|
Revista Recre@rte Nº5 Junio 2006 ISSN: 1699-1834 http://www.iacat.com/revista/recrearte/recrearte05.htm |
||
|
LA TECNOLOGÍA, AMIGA O RIVAL DE LA CREATIVIDAD ¿LA CREATIVIDAD DESPLAZADA POR LA TECNOLOGÍA? Mauro Rodríguez Estrada Las sociedades conservadoras no simpatizan
con la creatividad. Por definición, hay mutua incompatibilidad de carácter.
Hace un siglo nadie hablaba de la creatividad; ni siquiera se usaba el
término. Hoy, en cambio, la creatividad está en boca de todo mundo. Las fábricas
más dinámicas ofrecen productos creativos, las empresas solicitan cursos de
creatividad, los maestros se comprometen a liberar el potencial creativo de
sus alumnos, los políticos apelan a la
creatividad del pueblo para salir de
las crisis, en los escaparates se exhiben revistas de creatividad e
innovación.... La presencia abundante de un tema en las
conversaciones y en los medios masivos, suele indicar que dicho tema ocupa
amplios sectores de la sociedad. Por ejemplo, si en un medio dado pululan los
comentarios sobre la delincuencia o sobre la inflación, es porque dicha
comunidad sufre esas amenazas. De acuerdo con este criterio, podemos suponer
que en nuestro medio se echa de menos la creatividad, y muchos indicios
parecen confirmar esta interpretación. En efecto, muchos factores observables en la
sociedad actual son favorables al despliegue de la creatividad del hombre
moderno. Voy a enumerar siete: v
Por dondequiera se ven y se viven cambios de toda clase: tecnológicos,
políticos, artísticos, ideológicos. Las sociedades actuales no son
conservadoras; no viven ancladas en el pasado; son progresistas y tratan de
estar volcadas hacia el futuro. La ciudad moderna es diametralmente opuesta a
la aldea típica tradicional, que era tranquila, quieta, pasiva y resignada.
Ahora bien, la creatividad consiste
precisamente en la capacidad de superar la realidad para concebir y
diseñar y ejecutar innovaciones. v
Asistimos al fenómeno inusitado de una explosión informativa, un
verdadero diluvio de hechos y datos
que pueden fácilmente constituir la materia prima para nuevas ideas y nuevas
cosas; y esto es una gran riqueza. Ya
los antiguos filósofos habían advertido que la inteligencia se nutre de los
datos que captan nuestros sentidos. v
El hombre común y corriente - en la calle, en la casa, en la oficina-
es destinatario de estímulos de toda clase: murales programas de TV y de
radio, mensajes telefónicos, anuncios, revistas y contactos con las mil y
una novedades que ofrece día con día
cualquier ciudad moderna. v
Existe una facilidad y una proliferación de viajes que nuestros
bisabuelos no hubieran podido ni siquiera imaginar. Hace doscientos años, sin
aviones, sin trenes, sin coches ni carreteras, ¿quién hubiera soñado que no
sólo los poderosos y los ricos sino legiones de personas de clase popular
pudieran trasladarse en una cuantas
horas de un continente a otro, y millones de turistas visitaran en mes y
medio una docena de países?. v
Nuestro clima social es muy propicio a la creatividad. Se han ido
afianzando teorías sobre la democracia, el desarrollo humano, la superación
personal, la productividad de los equipos. Cada quien tiene el reto - desconocido en siglos pasados - de
dar más de sí, de expresar lo mejor. Se palpa un clima general de superación y de
crecimiento que propicia la creatividad como el genuino arte de vivir. v
Las sociedades actuales no son ya unitarias, como habían sido siempre
antes, sino pluralistas. No existe ya la forma única aceptada de pensar y de
actuar. No se imponen ya estándares universales. Se admiten amplias zonas de
libertad. Hay muchos modelos y muchas oportunidades para que cada uno diseñe
su propio estilo de vida. La conclusión parece obvia: nos ha tocado vivir en
una cultura creatígena
o creativógena. Lo más fácil para cualquier
humano del 2000 debería ser la conducta creativa. * * * * Y
sin embargo no es así. Aquí como en tantas áreas de la vida, las apariencias
engañan. En flagrante paradoja, muchos aspectos de la sociedad actual no son
promotores sino inhibidores de la creatividad; me atrevo a decir que son creaticidas o creativicidas.
Y aquí me toca ofrecer al lector un lista paralela y antitética a la anterior. v
La masificación, tanto por las aglomeraciones monstruosas de las
grandes ciudades como por la tiranía de los medios masivos, hace que el
individuo se sienta perdido como una gota de agua que se disuelve en un lago.
Pero quien pierde o disminuye su sentido de individualidad consciente y
responsable, atrofia también su creatividad; se cosifica. v
La automatización hace que las grandes protagonistas de la producción
sean las máquinas. El hombre (empleado, obrero) queda reducido a mover
palancas y apretar botones. Esto sin contar el otro ángulo dramático y
trágico de la automatización: el creciente desempleo que afecta no sólo los
bolsillos sino la autoestima y el dinamismo de tantos millones. v
La dinámica del desarrollo de la ciencias, de la tecnología y de la
administración empresarial ha llevado a la super-especialización:
que cada quien sepa más y más de menos
y menos, hasta convertirse en obreros y empleados robotizados. También muchos profesioncitas ceden a las rutina y las inercias y actúan en forma parecida a un
aparato. Tenemos, pues, ejércitos de seres deshumanizados, robotizados. v
La creciente complejidad de la tecnología va teniendo efectos
psicológicos que urge detectar, analizar y controlar: el hombre común y
corriente se siente excluido de las mil y una maravillas que ni siquiera
alcanza a entender. Los aparatos modernos son tan complicados que vienen a ser verdaderas “cajas
negras” para todos, exceptuando
a los super-especialistas que las diseñan y las reparan. Comparemos
por ejemplo los enseres
tradicionales que se usaron durante miles de años: coches, molinos,
básculas, rasuradoras, relojes, estufas..., con los
de ahora. Cualquiera podía ver y entender cómo funcionaban. Hoy ya no es posible. Y sin ir más lejos, los mismos
automóviles de la nueva tecnología, hasta mediados de nuestro siglo, eran
comprensibles para el profano en ingenieria. Podía
uno abrir el cofre y buscar la posible falla e intentar un arreglo. Ahora
esto ya no resulta, porque se pierde uno en la maraña de instrumentos
complicados. La realidad es que la creatividad
eminente de unos pocos está sofocado a la creatividad de los muchos. Las maravillas
del progreso, accesibles a unos cuantos, están dejando afuera a las mayorías
y marginando a las muchedumbres. El hombre de clase popular se siente
pequeño, insignificante, impotente. Y el mismo refinamiento de la tecnología
ha hecho que se pierda el sentido de improvisar, ya no nos sentimos dueños de
la situación, sino oprimidos por la sociedad y por la técnica. * * * * ¿No se deduce de todo esto que hay
que abrir los ojos? ¿que hay que tener claro el
diagnóstico de la compleja situación?. De no ser así entraremos al tercer
milenio con los ojos vendados y nos
daremos de topes contra una realidad
que nos rebasará por mucho. La amenaza es real; nada ganamos con
subestimarla. Urge plantear la necesidad de conductas
creativas de los sectores mayoritarios. Una vez gustado el sabor de la
democracia, durante el siglo XXI, sería aberrante imaginar un retroceso.
Entonces más que ahora, se exigirá apertura, flexibilidad, originalidad. Lo que antes era rasgo distintivo de las élites dirigentes, tendrá que ser cualidad universal. Hay en los Estados Unidos,
institutos como la Creative Education Foundation que el
año pasado cumplió sus bodas de oro (l954-2004). Ellos comprendieron a tiempo
el reto, y lo tomaron. Nosotros los latinos vamos llegando tarde. Pero en este caso, mejor
tarde que nunca.
|
||
|