones. O sea ver
los cimientos de la Argentina posible. En este sentido decimos que la
Nación Argentina tiene como cualidades reconocidas, creatividad, aprecio por
la libertad, capacidad de trabajo y de acciones solidarias, adaptabilidad,
entusiasmo por ser, valoración de la paz y la justicia. Cuenta además con
profesionales y trabajadores capacitados y con recursos naturales suficientes
como para posibilitar un crecimiento sostenido. Por dónde empezar? Hoy más que nunca se comparte la
creencia de que la verdadera riqueza de un país la constituyen sus hombres, y
que el conocimiento es la llave fundamental de todo emprendimiento exitoso.
Por esto, lo primero es recatar al hombre en su dignidad, capacidad y fin
trascendente; no aislado, sino como miembro responsable del destino de la
sociedad de la cual es parte, y como protagonista cuando asume desde las
instituciones el liderazgo, conducción y defensa del bien común. El crecimiento armónico y pleno de
una persona está íntimamente ligado a la solidez y calidad de las
instituciones a las que naturalmente pertenece. La familia y luego la
sociedad toda componen los pilares de su formación y el marco de su
desarrollo. En ellas se trasmiten valores, creencias y principios, y se
sedimentan actitudes y pautas de convivencia, conocimiento y respeto por la
ley y las instituciones. La familia educa directamente y la
sociedad a través de sus instituciones. Por esto el sistema educativo
adquiere particular relevancia cuando se requiere potenciar y transformar una
sociedad a partir de sus miembros. Hombres e instituciones tejen la
trama de la sociedad. Por esto en segundo término es importante revalorizar
el papel de las instituciones intermedias. Ellas son en teoría, como un centro
donde convergen esfuerzos individuales que se orientan a un objetivo común.
Son un canal natural para materializar deseos e iniciativas fortaleciendo y
asegurando la representatividad de los diversos grupos dentro de un sistema
democrático, promueven asimismo, una cultura participativa y armonizan los
intereses particulares con el bienestar general. Pero, si faltan valores y conocimiento
en los hombres, si no hay conciencia ciudadana, si las instituciones
intermedias son poco dinámicas y las metas de unos y otros se agotan en lo
inmediato y urgente, es impensable un país que, aún contando con grandes
recursos, obtenga grandes resultados. El tema es complejo, pero deja
marcado un camino que asocia estrechamente el destino del país al nivel de
sus líderes y dirigentes. Es por esta razón que me pareció
importante acercarles esta experiencia, porque se necesita más que nunca
apoyar los nuevos liderazgos y la formación y capacitación de hombres y
mujeres que con clara conciencia ciudadana asuman responsabilidades
dirigenciales que apunten con claridad y firmeza a un futuro mejor y logren
hacer de cada problema una oportunidad. Parte II DEFINCIÓN DE LÍDER Y EL
CAMINO HACIA LA DIRIGENCIA Qué es un Líder Ser líder implica guiar y conducir a
otras personas hacia una mejor calidad de vida, implica asumir la
responsabilidad de solucionar problemas, prevenir y resolver conflictos y ampliar
el campo de las cosas posibles. Líder es aquel capaz de adelantarse
a los hechos sin distanciarse de la realidad; de fijar con claridad metas y
objetivos sin someter la voluntad de quienes conduce; de actuar sin caer en
el activismo estéril; de canalizar el potencial de un grupo sin servirse de
él para obtener rédito personal. Liderar no es sólo administrar o
combinar eficientemente los recursos; significa esclarecer e interpretar.
Esto requiere conocer y comprender profundamente el país, el sector y las
personas a quienes representa. Para dirigir, conducir o guiar se
necesita conocer el pasado, comprender el presente y anticipar el futuro.
Requiere visión, resolución y acción. Requiere asumir la responsabilidad por
los éxitos y fracasos que se deriven de sus decisiones y acciones. El Dirigente nace o se hace? Esta
pregunta ha originado interminables discusiones y las opiniones se dividen
casi por igual entre una y otra. Nuestra
experiencia recata elementos de ambas posturas. Para
ser líder o dirigente se requieren algunas condiciones básicas como vocación
de servicio, claridad de metas, ideas y decisión. Quienes cuentan con estas
condiciones progresivamente van destacándose por su participación, deseo de
colaborar y aporte de ideas. Es
habitual que dentro de los grupos de trabajo, a estas personas se les
deleguen responsabilidades en forma creciente. En la medida que tienen un
desempeño satisfactorio van creciendo en importancia hasta lograr la
delegación de una parte de la autoridad. Logran así representatividad de un
modo natural y con esto el reconocimiento como líderes. Liderazgo,
participación, representatividad y dirigencia son términos que crecen
estrechamente unidos. Lo que en esencia distingue finalmente al dirigente es
la identificación con los valores e intereses de su grupo de pertenencia, la
representatividad que asuma del mismo y su capacidad para lograr resultados. En
este proceso el dirigente se hace, ejercita y desarrolla otras cualidades
como don de mando, responsabilidad en la conducción, lealtad al grupo,
comunicación, capacidad para enfrentar imprevistos y anticipar posibles
problemas, firmeza y una visión del largo plazo. Sin
embargo esta trayectoria no siempre resulta ordenada y todos conocemos
ejemplos de personas que detentan el rol de conductores sin contar con los
antecedentes suficientes. El
medio social, en general apático, genera situaciones de vacío de autoridad.
La urgencia por cubrirlo ha catapultado muchas veces a los primeros puestos a
quienes tienen disponibilidad o audacia, sin contar con la preparación o
talento suficiente. Es
una historia reiterada hasta el cansancio, con un agravante, que una vez que
estas personas han llegado al poder pierden objetividad y es difícil que
puedan apreciar o reconocer su falta de preparación. Por
esto es particularmente relevante que el dirigente posea objetividad y
humildad, como cualidades que permitirán eximirlo de los males que se derivan
del egocentrismo, la ignorancia y de
la soberbia. El
líder así dispuesto estará abierto a la crítica constructiva y a valorar las
contribuciones y aportes de terceros que puedan enriquecerlo y mejorar sus
decisiones. El
camino es largo, pero la permanente interacción con personas y circunstancias
moldean a la personalidad abierta y dispuesta a capitalizar cada experiencia.
Finalmente
la voluntad de formarse y capacitarse en forma permanente posibilita no sólo
actualizar conocimientos necesarios, sino acrecentar habilidades y aptitudes
que redundarán en un desempeño dirigencial eficiente y eficaz. Parte
III EL
PROYECTO CEIDA. CURSO DE FORMACIÓN DIRIGENCIAL CEIDA, un proyecto para el país El
Centro de Estudios e Investigaciones para la Dirigencia Agropecuaria nace en la
década del ´80 de la conjunción de esfuerzos de entidades vinculadas al
sector agropecuario. El propósito fijado inicialmente era “contribuir y
aportar elementos al mejoramiento del hombre y del ámbito rural.” El
tiempo y el peso de las circunstancias que reflejaban una sociedad bloqueada,
con una dirigencia en crisis fueron marcando un rumbo específico a nuestra
acción. El CEIDA tomó la decisión de centrar su labor en la “formación
y capacitación de una dirigencia sectorial representativa e idónea.” Se
decidió trabajar por la dirigencia, por el hombre concreto, con nombre y
apellido, que comparte la convicción de que la suma de esfuerzos puede hacer
la diferencia entre una sociedad a la deriva y una que encuentra una razón
para seguir andando. El
CEIDA nace y crece en un ámbito empresario, de raiz agropecuaria y abierto a
todos los sectores. Su
principal tarea fue formar y capacitar dirigentes con alto sentido ético y
del bien común, capaces de asumir con acierto la conducción efectiva de
entidades intermedias. Por
qué formación y capacitación? La
aceleración de los procesos de cambio han impulsado y hasta obligado a un
permanente proceso de actualización de los conocimientos en los más diversos
ámbitos: científico, tecnológico, profesional... En muchos casos -quizá el de
la tecnología sea el más claro- los cambios se retroalimentan y presionan por
nuevos logros. Todo
este fenómeno del cambio ha impactado
también en el sistema educativo. Se modifican los procesos de transmisión de
conocimientos, se fracciona el saber y se incentiva el desarrollo de técnicas
y destrezas específicas. Así crece y se difunde el concepto de capacitación.
Pero esto no resultaba suficiente. La
crisis que vivimos, decíamos entonces, demanda no sólo la actualización de
conocimientos o el desarrollo de nuevas habilidades específicas, sino
especialmente reclama un reordenamiento de ideas y valores, una mejor y mayor
comprensión de los hechos y acontecimientos y fundamentalmente un cambio de
mentalidad. Las condiciones estaban dadas. No
era ni es posible mantener una actitud prescindente o crítica ante el estado
de cosas que estamos viviendo, sin asumir la cuota de responsabilidad
personal e institucional que cabe a cada uno. El
Curso de Formación Dirigencial , nombre con el que se conoció el proyecto
educativo del CEIDA, se estructuró sobre la convicción de que el dirigente es
la pieza clave para lograr los cambios que la sociedad requiere. Integrando
los conceptos de formación y capacitación, la propuesta apuntaba a que los
participantes obtuvieran los siguientes logros: ·
Pudieran
componer un marco de referencia valorativo e institucional dentro del cual
actuar. ·
Tuvieran mayor
y mejor conocimiento y comprensión de la realidad. Esto es conocimientos y
comprensión de hechos políticos, económicos, sociales y culturales tanto del
pasado como del presente, su causalidad, interacción y consecuencias. ·
Desarrollaran
aquellas capacidades personales que les permitieran liderar a partir de
valores y actuar de modo eficiente y eficaz. Estructura del Curso de Formación
Dirigencial Todas
las actividad estaban asentadas sobre la problemática Dirigencia-País y se
orientaban a los siguientes objetivos: ·
Encauzar y potenciar la vocación de servicio y
protagonismo de los participantes. ·
Desarrollar la
capacidad de Liderazgo. ·
Lograr el
afianzamiento de principios como sustento de un accionar coherente. ·
Aportar mayor
conocimiento y comprensión a los problemas del país y del sector. ·
Desarrollar la
capacidad de análisis y generación de propuestas. ·
Motivar una
actitud de reflexión y compromiso respecto de la necesidad de formación y
capacitación permanentes. ·
Promover el
conocimiento y la valoración entre los participantes como base de la creación
de un vínculo de respeto y amistad duraderos. Las
actividades se agrupaban bajo diferentes modalidades. Ellas eran Jornada
Inicial, Ciclo Formativo y de Capacitación; Conferencias, Taller de Práctica
Dirigencial, Entrevistas y Debates con Dirigentes y una Jornada Final. El curso tenía una frecuencia de dos
días por mes, y una duración total de dos años. El Ciclo de Formación y Capacitación
constituía la columna vertebral del proyecto. Las
materias formativas elegidas sustentaban la idea del hombre como persona, con
dimensión política y económica que vive en sociedad y es hacedor de la
historia. Las
materias eran Filosofía, Política, Economía, Psicología Social, Política
Agropecuaria, Sociología, Política Económica e Historia. En cada caso se
buscó familiarizar al cursante con los principales temas, lenguaje y método
de cada disciplina. En
cuanto a la Capacitación, se apuntó a cubrir las necesidades que tiene todo
dirigente de transmitir con fuerza y claridad sus ideas, lograr apoyo de sus
bases, interactuar con otros dirigentes, instituciones y niveles de gobierno. Incluía
materias como Oratoria, Liderazgo, Técnicas de Negociación, Toma de
Decisiones y Trabajo en Equipo. El
dictado de las materias se complementaba con seminarios de profundización
sobre temas específicos. A
fin de reforzar la integración de los participantes iniciada a través de los
trabajos propuestos en algunas materias, se organizó un Taller de Práctica
Dirigencial en el que participaban juntos los alumnos del 1ro y 2do año. Esta
práctica apuntaba a trabajar sobre formalización de diagnósticos de las
distintas realidades locales, identificación de problemas, formulación de
propuestas realistas y ejecución de las mismas. El Taller resultó un medio
propicio para aprender a escuchar y valorar al otro y a generar estrategias
simples para resolver problemas concretos; para buscar formas de superar las
limitaciones de tiempo y espacio que el trabajo planteaba, ya que los grupos
se conformaban con personas de la misma región geográfica pero no
necesariamente de la misma localidad; y finalmente para ejercitar la
capacidad de liderazgo entre pares y en sus instituciones de referencia. Otras
actividades como Debates y Entrevistas con Dirigentes fueron una oportunidad
para dialogar con líderes de distintos sectores, sobre su experiencia y
visión del país. Estos dirigentes representaban a distintas ramas de
actividad, sectores y líneas de pensamiento. Fue un importante cable a
tierra. También
las Conferencias contribuyeron a ampliar la visión de la realidad y a
trascender los problemas meramente sectoriales. Fueron convocados
personalidades de la política y la cultura, hombres de negocios y de la
diplomacia para tratar temas relevantes del país y del mundo. Durante
la Jornada Final se sintetizaban las ideas y conceptos aprendidos y eran el
momento para explicitar y reforzar su compromiso con el futuro del país. Sobre la metodología La
novedad del proyecto y los ambiciosos objetivos planteados requerían un
enfoque pedagógico acorde. A este fin se eligió el sistema de
enseñanza-aprendizaje que abandona la forma magistral de exposición y la
pasividad de quien aprende y transforma la clase en una reunión de trabajo. En esta modalidad el Profesor: - señala lo esencial del aprendizaje - comunica y elabora las grandes líneas
interpretativas; - dirige el diálogo, plantea cuestiones
y responde preguntas; - articula los contenidos presentados
con los aportados por los cursantes El cursante por su parte: - cumple con el compromiso de leer
previamente el material; - plantea dudas e interrogantes; - relaciona los contenidos con su
realidad cotidiana; - plantea nuevas interpretaciones a lo
dicho por el profesor en base a su realidad
particular Se
buscaba de este modo abrir un espacio de aprendizaje con condiciones donde
poner a prueba valores, ideas y aptitudes individuales y grupales.
Parte
IV LECCIONES
Y REFLEXIONES Balance
de las cosas que funcionaron En
la concepción del proyecto una de las cosas que más rescato fue la actitud de
quienes pensaron inicialmente el proyecto. Identificaron la necesidad y
formalizaron objetivos y una estructura con la cual lograrlos. Las
condiciones principales fueron la sensibilidad al cambio de contexto y
flexibilidad para dejar en manos de otros la reorientación y ejecución del
proyecto cuando las circunstancias lo demandaron. En
la estructura lo que mejor funcionó fue la separación de responsabilidades de
los aspectos administrativos (Coordinador) y académicos (Secretaria
Académica) en dos personas distintas. Si bien trabajamos con un altísimo
grado de sinergia y complementación, cada uno podía concentrar sus esfuerzos
en su área específica, lo que permitía un mejor aprovechamiento de las
capacidades individuales. La
política institucional estaba en manos de una Comisión Directiva integrada
por representantes de las distintas instituciones que financiaban el
proyecto. Una parte importante de su actividad se realizaba en torno a las
acciones o sugerencias realizadas por el Coordinador y la Secretaria
Académica. Sus mayores aportes fueron contactos, presencia y acompañamiento.
En momentos de dificultad inclusive algunos de ellos realizaron aportes
económicos personales. También
se contó casi desde el principio con un prestigioso Consejo Académico que
discutía y validaba o no las iniciativas propuestas. El nivel de los
integrantes, casi todos miembros de Academias Nacionales, Historia, Ciencias
Políticas o Económicas, no sólo prestigió la institución sino que permitió
enriquecer el proyecto desde distintas áreas del saber. Muchos de sus
miembros fueron también parte del cuerpo de profesores como el caso de los
doctores Cayetano Licciardo, Néstor Auza o Pedro Frías. Otro aspecto que funcionó muy bien fue
el Sistema de Selección de candidatos al Curso. La
fijación de condiciones iniciales motivaba una primera auto-selección. Se
pedía que la persona tuviera actividad dirigencial. Este elemento marcó un
diferencial en el perfil de las personas que ingresaban a los cursos. Puesto
que en su mayoría habían tenido o ejercían en ese momento alguna actividad
dentro de una institución vinculada al sector agropecuario o actividades
afines, su visión de los problemas estaba enraizada en una realidad concreta.
Este mismo hecho les permitía entre encuentros, tener un lugar donde discutir
los nuevos conceptos aprendidos, realimentarse o poner a prueba las nuevas
habilidades adquiridas. Con
el tiempo el proceso de selección se
hizo más refinado. Se convocó a las camadas de egresados a que integraran el
Comité de Selección cuya función era entrevistar a los candidatos y evaluar su
nivel de compromiso y su disposición a
aprender. Se
incorporaron algunos ejercicios de evaluación grupal que permitían ver a los
candidatos en acción y revelar su potencial de liderazgo en distintas
situaciones. Para
el ingreso del año 1992 se presentaron 110 candidatos para 40 vacantes. Creo
que fue el mejor año en este sentido. En
la conjunción de todos estos elementos que rodearon al Curso se dio algo muy
especial, se fue consolidando un sentimiento de pertenencia más allá de lo
sectorial o geográfico. La gente que asistió a los cursos se sintió parte de
un proyecto con proyección nacional, destinado a revalorizar el aporte
individual y grupal, y la convicción, como se dijo al principio, que el
cambio finalmente se lograría con el compromiso y la dedicación de cada uno a
transformar su realidad más próxima. Cada
uno llegó a sentirse profundamente responsable por el destino del país. Lo
que finalmente nos unía era el deseo compartido de construir un país mejor. Aún
hoy, a pesar del tiempo transcurrido, me encuentro con egresados para quienes
esos dos años marcaron un antes y un después, y que individualmente o en
pequeños grupos están trabajando en proyectos de significación para sus
comunidades. Este
sentimiento de estar en un proyecto importante era también compartido con los
profesores. Se llegó a tener un cuerpo de 20 profesores de excelente nivel,
con personalidades reconocidas y otras no tanto, pero sólidos en su formación
y con un respeto profundo por la tarea que se les había encomendado: formar
los líderes del futuro. La
dedicación se mostraba también en las pequeñas cosas, como llegar puntuales,
o siempre enviar un reemplazante en caso de tener que faltar. Se
sometían anualmente a evaluaciones de los cursantes y en base a sus
comentarios se programaban las mejoras para el año siguiente. Nunca hubo
problemas en este sentido, eran permeables a las críticas y siempre se vio
una gran predisposición por adaptarse a los requerimientos de claridad,
profundidad y utilidad de los conocimientos impartidos. Ellos contribuyeron
de forma significativa a lograr un nivel de excelencia que reforzó el
prestigio y le dio credibilidad al proyecto.
Para mi fue un honor trabajar con ellos. Una
parte de esto se logró con un trabajo de selección bastante riguroso y con la
discusión pormenorizada de los contenidos para cada materia y el material de
lectura. Otro
tema al que se le prestó especial atención fue la coordinación de contenidos
entre las materias que se dictaban durante los dos días, de modo que no era
difícil que temas afines fueran abordados por distintos profesores con
diferencia de unas pocas horas. Esto
sirvió además para reforzar el sentido de unidad que se le quería dar a la
lectura de la realidad. Reflexión Final El
trabajo realizado fue importante para su momento. Se recibieron visitas y se
intercambiaron experiencias con otras escuelas de dirigentes de Canadá y
Estados Unidos. El
proyecto creció sobre una visión de un país que necesitaba cambiar para
volver a ser un lugar abierto al crecimiento, con espacio para la
creatividad, el trabajo honesto y la esperanza. Duele
pensar que el diagnóstico de país planteado en los renglones iniciales de
este trabajo, no sólo tiene hoy plena vigencia sino que ha empeorado porque
la corrupción, la ignorancia y la soberbia se han profundizado. Nos hemos
empobrecido como ciudadanos y muchos sienten que les han robado sus sueños;
muchos emigraron o piensan en emigrar. Yo
creo firmemente, como muchos de Ustedes seguramente, que a pesar de las evidencias
en contrario, éste es un momento excepcional para trabajar en Liderazgo. Para
apoyar proyectos que subrayen la importancia de la persona y de los grupos
como hacedores de la historia, con una dignidad incuestionable, con derecho a
la vida, a la salud y a la educación y con el deber de ser más para que el
país sea un lugar del cual sentirse orgullosos. Es el momento para nuevos
liderazgos y nuevos sueños; es el tiempo de construir con acciones concretas
una Argentina distinta, la Argentina posible. [1]Esta primera parte se basa en un trabajo que
presenté en el Primer Congreso Nacional de Dirigentes de Empresa en el año 1989
con el título: El Dirigente, Pieza Clave.
Las disertaciones se publicaron bajo el Titulo “E Rol del
Dirigente en la Década del ´90”. Las entidades convocantes y auspiciantes
de la publicación fueron ACDE, ADE y el Banco de Boston. Alejandra
Benitez Titular de abCreativa abcreativa2@hotmail.com Tapiales 1420 6° “P” 011 4791 5332 Vicente López – Buenos Aires Argentina Trabajo elaborado para el SEGUNDO ENCUENTRO DE
REFLEXION SOBRE LIDERAZGO INSTITUTO UNIVERSITARIO NAVAL Buenos Aires, Agosto, 2002 |
||
|