EL TALLER DE CREATIVIDAD EXPRESIVA CORPORAL: LA DANZA EN PAREJA.

 

Tomás Motos, Universidad de Valencia

Antoni Navarro, CEFIRE de Sagunt

 

 

 

La llamada tercera generación de la creatividad  pone el énfasis en el vivir creativo, en la autorrealización. Pretende desarrollar la actitud creativa, cuyos componentes se concretan en la capacidad de goce, en el disfrute de los procesos, en la búsqueda de la armonía entre las diferentes facetas de nuestras vidas. Desde esta perspectiva la principal obra creativa de cada uno es nuestra propia vida. Este es el mismo sentido que Czikszenmihalyi (1998)  da a la creatividad al entenderla como camino que nos conduce a la mejora de nuestras vidas cotidianas y a desarrollar una personalidad satisfactoria que permita una mayor realización laboral y social.

 

      La creatividad aplicada abarca fundamentalmente las áreas de la educación, las organizaciones, el arte, la comunicación, la ciencia y la tecnología y la vida cotidiana. En este contexto se enmarca el trabajo que estamos realizando tanto en la formación del profesorado (ámbito educativo) y en los talleres de ocio y tiempo libre (ámbito de la vida cotidiana), en los que utilizamos la danza y la expresión corporal como medio para desarrollar la creatividad expresiva.

 

Con este texto pretendemos presentar un modelo de taller de creación expresivo corporal. Desde hace tiempo estamos intentando desarrollar un modelo (Motos 1996, 2000), que en principio estaba destinado a la didáctica de la educación artística, pero hemos ido comprobando con el transcurso de la práctica que éste es aplicable a cualquier contenido siempre que se trabaje a partir de objetivos expresivos.  Para tratar sobre  metodología es necesario aclarar previamente  las siguientes cuestiones: ¿Qué es un taller en el ámbito de la educación artística? ¿Cuáles son los objetivos del taller de expresión corporal? ¿Cómo se desarrolla el taller y cuáles son sus contenidos propios? ¿Quién es el destinatario de esta propuesta metodológica? ¿Por qué hemos elegido la ejemplificación de la danza en pareja?

Nuestro modelo se basa en cuatro dimensiones: las fases del proceso creativo, el proceso de representación artística, los momentos del taller y el tipo de actividades realizadas. La primera parte de esta exposición se dedica a la conceptualización  del modelo y en la segunda ofrecemos un ejemplo: la danza en pareja.

 

1. ¿Qué es un taller?

Taller es un término en el que encontramos varias acepciones. Como lugar de producción es el sitio donde se trabaja en una actividad manual, “taller de escultura, taller de pintura”.  También significa escuela o seminario de ciencias o de artes, lugar de reunión y de encuentro de teorías y prácticas,  donde se favorece la libre discusión, la aportación de ideas, la demostración de métodos y la aplicación práctica de habilidades y principios. Por otra parte, se entiende por taller el conjunto de colaboradores de un maestro, por ejemplo: “el taller de Miguel Ángel”, significando  lugar  de producción y formación. Con este sentido están proliferando actualmente los talleres de escritura.  

En el ámbito de las Ciencias de la Educación y desde la Didáctica, taller es  un pequeño número de estudiantes (3-8) reunidos con vistas a realizar un objetivo bien delimitado y aceptado por cada uno de los participantes. Desde la Formación Profesional, se entiende como la sala equipada de máquinas y de útiles destinados al aprendizaje de un oficio o trabajo práctico. Desde la investigación, la reunión de científicos e investigadores donde se plantean de manera práctica  ciertos problemas y sus posibles soluciones.

Los rasgos del taller los podemos concretar siguiendo a Legendre (1993) en: 

-                                      Dada la frecuencia y naturaleza de los intercambios la interacción entre los miembros es muy elevada. En el taller la participación y colaboración entre los miembros del grupo juega un papel primordial. Se favorece la autonomía y la iniciativa. Gran parte de ésta se reserva a los participantes, sobre todo en la ejecución de las tareas a cumplir.

-                                      La iniciativa del profesor  se sitúa esencialmente en el nivel de la planificación y de la organización del trabajo, pues supervisa la marcha y juega el papel de persona recurso.

-                                      El trabajo en taller favorece el desarrollo de relaciones interpersonales estudiante-estudiante y profesor-estudiante.

-                                      El taller permite enfocar una gama amplia de objetivos cognitivos, afectivos, psicomotores, etc.

Se habla de taller cooperativo (lugar organizado o grupo de sujetos, que trabajando en cooperación, realizan un proyecto común); de taller práctico o de aplicación,  en el que, tras la exposición del profesor, se sigue la aplicación inmediata de los conocimientos adquiridos sobre un tema bien preciso; de  taller de exploración de objetos usuales (tostador de pan, microondas, aparato de radio), que se ponen a disposición de los sujetos para ser desmontados, manipulados, etc.

Para concluir esta introducción, conviene aclarar que cuando nosotros utilizamos taller lo hacemos con el significado de lugar de formación y creación, de encuentro de teoría y práctica.

 

2. ¿Cuáles son los objetivos de un  taller de expresión corporal?

Dejando a parte los grandes fines de la expresión corporal desde el punto de vista educativo: favorecer el desarrollo  global de la persona y los más propios  tales como liberación de energías, expansión,  desbloqueo de tensiones, bienestar, equilibrio cuerpo-mente, etc. encontramos otros más concretos en los ámbitos cultural, social, expresivo, afectivo y terapéutico.

Desde el punto de vista cultural, nos interesa destacar la importancia de la toma de conciencia de los estereotipos actuales sobre el cuerpo, para liberarnos de la preocupación enfermiza por la imagen que los medios de comunicación transmiten: cuerpo sano, delgado, energizado, tostado-vacacional, etc. La sumisión a los cánones estéticos mediáticos que nos impulsan a tener un cuerpo para mostrar donde la cirugía estética está cada vez más a la orden del día. Así nos encontramos con el cuerpo objeto, torturado por la cultura publicitaria. Nos queremos en los espejos y en las vitrinas sociales, sometidos siempre a la imagen modelo que viene condicionada por los otros. Esta toma de conciencia nos ayudará a defender la espontaneidad de nuestros comportamientos corporales para sentirnos a gusto en nuestra propia corporeidad y querer expresar con ella sentimientos, emociones y pensamientos. En última instancia lo que pretendemos es convertir nuestro cuerpo en un instrumento de expresión y comunicación. Además se trata de conocer los elementos de la danza, reconocer los tipos y estilos de movimiento y entender su modo de funcionamiento.

Desde el punto de vista social, pretendemos la adquisición de habilidades sociales, la interrelación, el encuentro del otro y el deseo del otro. Dicho de otro modo: mantenerse en forma, relajarse y hacer amigos. Compartir nuestras ideas con los otros y enriquecernos haciendo uso de  las ideas de los demás.

Desde el punto de vista expresivo, se trata de ofrecer la posibilidad a los participantes de experimentar emociones estéticas y desarrollar el placer de crear y comunicarse corporalmente y también identificarlos en cualquier producto artístico en el que intervenga la danza o la expresión corporal. Es decir, la muscularización del pensamiento abstracto (Root- Bernstein, 2002).

      Desde una óptica terapéutica el objetivo sería solucionar problemas psíquicos, mentales y socio-afectivos con el objetivo de sentirnos bien dentro de nuestra propia piel.

       

3. Proceso de representación expresiva: impresión, expresión, comunicación, reflexión.

Todo acto expresivo se basa en un movimiento de doble dirección: del mundo exterior hacia la persona (impresión) y de la persona hacia el mundo exterior (expresión). Sólo podemos expresarnos si nos dejamos impresionar - voluntariamente o no- por lo que nos rodea o interpela. Si no somos como sensibles placas receptoras que registramos mediante los sentidos y almacenamos las diversas sensaciones muy poco podremos después expresar.

Los medios que facilitan la impresión (Moccio, 1998) son la tranquilidad, la receptividad y el pensamiento personal.

La tranquilidad es la actitud que nos permite servirnos de nuestras propias energías. Y esto exige: disponibilidad o preparación para recibir; descontracción o actuar para hacer que desaparezcan las tensiones de nuestro entorno; relajación o preparación para la receptividad, que favorezca un estado de no resistencia a las sensaciones; y dominio de uno mismo o conducta autónoma, no sólo en los aspectos físicos sino en los aspectos del espíritu que conduzcan al equilibrio del pensamiento.

La receptividad o acumulación de energías se consigue mediante la interpelación de nuestros sentidos; la atención, que añade una voluntad de sentir; la observación o capacidad para detenernos sobre la cosas, el mirar en su interior y tratar de comprenderlas no sólo en la apariencia sino también en su contenido.

      El pensamiento personal equivale al despliegue de nuestra energía y supone concentración, es decir, centrar la atención en el punto u objeto único que hemos elegido, en el desarrollo del objeto de nuestro deseo.

      El modelo de taller que proponemos se asienta sobre cuatro variables: las fases del proceso creativo, el proceso de representación artística, los momentos de la clase o taller  didáctico y el tipo de actividades realizadas (Cuadro 1). Veamos cada una de ellas.

3.1. Proceso creador.  Desde Walas se identifican estas  fases  en el proceso creador:

· Preparación: situación del sujeto en el clima favorable y con los medios adecuados para  crear.

· Incubación: elaboración interna de la obra; información y tanteo, análisis de la situación y búsqueda de soluciones múltiples.

· Iluminación: plasmación de la nueva idea o fijación de la mejor solución encontrada.

· Revisión: evaluación de los resultados; experimentación, corrección y puesta en práctica.

 

3.2. Proceso expresivo. Cualquier proceso expresivo se articula sobre estas palabras clave: percibir, sentir,  hacer, reflexionar.

· Percibir. Es tanto como estar a la escucha de uno mismo y del entorno. Supone la disponibilidad del individuo a dejarse impregnar por los estímulos del entorno físico y humano y permitir que surjan las imágenes que éstos inducen. La percepción consiste en desplegar las antenas de todos los sentidos para poder captar los estímulos del exterior y dirigir la mirada hacia el mundo interior. Esto implica un estado de disponibilidad en los planos cognitivo, motriz y afectivo. Houle (1987, pág. 18) caracteriza esta fase en los siguientes términos: es de orden sensorial y emocional; al suscitar la atención del individuo permite establecer lazos entre sus percepciones sensoriales y su imaginación; exige de una actitud de espera activa y de disponibilidad corporal. El sujeto debe dejarse impresionar por los estímulos del medio, estar abierto y ser sensible a todo lo que le rodea y tratar de tomar contacto consigo mismo.

 

 

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde el punto de vista didáctico, en esta fase la tarea del profesor/animador consiste en crear un clima de calma y de escucha consciente  y mirada activa, una atmósfera dinámica y estimulante; ofrecer un amplio abanico de experiencias sensoriales; ayudar a tomar conciencia de uno mismo y de la realidad exterior.

Los ejercicios y actividades de relajación, de concentración, de percepción sensorial, de observación se incluyen dentro de esta fase. La actitud a adoptar podemos concretarla en los siguientes principios:

- Tomar conciencia de que siempre estamos percibiendo con los cinco sentidos.

- Dar importancia a los detalles prácticos.

- Estar en contacto con la las realidades físicas.

- Atender al momento actual.

- Darse cuenta de los detalles pequeños de la vida cotidiana.

· Sentir. Es tanto como pensamiento corporal, según Root- Bernstein, es decir, el pensamiento que tiene lugar a través de las sensaciones y la conciencia de nuestros nervios, músculos y piel. Son muchas las personas creativas que antes de encontrar las palabras o las formas adecuadas para expresarse “experimentan la emergencia de las ideas en forma de sensaciones corporales, movimientos musculares y emociones que actúan a modo de trampolines que permiten acceder a una modalidad más formal del pensamiento. Los atletas y los músicos imaginan la sensación de los movimientos que van a ejecutar; los físicos y los pintores experimentan en su cuerpo las tensiones y los movimientos de los árboles y de los electrones” ( Root- Bernstein, 2002 , pág. 44).

· Hacer. El sujeto pone en acción sus imágenes interiores, las elabora a partir de un estímulo y comunica su mundo interior.  Este hacer se debe orientar en dos direcciones: la exploración y la actualización. La exploración es un periodo de ensayos múltiples, de lanzamiento de propuestas diversas.  En las actividades de exploración se pone el acento sobre los medios e instrumentos con los que se realiza el aprendizaje de los distintos lenguajes. La actualización es la etapa de elegir, de organizar, de arrancar. Momento en el que la creación emerge a partir de las propuestas planteadas. Es la fase por excelencia de la expresión-comunicación. La actividad base de este periodo es la improvisación articulada sobre distintas situaciones.

· Reflexionar. Se trata de disponer de un momento de pausa para volver sobre la actividad realizada y apropiarse de la experiencia vivida.  Es el momento del análisis, de la vuelta sobre lo que ya ha sido vivido y tomar conciencia de los medios utilizados para expresarse.

 

Resumiendo metafóricamente, el área de la expresión – y cualquier acto de enseñanza aprendizaje -  es el espacio de las cinco ‘c’: primero hay que reaccionar con los sentidos (cuerpo), después con los sentimientos y las emociones (corazón) para terminar con la reflexión, el conocimiento y la voluntad (cerebro), sobre unos contenidos culturales (cultura). Y todo ello, engarzado por la trama de la creatividad.

 

3.3.  Momentos en el taller de expresión y actividades.

La estructura base de una clase o taller de esta materia, que ha sido conceptualizada por Barret (1981), se puede concretar en las siguientes partes: a) puesta en marcha, b) relajación, c) expresión-comunicación, d) retroacción.

Cada una de ellas tiene una duración distinta. El núcleo central será normalmente la fase de expresión-comunicación. El tiempo dedicado a cada una puede ser también variable. Así, se puede abreviar la puesta en marcha si el grupo está cansado o saltar la relajación si la tercera parte empieza con actividades suaves, o bien utilizar la relajación al final si la clase ha sido muy fatigosa, o, incluso, centrar toda la clase en la puesta en marcha, si la situación del grupo así lo demanda.

Estas partes son referenciales, puede no necesitarse alguna de ellas. Este esquema sirve tanto para preparar una clase como para hacer el análisis de la misma.

 

      1) La puesta en marcha

      Esta fase de arranque es indispensable, pues gracias a ella se crea un clima lúdico que permite un trabajo posterior. En ella se establece y favorece el contacto con el aquí y ahora del lugar donde se realiza la clase, con los otros participantes y con el profesor/animador. Las actividades específicas de este apartado son las que en otro lugar hemos llamado juegos preliminares (Motos y Tejedo, 1987 y 1999) y comprende, entre otras: actividades que favorecen el contacto entre los participantes, de calentamiento físico, de desinhibición, de atención y concentración, de percepción y memoria sensorial, de imaginación,

      Las tareas propias de esta fase son:  motivar, conexionar al grupo, plantear metas adaptadas a las capacidades y niveles de relación y grupo, comprobar la disposición del grupo a trabajar, conectar las propuestas del animador con los intereses del alumnado.

 

      2) Relajación

La relajación permite la distensión muscular, provoca bienestar físico, produce una buena respiración, favorece la toma de conciencia y la concentración. El bienestar que provoca es tanto físico como psicológico, de donde se deriva una disponibilidad  del participante  favorecedora de su expresión.

Las actividades de relajación pueden tomar diferentes formas de acuerdo con las técnicas empleadas (Charaf, 1999; Prado y Charaf, 2000): masaje y automasaje, ejercicios respiratorios, relajación progresiva (tensión-distensión), relajación por concentración autógena, relajación por movimiento pasivo, relajación por acciones inusuales, relax imaginativo, etc.

 

      3) Expresión-comunicación

      En esta fase es donde se  hace una utilización más global del lenguaje dramático, permitiendo a los participantes manifestar de una manera activa su asimilación y comprensión del mismo.

Las actividades que se han de proponer en esta fase han de ser lúdicas para que propicien la ocasión de explorar ciertas posibilidades del  cuerpo, la voz o del  entorno, y  de esta manera el alumno adquiera un mayor conocimiento, soltura, confianza y habilidad.

Aquí se incluyen las actividades de improvisación y exploración, a saber: improvisaciones no verbales, en las que para elaborar la acción se recurre a la mímica, al gesto, a la postura, a la interacción con el otro mediante la expresión corporal; improvisaciones verbales, en las que se pone el acento en el empleo de la comunicación por la palabra y en el juego con los elementos del sonido; improvisaciones verbales y gestuales, en las que se exige la utilización simultánea del lenguaje verbal y de la expresión corporal; exploración del cuerpo (toma de conciencia segmentaria de los elementos del esquema corporal); exploración del movimiento (motricidad global y motricidad fina; exploración de la voz; exploración de los objetos; exploración del espacio; exploración y utilización de los distintos soportes que desencadenan la expresión.

En síntesis, son actividades sobre los instrumentos y materiales con los que se articula el lenguaje dramático y corporal expresivo y se centran en trabajos realizados individualmente, por parejas o en microgrupo.

 

      3) Retroacción

      Fase de comentario y valoración de la actividad realizada por el grupo. Consiste en esencia en la verbalización de las vivencias habidas durante las fases anteriores, en compartir las ideas y las emociones vivenciadas y en la toma de conciencia de los medios utilizados para expresarlas. La retroacción tiene como función desarrollar la toma de conciencia, establecer una comunicación verbal y obtener un feed-back. Es importante al finalizar el trabajo de expresión tomar la palabra, pues ésta puede abrir, añadir, enriquecer la acción y la expresión.

Las actividades de reflexión se suelen realizar bajo alguno de los siguientes formatos: 

      - Actividades de interiorización.

      - Verbalización simple (cada alumno por turno comenta la actividad) e intercambio verbal (se comenta y analiza la actividad con intervenciones libres).

      - Transposición a otras formas de expresión (escritura, dibujo, collage, expresión corporal, etc.) de las imágenes, emociones, sensaciones o ideas surgidas durante las fases de percepción, exploración y actualización.     

      - Presentación ante el grupo de una actividad evaluadora realizada por un equipo.

Es fácil observar la correspondencia existente entre las dos variables analizadas: el proceso de representación y los momentos de la clase. Ambas se centran en una misma realidad; pero mientras que la primera la enfoca desde la perspectiva del porqué, de la finalidad; la segunda lo hace desde el qué, desde los contenidos.

Al poner en relación las fases del proceso dramático y los momentos de la clase tenemos los tipos de actividades y tareas propias de la Dramatización, como se refleja en el cuadro 1.

 

4. ¿Cuáles son los contenidos de un taller expresivo corporal?

Considerando las premisas de las que todo diseño curricular ha de partir a la hora de  la selección de  contenidos - los  conocimientos y las propuestas han de ser una selección válida, importante y representativa de la cultura; y, el conocimiento debe seleccionarse teniendo en cuenta no sólo criterios epistemológicos sino también éticos- para el taller expresivo corporal agrupamos los contenidos en los siguientes bloques:

a) específicos de la materia (el saber): informaciones y técnicas.

b) relacionados con los participantes, el tiempo y el espacio (el saber ser): conocimiento de sí mismo (inteligencia intrapersonal), conocimiento del comportamiento en grupo (saber hacer social).

c) propios de la metodología de taller o contenidos procedimentales (el saber hacer): estrategias didácticas de aula.

Los contenidos específicos de EC, y por extensión del taller expresivo corporal, están relacionados con el conocimiento del propio cuerpo en movimiento; con la sensopercepción como aprehensión sensible de sí mismo y del mundo externo;  con la experimentación y exploración del movimiento corporal en el tiempo, en el espacio, con la energía y la tonicidad como elementos estructurantes del esquema corporal y facilitadores en la construcción de la imagen corporal.  Pero esta imagen se concibe en relación social, por lo tanto la atención se centra en el movimiento expresivo y sus consecuencias comunicacionales permitiendo el libre juego de la imaginación en las experiencias. En este sentido, los propios de la disciplina de Expresión corporal los podríamos agrupar en:

·                                La toma de conciencia y sensibilización del propio cuerpo.

·                                La espontaneidad y técnica corporales.

·                                Las relaciones con el medio circundante: objetos.

·                                Las relaciones con los otros.

·                                La percepción y estructuración del espacio-tiempo.

·                                Las diferentes disciplinas de la EC: danza, mimo, teatro gestual, acrobacias, danzas colectivas, técnicas de circo, etc. Y todo tipo de códigos corporales.

En segundo lugar, el saber ser social supondría el conocimiento, adquisición y desarrollo de destrezas y habilidades interpersonales. El profesorado de un taller de expresión corporal tiene que asumir el liderazgo formal del taller y ser básicamente un dinamizador poniendo en práctica habilidades sociales.

      Y en tercer lugar, los contenidos  propios del saber hacer: ¿cómo enseñar a enseñar la expresión corporal, la danza o cualquier otra disciplina corporal?  ¿Cuáles son las condiciones para que el deseo de aprender en el taller se haga realidad? Estas condiciones han de estar referidas al proceso, es decir, es necesario aclarar las condiciones contextuales y funcionales en que éste ha de desarrollarse. Así,  si queremos enseñar a vivir en democracia tendremos que establecer las condiciones y las formas de vivir en democracia en la propia aula. Y esta misma perspectiva deberemos aplicar en un taller sobre creatividad. Con todo, existen unos principios de procedimientos generales que todo profesor deberá tener en cuenta a la hora de desarrollar un taller de expresión corporal:

 

a)     Implicarse lúcida y lúdicamente en la activad.

b)     Tratar de alcanzar una manera de actuar cada vez más autónoma a base de poner en práctica los procesos de exploración, experimentación y fijación.

c)      Desarrollar el espíritu crítico y por tanto la disponibilidad corporal para poder introducir modificaciones en la calidad del movimiento.

d)     Desarrollar la escucha activa y la confianza en la afirmación de las propias elecciones estéticas y comunicativas.

Estos son una concreción de los cinco grandes principios que caracterizan al artista- pedagogo (Laferrière, 1997):

-                                      Enseña y habla de lo que enseña con pasión.  Lo perciben claramente los alumnos y también el propio enseñante que disfruta con su trabajo y hace que los alumnos disfruten con su materia.

-                                      Transmite su saber y su saber hacer con rigor y flexibilidad. La cuestión principal que se plantea es cómo hacer sentir que estamos ante una actividad liberadora y al mismo tiempo ser conscientes de que hay unas reglas que conviene respetar para poder conseguir unos resultados.

-                                      Permite la apertura a la marginalidad y la creatividad con todo el fervor de sus convicciones.

-                                      Es ferviente defensor de la improvisación pedagógica como metodología de trabajo que compone con personas, acontecimientos y situaciones.

-                                      El profesor que sabe, sabe hacer y sabe ser acaba construyendo su propio modelo de intervención para enseñar una asignatura artística. La falta de uno de estos tres saberes puede convertir la enseñaza en un juego temerario de ejercicios para equilibristas sin red.

 

 

 

5. La evaluación

En el currículum en general y en las materias artísticas particularmente la evaluación ha de ser no sólo formativa sino formadora, en el sentido de que ha de estar fundamentada en el autoaprendizaje, pues se trata de que el aprendiz controle sus propios resultados; ha de ser continuada, pues el proceso artístico exige de una actitud de valoración permanente; ha de ser  comprensiva e inclusiva de lo multicultural,  tomando en consideración las diferencias,  los valores, las creencias y los sentimientos de los sujetos; y ha de ser  adaptativa y polivalente, pues  ofertará  no sólo alternativas diferenciadas de procedimientos sino que considerará que cualquier situación de aprendizaje o formación puede ser utilizada con fines evaluadores.

Si la evaluación en sí misma ya es un proceso complejo, esta complejidad se acentúa cuando se trata de evaluar materias artísticas. Un modelo multidimensional de la evaluación en dramatización-teatro ha de responder a estas preguntas: ¿a quién evaluar?, ¿qué evaluar?, ¿cómo evaluar?, ¿quién evalúa? y ¿cuándo se evalúa? Veamos algunas de estas cuestiones.

- ¿Quién evalúa?: la evaluación creativa ha de tener un enfoque participativo por ello tienen que tomar parte en ella todos los agentes del proceso de enseñanza-aprendizaje: el alumnado, el grupo, el profesorado

 

- ¿Qué evaluar?: el conocimiento, las destrezas y actitudes desarrollados por el alumnado, la evolución del grupo, el desarrollo de los talleres, la actuación del profesor. El proceso y el producto de acuerdo con unos criterios fijados de antemano.

- ¿Cómo evaluar?: cuando se mezclan las exigencias de la objetividad y la subjetividad es cuando la evaluación puede llegar a ser creativa, por tanto en la práctica docente habrá que recurrir tanto a procedimientos cualitativos como a cuantitativos. En cuanto, al modo de evaluar, en los recursos y medios utilizados se ha de romper con los moldes de la homogeneidad y uniformidad para ofrecer modelos adaptativos y polivalentes, en coherencia con la visión comprensiva e inclusiva, que tiene en cuenta las diferencias de los sujetos y los contextos.  Se han de ofertar alternativas diferenciadas,  variedad de procedimientos, complementariedad de modelos cuantitativos y cualitativos, técnicas e instrumentos, de modo que permitan una mayor comprensión de los fenómenos evaluados.

- ¿Cuándo evaluar?: la evaluación formativa se puede realizar antes del aprendizaje, durante el desarrollo del aprendizaje y al finalizar un periodo de aprendizaje.

La evaluación en el taller de dramatización-teatro tiene que ser como una más de las actividades que se realizan en esta materia. Sin embargo, hay que identificar claramente quién evalúa, cuáles son los criterios y qué se evalúa. Los resultados de la evaluación creativa en expresión corporal a veces son difíciles de presentar por escrito, porque como afirma Laferrière (1997) la evaluación, al igual que la representación teatral o un espectáculo, es efímera y fugaz. Este tipo de evaluación se ha de realizar utilizando el desequilibrio y lo lúdico, pues de lo contrario se estropea la espontaneidad, componente básico de la actividad dramática. Por tanto, dada la naturaleza de nuestra materia podemos establecer como principio general que cualquier actividad corporal o de danza puede servir  para evaluar.

A continuación relacionamos algunos instrumentos, básicamente participativos, cualitativos y  cuantitativos:

      1.  Registro de observación.          Consiste en una parrilla de recogida de datos e informaciones por parte del profesorado con vistas a verificar el grado de cumplimiento de los objetivos  referidos al desarrollo del progreso de cada muchacho o muchacha.

      2. Auto evaluación. Puede realizarse de forma oral o escrita. Lo importante es ofrecer la oportunidad de que el alumnado comunique sus impresiones, destacando los aspectos positivos, negativos y otras incidencias que hayan tenido lugar a lo largo de los talleres. Tomar en consideración los datos de la auto evaluación realizada por el alumnado permite implicarle más activamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La retroacción es el momento más favorable de la clase para convertirse en un medio de auto evaluación, ya que permite a los alumnos y alumnas profundizar en el conocimiento de si mismos y del entorno y les da la oportunidad de expresar (mediante la palabra, el dibujo, la mímica, etc.) el conocimiento y destrezas adquiridas. Al mismo tiempo, ofrece al profesorado la oportunidad de completar la evaluación de los alumnos, relacionando la información que hayan recogido con la que estos les proporcionan.

      3. Cuaderno diario. El alumnado dispone de un cuaderno en el que realizará las tareas individuales propuestas en las clases. También reflejará en él  periódicamente las reflexiones sobre su trabajo, sobre cómo se sienten, qué es lo que más les ha gustado, qué les gustaría hacer, etc.

      4. La hoja anónima.             Consiste en que cada participante escribe en un folio, de forma anónima para que se expresen con mayor libertad,  una reflexión sobre el trabajo en clase o sobre cualquier otra cuestión planteada por el profesorado. Seguidamente, se recogen las hojas, se barajan y se colocan en el centro de la clase. Por turnos, alguien toma una al azar y la lee. Los demás pueden añadir los comentarios que consideren oportunos.

      5. Las frases incompletas. El profesor o profesora prepara unas fichas, en cada una ha escrito una frase incompleta. Los alumnos  se colocan en círculo, en el centro se ponen las fichas boca abajo, en un montón como si fueran naipes. Cada participante, por turno, toma una la lee y completa la  frase.

      6. Caricias. Se trata de exponer públicamente las opiniones positivas que los alumnos y alumnas se han  ido formando de sus compañeros y compañeras.

      7. Flashes. Cada uno de los participantes individualmente o en pequeños grupos trata de expresar mediante gestos, movimientos, posturas, sonidos, palabras, etc. su opinión sobre el desarrollo de las clases, sobre la marcha del grupo, sobre la metodología o cualquier otro aspecto que se pretenda evaluar.

8. Las pintadas.  Se coloca un papel continuo sobre la pared del aula, donde se mantiene varios días para permitir que la expresión evolucione y también que haya posibilidad de contestar a las diferentes pintadas que van apareciendo.

 

6. La danza en pareja: la creación compartida

De entre las diferentes formas de danza (primitiva o étnicas, clásica, contemporánea, folclórica y social) hemos elegido la social, para a partir de ella evolucionar hacia una propuesta de danza creativa que permita desarrollar las capacidades de expresión y comunicación de los participantes a partir del movimiento.

Los rasgos definidores de la llamada danza social se pueden concretar en:

-                                      es una danza popular que tiene un lenguaje específico con movimientos codificados pero que evolucionan con el tiempo;

-                                      suele estar relacionada con las modas sociales;

-                                      se enmarca dentro del espacio del ocio;

-                                      está muy relacionada con las músicas de una época determinada;

-                                      esencialmente son danzas que se ejecutan en pareja;

Podemos establecer dos grandes categorías: bailes de salón o baile social (fox, vals, swing, cha-cha-chá, etc.) y los bailes latinos (desde la salsa al tango pasando por la samba o la bachata y el merengue).

La cuestión que se  nos plantea es cómo convertir un baile social, que se caracteriza por unos pasos muy codificados y rígidos en una danza creativa.

El objetivo de la llamada danza creativa no es formar bailarines clásicos, modernos o de baile de salón sino volver a la esencia misma del arte, espacio donde se crean y se comparten las reacciones y las emociones estéticas y donde se establece la comunicación sensorial (Programme d’études en Art, MEQ, 1991). Al participante se le ofrece  en este tipo de danza  la posibilidad de desarrollar su propio estilo de movimiento, de expresar y comunicar sus propias imágenes interiores. La función de la danza creativa es ante todo la de crear movimientos y no tanto la de interpretar formas de movimientos ya existentes. Y gracias a los procesos de asimilación y experimentación del movimiento el que baila podrá interpretar por medio de sus propios movimientos las ideas de otro creador.

Se trata de partir del movimiento natural de las personas para introducir gradualmente los principios de organización interna y estructural del movimiento que constituyen el lenguaje de la danza (cuerpo, espacio, tiempo, energía, interrelación). Para ello es necesario respetar, por una parte, la creatividad y la autenticidad de la persona y, además, ofrecer una manera de aprendizaje de la danza que permita comportamientos estéticos relacionados con el placer cada vez más consciente de aprender y conocerse por medio del  movimiento.

En la danza creativa se trata de un tipo de conocimiento que apela al pensamiento intuitivo, al juego y a la analogía y que constituye un proceso de aprendizaje que se inicia y desarrolla a nivel simbólico. El movimiento se convierte en símbolo del que nos servimos para expresar una intención o una imagen interior.

La danza es un arte de creación y de interpretación.  El creador explora el imaginario colectivo y su memoria sensorial para construir  movimientos que simbolizan sus imágenes interiores.

      Pero además la danza es una arte visual, no se toca ni se escucha, pero sí que se ve y se percibe a través del cuerpo. Consiste en un intercambio de emociones y sensaciones kinestésicas entre el bailarín y el espectador. Y esta sensibilización hacia el movimiento es primordial en la enseñanza de la danza.

El objetivo último de la danza creativa es enseñar a leer todo tipo de  movimiento,  en términos de lenguaje, (el viento que mueve los árboles, el desplazamiento de una bandada de pájaros o de un banco de peces), matizando la percepción del movimiento en términos de dinamismo, organización, estructuración y potencial expresivo, para percibir por los sentidos  este tipo de comunicación y reaccionar estéticamente a los  mensajes que se reciben. El observador de la danza es un ser sensible al movimiento, a su dinamismo, a su fuerza y a su valor emotivo intrínseco.

Desde un planteamiento metodológico se propone una secuencia de actividades para la danza creativa, que podemos concretar en dos operaciones básicas: exploración y realización.

      Actividades de exploración:

-                                      Repetición con el objetivo de adquirir una destreza (dominio del movimiento, control de la energía,  desarrollo de la escucha activa).

-                                      Imitación de aspectos globales o de elementos concretos.

-                                      Variación: por amplificación, transformación, transposición, adición.

-                                      Acción-reacción: por contraste (de intensidad, de espacio, amplitud de movimientos, etc.),  por complementación (por ejemplo llenar los espacios que la otra persona deja vacíos, búsqueda de la armonía, etc.).

Actividades de realización:

-                                      Improvisación: estructurada o libre, individual o colectiva, más o menos enmarcada y en función de diferentes estímulos (musicales, poéticos, o plásticos).

-                                      Composición: actualización (individual o colectiva) de la imágenes y de las propuestas que se han generado durante la fase de exploración. Es decir es una concreción o producto.

-                                      Interpretación: de las propias composiciones o de las de los otros.

 

En definitiva, bailar pone en relación aspectos que la educación tradicional había separado, como son el mundo de la emoción y de la razón, del placer y del esfuerzo, de la percepción sensorial y del concepto, de la palabra y de la imagen.  Aprovechando la concepción holística de la persona y las nuevas corrientes que ponen el acento en las potencialidades expresivas de la persona y defendiendo unas formas de educación integral que desarrolla la afirmación del yo poliédrico frente al pensamiento separador, defendemos planteamientos integradores como los que propone la danza creativa.

Bailar, como actuar nos permite soñar y pensar: los bailarines como los actores (a diferencia de los atletas que utilizan su esfuerzo para superar marcas) tienen el privilegio de utilizar el cuerpo  como vehículo de expresión de los productos de su mente y de sus sentimientos.

Bailar nos permite interpretar y dar salida al deseo de mostrarnos y mostrar nuestras habilidades creativas. Bailar nos permite comunicar y ser protagonistas de un yo proyectado. Nos permite emocionarnos y divertirnos.  Y finalmente, bailar es  una forma de aprender  compartida por medio de la experimentación constante. 

Y todo esto nos confirma en el axioma de Marta Graham “El movimiento no engaña nunca”. Y nos lleva a la misma conclusión que ya la sabiduría popular había cristalizado en “que nos quiten lo bailado”.

 

Bibliografía

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3º ciclo de formación en Creatividad acorde con la C.U.E.
               > Programa profesional multitalentos (abierto a todos)
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Julio 2005. INTENSIVO.    www.micat.net