Revista Recre@rte Nº6 Diciembre 2006 ISSN: 1699-1834      http://www.iacat.com/Revista/recrearte06.htm

 

 LA FORMACIÓN DE LÍDERES BAJO LA LUPA.

LECCIONES Y REFLEXIONES DE UNA EXPERIENCIA CONCRETA

   

Alejandra Benitez

abcreativa@gmail.com

 

  

INTRODUCCIÓN

 

          El propósito de este trabajo es compartir una experiencia concreta en materia de Formación de Líderes que se desarrolló en el ámbito del sector agropecuario.

 

          El presente trabajo resume básicamente los fundamentos y metodología que utilizó el CEIDA (Centro de Estudios e Investigaciones para la Dirigencia Agropecuaria) en su proyecto de formación de líderes durante la década del ´80 y parte de los ´90.

 

          Se trata de un testimonio directo ya que en ese momento era la Secretaria Académica y responsable por el diseño, contenidos, metodología y selección de profesores del Curso de Formación Dirigencial. El cargo lo ejercí desde 1987 a 1994.

 

          La idea es además de plantear la estructura original que fue muy exitosa en su momento, reflexionar sobre la metodología utilizada y las lecciones que pueden obtenerse de esa experiencia de cara al futuro.

 

          La presentación está estructurada para mostrar en primer término (Parte I) los Fundamentos del proyecto CEIDA y las circunstancias que impulsan la decisión de relanzar un Curso de Formación Dirigencial.

 

          Una Parte II, más breve, se detiene en la definición de Líder y se muestra cómo las condiciones naturales se potencian con el ejercicio de responsabilidades concretas.

 

          La Parte III, se centra en la descripción pormenorizada del proyecto original, en cuya elaboración participé activamente.

 

          Finalmente en la Parte IV se hace un balance de la metodología y prácticas que permitieron al Curso alcanzar prestigio y un destacado posicionamiento.

 

 

  

Parte I

FUNDAMENTOS Y PUNTO DE PARTIDA

 

Diagnóstico inicial[1]

 

          A fines de 1989, durante una presentación del CEIDA y su Curso de Formación Dirigencial utilicé las siguientes palabras para introducir los fundamentos del proyecto.

 

          “La Argentina es un país de grandes posibilidades y pocos resultados. La existencia de un círculo vicioso hecho de distanciamiento de la realidad, la falta de objetivos claros y decisiones erróneas, nos han conducido al estancamiento. Esta secuencia alimentada por la improvisación de los dirigentes, apatía de la población, descomposición de valores y consiguiente ruptura del contrato social, suman al estancamiento la decadencia ...

 

          Hoy vivimos una profunda crisis que demanda la superación de aquellas condiciones que han dejado al hombre sin un marco de referencia, aislado, escéptico, preocupado casi con exclusividad por su supervivencia, con  escasas posibilidades de atender a su crecimiento como persona; y a la sociedad sin el sentido de Nación.”

 

          De este modo sintetizaba la necesidad imperiosa del momento de trabajar por  un cambio de valores, actitudes, metas y métodos que permitieran recuperar el bienestar general.

 

          Pero entonces, igual que ahora me pregunto si los diagnósticos de lo que no funciona o nos falta es el único punto de partida para iniciar el cambio.

 

          Ortega y Gasset decía algo interesante al respecto. Hablando de los extranjeros que visitan el país, reflexionaba que para juzgar a un pueblo, generalmente se parte de lo que se ve, y se busca lo que falta. Así, sigue diciendo, “Sólo se alcanza a descubrir los defectos y manquedades de una nación, y es el método más seguro para ver el mundo lleno de agujeros, fracturas y ausencias... “

 

          Cuántas veces nos ha pasado que la lucidez de un diagnóstico nos encandila! Pareciera que la mayor comprensión de la realidad nos tranquiliza, pero también nos inmoviliza al descubrir la complejidad y profundidad de la crisis que enfrentamos. Y los retratos de la realidad se multiplican con cada diagnóstico sin que las soluciones y acciones concretas aparezcan en la misma proporción.

 

          Por eso, para no agotarse en el diagnóstico, es necesario añadir aquellos elementos sobre los cuales se puede construir. En este caso, rescatar la esencia de la Nación, identificar su trama sana y ponderar la valía de su gente y de sus instituciones. O sea ver los cimientos de la Argentina posible.

 

          En este sentido decimos que la Nación Argentina tiene como cualidades reconocidas, creatividad, aprecio por la libertad, capacidad de trabajo y de acciones solidarias, adaptabilidad, entusiasmo por ser, valoración de la paz y la justicia. Cuenta además con profesionales y trabajadores capacitados y con recursos naturales suficientes como para posibilitar un crecimiento sostenido.

  

 

Por dónde empezar?

 

          Hoy más que nunca se comparte la creencia de que la verdadera riqueza de un país la constituyen sus hombres, y que el conocimiento es la llave fundamental de todo emprendimiento exitoso. Por esto, lo primero es recatar al hombre en su dignidad, capacidad y fin trascendente; no aislado, sino como miembro responsable del destino de la sociedad de la cual es parte, y como protagonista cuando asume desde las instituciones el liderazgo, conducción y defensa del bien común.

 

          El crecimiento armónico y pleno de una persona está íntimamente ligado a la solidez y calidad de las instituciones a las que naturalmente pertenece. La familia y luego la sociedad toda componen los pilares de su formación y el marco de su desarrollo. En ellas se trasmiten valores, creencias y principios, y se sedimentan actitudes y pautas de convivencia, conocimiento y respeto por la ley y las instituciones.

 

          La familia educa directamente y la sociedad a través de sus instituciones. Por esto el sistema educativo adquiere particular relevancia cuando se requiere potenciar y transformar una sociedad a partir de sus miembros.

 

          Hombres e instituciones tejen la trama de la sociedad. Por esto en segundo término es importante revalorizar el papel de las instituciones intermedias.

 

          Ellas son en teoría, como un centro donde convergen esfuerzos individuales que se orientan a un objetivo común. Son un canal natural para materializar deseos e iniciativas fortaleciendo y asegurando la representatividad de los diversos grupos dentro de un sistema democrático, promueven asimismo, una cultura participativa y armonizan los intereses particulares con el bienestar general.

 

          Pero, si faltan valores y conocimiento en los hombres, si no hay conciencia ciudadana, si las instituciones intermedias son poco dinámicas y las metas de unos y otros se agotan en lo inmediato y urgente, es impensable un país que, aún contando con grandes recursos, obtenga grandes resultados.

 

          El tema es complejo, pero deja marcado un camino que asocia estrechamente el destino del país al nivel de sus líderes y dirigentes.

 

          Es por esta razón que me pareció importante acercarles esta experiencia, porque se necesita más que nunca apoyar los nuevos liderazgos y la formación y capacitación de hombres y mujeres que con clara conciencia ciudadana asuman responsabilidades dirigenciales que apunten con claridad y firmeza a un futuro mejor y logren hacer de cada problema una oportunidad.

 

 


Parte II

DEFINCIÓN DE LÍDER Y EL CAMINO HACIA LA DIRIGENCIA

 

Qué es un Líder

 

          Ser líder implica guiar y conducir a otras personas hacia una mejor calidad de vida, implica asumir la responsabilidad de solucionar problemas, prevenir y resolver conflictos y ampliar el campo de las cosas posibles.

 

          Líder es aquel capaz de adelantarse a los hechos sin distanciarse de la realidad; de fijar con claridad metas y objetivos sin someter la voluntad de quienes conduce; de actuar sin caer en el activismo estéril; de canalizar el potencial de un grupo sin servirse de él para obtener rédito personal.

 

          Liderar no es sólo administrar o combinar eficientemente los recursos; significa esclarecer e interpretar. Esto requiere conocer y comprender profundamente el país, el sector y las personas a quienes representa.

 

          Para dirigir, conducir o guiar se necesita conocer el pasado, comprender el presente y anticipar el futuro. Requiere visión, resolución y acción. Requiere asumir la responsabilidad por los éxitos y fracasos que se deriven de sus decisiones y acciones.

 

 

El Dirigente nace o se hace?

 

          Esta pregunta ha originado interminables discusiones y las opiniones se dividen casi por igual entre una y otra.

 

          Nuestra experiencia recata elementos de ambas posturas.

 

          Para ser líder o dirigente se requieren algunas condiciones básicas como vocación de servicio, claridad de metas, ideas y decisión. Quienes cuentan con estas condiciones progresivamente van destacándose por su participación, deseo de colaborar y aporte de ideas.

 

          Es habitual que dentro de los grupos de trabajo, a estas personas se les deleguen responsabilidades en forma creciente. En la medida que tienen un desempeño satisfactorio van creciendo en importancia hasta lograr la delegación de una parte de la autoridad. Logran así representatividad de un modo natural y con esto el reconocimiento como líderes.

 

          Liderazgo, participación, representatividad y dirigencia son términos que crecen estrechamente unidos. Lo que en esencia distingue finalmente al dirigente es la identificación con los valores e intereses de su grupo de pertenencia, la representatividad que asuma del mismo y su capacidad para lograr resultados.

 

          En este proceso el dirigente se hace, ejercita y desarrolla otras cualidades como don de mando, responsabilidad en la conducción, lealtad al grupo, comunicación, capacidad para enfrentar imprevistos y anticipar posibles problemas, firmeza y una visión del largo plazo.

 

          Sin embargo esta trayectoria no siempre resulta ordenada y todos conocemos ejemplos de personas que detentan el rol de conductores sin contar con los antecedentes suficientes.

 

          El medio social, en general apático, genera situaciones de vacío de autoridad. La urgencia por cubrirlo ha catapultado muchas veces a los primeros puestos a quienes tienen disponibilidad o audacia, sin contar con la preparación o talento suficiente.

 

          Es una historia reiterada hasta el cansancio, con un agravante, que una vez que estas personas han llegado al poder pierden objetividad y es difícil que puedan apreciar o reconocer su falta de preparación.

 

          Por esto es particularmente relevante que el dirigente posea objetividad y humildad, como cualidades que permitirán eximirlo de los males que se derivan del egocentrismo, la ignorancia  y de la soberbia.

 

          El líder así dispuesto estará abierto a la crítica constructiva y a valorar las contribuciones y aportes de terceros que puedan enriquecerlo y mejorar sus decisiones.

 

          El camino es largo, pero la permanente interacción con personas y circunstancias moldean a la personalidad abierta y dispuesta a capitalizar cada experiencia.

 

          Finalmente la voluntad de formarse y capacitarse en forma permanente posibilita no sólo actualizar conocimientos necesarios, sino acrecentar habilidades y aptitudes que redundarán en un desempeño dirigencial eficiente y eficaz.

 


 

Parte III

EL PROYECTO CEIDA. CURSO DE FORMACIÓN DIRIGENCIAL

 

CEIDA, un proyecto para el país

 

          El Centro de Estudios e Investigaciones para la Dirigencia Agropecuaria nace en la década del ´80 de la conjunción de esfuerzos de entidades vinculadas al sector agropecuario. El propósito fijado inicialmente era “contribuir y aportar elementos al mejoramiento del hombre y del ámbito rural.”

 

          El tiempo y el peso de las circunstancias que reflejaban una sociedad bloqueada, con una dirigencia en crisis fueron marcando un rumbo específico a nuestra acción. El CEIDA tomó la decisión de centrar su labor en la “formación y capacitación de una dirigencia sectorial representativa e idónea.”

 

          Se decidió trabajar por la dirigencia, por el hombre concreto, con nombre y apellido, que comparte la convicción de que la suma de esfuerzos puede hacer la diferencia entre una sociedad a la deriva y una que encuentra una razón para seguir andando.

 

          El CEIDA nace y crece en un ámbito empresario, de raiz agropecuaria y abierto a todos los sectores.

 

          Su principal tarea fue formar y capacitar dirigentes con alto sentido ético y del bien común, capaces de asumir con acierto la conducción efectiva de entidades intermedias.

 

 

Por qué formación y capacitación?

 

          La aceleración de los procesos de cambio han impulsado y hasta obligado a un permanente proceso de actualización de los conocimientos en los más diversos ámbitos: científico, tecnológico, profesional... En muchos casos -quizá el de la tecnología sea el más claro- los cambios se retroalimentan y presionan por nuevos logros.

 

          Todo este fenómeno del cambio  ha impactado también en el sistema educativo. Se modifican los procesos de transmisión de conocimientos, se fracciona el saber y se incentiva el desarrollo de técnicas y destrezas específicas. Así crece y se difunde el concepto de capacitación. Pero esto no resultaba suficiente.

 

          La crisis que vivimos, decíamos entonces, demanda no sólo la actualización de conocimientos o el desarrollo de nuevas habilidades específicas, sino especialmente reclama un reordenamiento de ideas y valores, una mejor y mayor comprensión de los hechos y acontecimientos y fundamentalmente un cambio de mentalidad. Las condiciones estaban dadas.

 

          No era ni es posible mantener una actitud prescindente o crítica ante el estado de cosas que estamos viviendo, sin asumir la cuota de responsabilidad personal e institucional que cabe a cada uno.

  

          El Curso de Formación Dirigencial , nombre con el que se conoció el proyecto educativo del CEIDA, se estructuró sobre la convicción de que el dirigente es la pieza clave para lograr los cambios que la sociedad requiere. Integrando los conceptos de formación y capacitación, la propuesta apuntaba a que los participantes obtuvieran los siguientes logros:  

·        Pudieran componer un marco de referencia valorativo e institucional dentro del cual actuar.

·        Tuvieran mayor y mejor conocimiento y comprensión de la realidad. Esto es conocimientos y comprensión de hechos políticos, económicos, sociales y culturales tanto del pasado como del presente, su causalidad, interacción y consecuencias.

·        Desarrollaran aquellas capacidades personales que les permitieran liderar a partir de valores y actuar de modo eficiente y eficaz.

 

 

Estructura del Curso de Formación Dirigencial

 

          Todas las actividad estaban asentadas sobre la problemática Dirigencia-País y se orientaban a los siguientes objetivos: 

·        Encauzar  y potenciar la vocación de servicio y protagonismo de los participantes.

·        Desarrollar la capacidad de Liderazgo.

·        Lograr el afianzamiento de principios como sustento de un accionar coherente.

·        Aportar mayor conocimiento y comprensión a los problemas del país y del sector.

·        Desarrollar la capacidad de análisis y generación de propuestas.

·        Motivar una actitud de reflexión y compromiso respecto de la necesidad de formación y capacitación permanentes.

·        Promover el conocimiento y la valoración entre los participantes como base de la creación de un vínculo de respeto y amistad duraderos.

 

          Las actividades se agrupaban bajo diferentes modalidades. Ellas eran Jornada Inicial, Ciclo Formativo y de Capacitación; Conferencias, Taller de Práctica Dirigencial, Entrevistas y Debates con Dirigentes y una Jornada Final.  

 

El curso tenía una frecuencia de dos días por mes, y una duración total de dos años.

El Ciclo de Formación y Capacitación constituía la columna vertebral del proyecto.

 

          Las materias formativas elegidas sustentaban la idea del hombre como persona, con dimensión política y económica que vive en sociedad y es hacedor de la historia.

 

          Las materias eran Filosofía, Política, Economía, Psicología Social, Política Agropecuaria, Sociología, Política Económica e Historia. En cada caso se buscó familiarizar al cursante con los principales temas, lenguaje y método de cada disciplina.

 

          En cuanto a la Capacitación, se apuntó a cubrir las necesidades que tiene todo dirigente de transmitir con fuerza y claridad sus ideas, lograr apoyo de sus bases, interactuar con otros dirigentes, instituciones y niveles de gobierno.

 

          Incluía materias como Oratoria, Liderazgo, Técnicas de Negociación, Toma de Decisiones y Trabajo en Equipo.

 

          El dictado de las materias se complementaba con seminarios de profundización sobre temas específicos.

 

          A fin de reforzar la integración de los participantes iniciada a través de los trabajos propuestos en algunas materias, se organizó un Taller de Práctica Dirigencial en el que participaban juntos los alumnos del 1ro y 2do año.

 

          Esta práctica apuntaba a trabajar sobre formalización de diagnósticos de las distintas realidades locales, identificación de problemas, formulación de propuestas realistas y ejecución de las mismas. El Taller resultó un medio propicio para aprender a escuchar y valorar al otro y a generar estrategias simples para resolver problemas concretos; para buscar formas de superar las limitaciones de tiempo y espacio que el trabajo planteaba, ya que los grupos se conformaban con personas de la misma región geográfica pero no necesariamente de la misma localidad; y finalmente para ejercitar la capacidad de liderazgo entre pares y en sus instituciones de referencia.

 

          Otras actividades como Debates y Entrevistas con Dirigentes fueron una oportunidad para dialogar con líderes de distintos sectores, sobre su experiencia y visión del país. Estos dirigentes representaban a distintas ramas de actividad, sectores y líneas de pensamiento. Fue un importante cable a tierra.

 

          También las Conferencias contribuyeron a ampliar la visión de la realidad y a trascender los problemas meramente sectoriales. Fueron convocados personalidades de la política y la cultura, hombres de negocios y de la diplomacia para tratar temas relevantes del país y del mundo.

 

          Durante la Jornada Final se sintetizaban las ideas y conceptos aprendidos y eran el momento para explicitar y reforzar su compromiso con el futuro del país.

 

 

Sobre la metodología

 

          La novedad del proyecto y los ambiciosos objetivos planteados requerían un enfoque pedagógico acorde. A este fin se eligió el sistema de enseñanza-aprendizaje que abandona la forma magistral de exposición y la pasividad de quien aprende y transforma la clase en una reunión de trabajo.

 

En esta modalidad el Profesor:

- señala lo esencial del aprendizaje

- comunica y elabora las grandes líneas interpretativas;

- dirige el diálogo, plantea cuestiones y responde preguntas;

- articula los contenidos presentados con los aportados por los cursantes

 

El cursante por su parte:

- cumple con el compromiso de leer previamente el material;

- plantea dudas e interrogantes;

- relaciona los contenidos con su realidad cotidiana;

- plantea nuevas interpretaciones a lo dicho por el profesor en base a su realidad

  particular

 

          Se buscaba de este modo abrir un espacio de aprendizaje con condiciones donde poner a prueba valores, ideas y aptitudes individuales y grupales.

 


 

 

Parte IV

LECCIONES Y REFLEXIONES

  

Balance de las cosas que funcionaron

 

          En la concepción del proyecto una de las cosas que más rescato fue la actitud de quienes pensaron inicialmente el proyecto. Identificaron la necesidad y formalizaron objetivos y una estructura con la cual lograrlos.

 

          Las condiciones principales fueron la sensibilidad al cambio de contexto y flexibilidad para dejar en manos de otros la reorientación y ejecución del proyecto cuando las circunstancias lo demandaron.

 

          En la estructura lo que mejor funcionó fue la separación de responsabilidades de los aspectos administrativos (Coordinador) y académicos (Secretaria Académica) en dos personas distintas. Si bien trabajamos con un altísimo grado de sinergia y complementación, cada uno podía concentrar sus esfuerzos en su área específica, lo que permitía un mejor aprovechamiento de las capacidades individuales.

 

          La política institucional estaba en manos de una Comisión Directiva integrada por representantes de las distintas instituciones que financiaban el proyecto. Una parte importante de su actividad se realizaba en torno a las acciones o sugerencias realizadas por el Coordinador y la Secretaria Académica. Sus mayores aportes fueron contactos, presencia y acompañamiento. En momentos de dificultad inclusive algunos de ellos realizaron aportes económicos personales.

 

          También se contó casi desde el principio con un prestigioso Consejo Académico que discutía y validaba o no las iniciativas propuestas. El nivel de los integrantes, casi todos miembros de Academias Nacionales, Historia, Ciencias Políticas o Económicas, no sólo prestigió la institución sino que permitió enriquecer el proyecto desde distintas áreas del saber. Muchos de sus miembros fueron también parte del cuerpo de profesores como el caso de los doctores Cayetano Licciardo, Néstor Auza o Pedro Frías.

 

Otro aspecto que funcionó muy bien fue el Sistema de Selección de candidatos al Curso.

 

          La fijación de condiciones iniciales motivaba una primera auto-selección. Se pedía que la persona tuviera actividad dirigencial. Este elemento marcó un diferencial en el perfil de las personas que ingresaban a los cursos. Puesto que en su mayoría habían tenido o ejercían en ese momento alguna actividad dentro de una institución vinculada al sector agropecuario o actividades afines, su visión de los problemas estaba enraizada en una realidad concreta. Este mismo hecho les permitía entre encuentros, tener un lugar donde discutir los nuevos conceptos aprendidos, realimentarse o poner a prueba las nuevas habilidades adquiridas.

 

          Con el tiempo el proceso  de selección se hizo más refinado. Se convocó a las camadas de egresados a que integraran el Comité de Selección cuya función era entrevistar a los candidatos y evaluar su nivel de compromiso y su disposición a  aprender.

 

          Se incorporaron algunos ejercicios de evaluación grupal que permitían ver a los candidatos en acción y revelar su potencial de liderazgo en distintas situaciones.

 

          Para el ingreso del año 1992 se presentaron 110 candidatos para 40 vacantes. Creo que fue el mejor año en este sentido.

 

          En la conjunción de todos estos elementos que rodearon al Curso se dio algo muy especial, se fue consolidando un sentimiento de pertenencia más allá de lo sectorial o geográfico. La gente que asistió a los cursos se sintió parte de un proyecto con proyección nacional, destinado a revalorizar el aporte individual y grupal, y la convicción, como se dijo al principio, que el cambio finalmente se lograría con el compromiso y la dedicación de cada uno a transformar su realidad más próxima.

 

          Cada uno llegó a sentirse profundamente responsable por el destino del país. Lo que finalmente nos unía era el deseo compartido de construir un país mejor.

 

          Aún hoy, a pesar del tiempo transcurrido, me encuentro con egresados para quienes esos dos años marcaron un antes y un después, y que individualmente o en pequeños grupos están trabajando en proyectos de significación para sus comunidades.

 

          Este sentimiento de estar en un proyecto importante era también compartido con los profesores. Se llegó a tener un cuerpo de 20 profesores de excelente nivel, con personalidades reconocidas y otras no tanto, pero sólidos en su formación y con un respeto profundo por la tarea que se les había encomendado: formar los líderes del futuro.

 

          La dedicación se mostraba también en las pequeñas cosas, como llegar puntuales, o siempre enviar un reemplazante en caso de tener que faltar.

 

          Se sometían anualmente a evaluaciones de los cursantes y en base a sus comentarios se programaban las mejoras para el año siguiente. Nunca hubo problemas en este sentido, eran permeables a las críticas y siempre se vio una gran predisposición por adaptarse a los requerimientos de claridad, profundidad y utilidad de los conocimientos impartidos. Ellos contribuyeron de forma significativa a lograr un nivel de excelencia que reforzó el prestigio y le dio credibilidad al proyecto.  Para mi fue un honor trabajar con ellos.

 

          Una parte de esto se logró con un trabajo de selección bastante riguroso y con la discusión pormenorizada de los contenidos para cada materia y el material de lectura.

 

          Otro tema al que se le prestó especial atención fue la coordinación de contenidos entre las materias que se dictaban durante los dos días, de modo que no era difícil que temas afines fueran abordados por distintos profesores con diferencia de unas pocas horas.

 

          Esto sirvió además para reforzar el sentido de unidad que se le quería dar a la lectura de la realidad.

 

 

Reflexión Final

 

          El trabajo realizado fue importante para su momento. Se recibieron visitas y se intercambiaron experiencias con otras escuelas de dirigentes de Canadá y Estados Unidos.

 

          El proyecto creció sobre una visión de un país que necesitaba cambiar para volver a ser un lugar abierto al crecimiento, con espacio para la creatividad, el trabajo honesto y la esperanza.

 

          Duele pensar que el diagnóstico de país planteado en los renglones iniciales de este trabajo, no sólo tiene hoy plena vigencia sino que ha empeorado porque la corrupción, la ignorancia y la soberbia se han profundizado. Nos hemos empobrecido como ciudadanos y muchos sienten que les han robado sus sueños; muchos emigraron o piensan en emigrar.

 

          Yo creo firmemente, como muchos de Ustedes seguramente, que a pesar de las evidencias en contrario, éste es un momento excepcional para trabajar en Liderazgo. Para apoyar proyectos que subrayen la importancia de la persona y de los grupos como hacedores de la historia, con una dignidad incuestionable, con derecho a la vida, a la salud y a la educación y con el deber de ser más para que el país sea un lugar del cual sentirse orgullosos. Es el momento para nuevos liderazgos y nuevos sueños; es el tiempo de construir con acciones concretas una Argentina distinta, la Argentina posible.

 



[1]Esta primera parte se basa en un trabajo que presenté en el Primer Congreso Nacional de Dirigentes de Empresa en el año 1989 con el título: El Dirigente, Pieza Clave.  Las disertaciones se publicaron bajo el Titulo “E Rol del Dirigente en la Década del ´90”. Las entidades convocantes y auspiciantes de la publicación fueron ACDE, ADE y el Banco de Boston.

 

Alejandra Benitez

 

Titular de abCreativa

abcreativa2@hotmail.com

   Tapiales 1420  6° “P”

011 4791 5332

Vicente López – Buenos Aires

Argentina

 

 

Trabajo elaborado para el

SEGUNDO ENCUENTRO DE REFLEXION SOBRE LIDERAZGO

INSTITUTO UNIVERSITARIO NAVAL

 

Buenos Aires, Agosto, 2002

 

3º ciclo de formación en Creatividad acorde con la C.U.E.

               > Master profesional (abierto a todos)
               > Master Académico (para titulados)
               > Doctorado (para masters)

Julio 2007. Encuentros Creadores. Escuela de verano de la Creatividad.    www.micat.net