EL PROCESO CREATIVO EN EL PERFORMANCE

Una  mirada arquetípica a la pieza  Picnic Formal,  de Pancho López[1],  realizada en diversos espacios públicos.

Guadalupe Corona

México

 

Foto. Archivo del Artista.

 

INTRODUCCIÓN

El propósito de este ensayo es reflexionar sobre el proceso que supone el desarrollo de una idea creativa, su concepto, su resultado y su repercusión en el espacio de realización. Para el caso atendemos a la pieza artística Picnic Formal, del artista performancero Pancho López. Utilizamos el instrumento analítico del enfoque conocido como El Vivir Creativo (Aldana, 1996), así como las ideas sobre la naturaleza del proceso creador de Abraham Maslow (1990).

 

Además, incorporamos las nociones sobre la intervención del espacio público a través de un acto creativo, motivo de reflexión en el Curso Internacional Hemisférico Interactivo: Globalización, Migración, Espacios Públicos y Performance, realizado en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Acompaña a este ensayo cibernético la documentación fotográfica que el mismo autor proporcionó para esta reflexión y que da cuenta de parte del efecto que causó en su intervención del espacio público citadino.

 

Qué es creatividad...

Se trata de un “complejo proceso de configuración de ideas e hipótesis, de comprobación de dichas ideas y la comunicación de sus resultados” (Torrance, 1970). Esto implica la obtención de un resultado nuevo, un producto peculiar que no se ha visto antes.  Así, el individuo "trabaja con la información que posee, aplica sus experiencias anteriores, las combina con nuevas estructuras, y  con su nueva configuración, le llevan a poder solucionar  un problema " (Cfr. Arnold, 1964 y Guilford, 1967).

       Dicho proceso requiere de un tipo de persona específica, la cual se distingue por contar con un tipo de pensamiento divergente, un pensamiento lateral (Eduardo de Bono)[2],  pensamiento aventurero e inventivo; así como con una capacidad de descubrimiento, de curiosidad, de imaginación activa, y de experimentación y exploración.

Una persona creativa también puede reconocerse por  su Actitud Creativa (Graciela Aldana, 1996)[3]. La actitud creativa se define como la capacidad para gozar, padecer, y disfrutar el proceso creativo; la capacidad para buscar armonización entre las diferentes facetas del proceso; así como la voluntad para clarificar  metas, estrategias  y objetivos durante el proceso; y sobre todo, voluntad, fortaleza, para saber vivir (sintetizar y asimilar)  con lo que se ha descubierto (es decir, lo que se obtiene como respuesta a la presentación del producto creativo).

En suma, la creatividad es una manera especial de pensar, sentir y actuar; conduce a un logro o producto original, funcional o estético; bien sea para el propio sujeto o para el grupo social al que pertenece.”  (Aldana, 1996)

 

ARQUETIPOS Y CREATIVIDAD

El enfoque del Vivir Creativo (Aldana, Colombia,1996), instrumento analítico de este ensayo, fundamenta su razón de ser en la comprensión del proceso creador a partir de la estructura arquetípica, habitante del inconsciente personal y colectivo, de todos los individuos y las diversas culturas.

       Dicha estructura arquetípica nos provee de una serie de elementos clave, llamados arquetipos, que son modelos, paradigmas, formas diversas de pensar y actuar, que se refieren al conjunto de rasgos de la personalidad y que se traducen a través de  imágenes mentales, literarias, plásticas, sonoras y artísticas. Así pues los arquetipos se refieren a un conjunto de actitudes, desde las cuales puede comprenderse  el proceso creativo de un artista, y en general, de cualquier persona concentrada en la transformación (de objetos,  ideas, espacios,  o  paradigmas).

Desde esta perspectiva, el  enfoque del Vivir Creativo nos permite comprender las razones del proceso creador: tanto sus momentos de afortunada realización, síntesis creativa;  como los terribles pasmos, parálisis y  bloqueos creativos.

       Aquí  reflexionamos en torno de las realizaciones afortunadas del proceso creador, su elaboración y ejecución, basadas en el testimonio mismo del propio autor, Pancho López, quien a través de un par de entrevistas[4], y de su testimonio en su participación como ponente en el Curso Internacional Interactivo Globalización, Migración, Espacios Públicos y Performance.

 


Los Arquetipos del proceso creativo

Para desarrollar su aporte con respecto a los arquetipos que configuran  la personalidad creativa, Graciela Aldana se basa en el trabajo de Carol Pearson[5], y deriva el conjunto de arquetipos que contribuyen para la consolidación de la actitud creativa. Son ocho: el Viajero, el Crítico, el Bienhechor, el Guerrero, el Destructor,  el Artista, el Bufón y, el Mago.

Los arquetipos se comprenden mejor en su naturaleza dual, complementaria e integradora, llamada aquí de   luz y sombra. En general, nos ocuparnos de poner en evidencia la parte más luminosa, pues es la que sin duda satisface más. Sin embargo, el componente sombrío de cada arquetipo esta allí, latente, manifestándose a pesar nuestro. Es la sombra que nos abarca, nos sacude y nos atormenta. “Haremos mejor en trabajar con esta sombra, en lugar de negarla o de echarla en el costal de pendientes que va aumentando de tamaño y aunque nos cuesta cargarlo por el resto de nuestros días, no nos atrevemos a dar cuenta de su contenido” (Jung[6]). Es en el ámbito de la sombra donde se encuentra el origen de los bloqueos creativos. Para fines de nuestro ensayo baste comprender que la sombra del arquetipo representa los sesgos negativos que impiden la transformación plena, y la concreción del acto creador satisfactorio. Mientras que la parte luminosa contiene las posibilidades de realización positivas del proceso creador.

De manera muy breve anotamos las características que definen a los arquetipos que hemos anotado más arriba.

       El Viajero, es el que nos lanza a la búsqueda, nos enfrenta con el azar y el riesgo de la aventura; nos lleva a salir del lugar de comodidad para encontrarnos con la plenitud de la vida, y con las diversas posibilidades para afrontarla. El viajero nos sacude con la emoción y la pasión que infunde el viaje y nos invita a la acción. Es muy importante que el viajero creativo sepa autorregularse para saber cómo anda el reino interior y decidir si puede correr los riesgos y el azar que el propio proceso de búsqueda creativa conlleva.

       El Crítico es la parte pensante, objetiva que nos lleva a tomar las mejores decisiones, toda vez que no dejemos que "el criticón sombrío" que nos habita, inhiba nuestra curiosidad, espontaneidad e intuición creativa.  Cuando se aplica un crítico sombrío en una etapa prematura del proceso creador, suele contrarrestar la experiencia misma y condenarla al fracaso, la frustración, o el abandono de la tarea creadora.   

El arquetipo del Bienhechor nos advierte cómo anda nuestro relación entre el dar y recibir, con el propósito de equilibrar este proceso e incrementar nuestra capacidad expresiva, sensible y creativa.

       El Destructor marca la importancia del proceso de transformación verdadero. Para avanzar en el cambio es necesario destruir todos aquellos viejos hábitos que ya no favorecen nuestros procesos de vida, nuestros procesos creativos, de tal modo que este arquetipo nos invita a "matar", deshaciéndonos de lo que ya no sirve. Limpiar la casa, para dejar espacio a lo nuevo.

       El arquetipo del Guerrero es el que nos sitúa en la acción plena. Y nos recuerda que tanto el proceso como la meta son igualmente significativos. El camino del guerrero creador debe estar signado por una serie de condiciones básicas: contar con las armas adecuadas (las estrategias, herramientas y tácticas para lograr cumplir la misión y llegar a la meta); saber dirigir la fuerza, con el fin de no perder de vista los objetivos y concentrar la atención, la inteligencia y la fuerza física en la realización de la tarea. El Guerrero nos previene de saber parar a tiempo y reconsiderar la marcha, hacer las adecuaciones  necesarias durante el proceso, y finalmente nos incita a la acción.

       El Artista,  es el arquetipo en donde radica  la esencia primordial de la fuente de creatividad. Nos invita a mantener en alerta las capacidades básicas de toda persona creadora, tales  como: la sensibilidad, la imaginación, la observación e intuición.

       Con estas capacidades como aliadas, la persona creativa cuenta con herramientas para renovar y crear.

       El Bufón, es el arquetipo que nos conecta con la capacidad que nos lleva a  aportar frescura y renovación a los procesos creativos. Contiene la capacidad lúdica, el juego, que nos conecta con la esencia del niño o niña en constante acción, exploración y  transformación creadora. Un Bufón también es un sabio que sabe reírse de sí mismo para extraer la mejor sabiduría a toda lección. Un sabio irreverente que da vuelta, a través de su crítica clownesca, a la perspectiva amovible de la tradición, la norma, la ley y la institución.

       El Mago es el arquetipo que nos dota de la capacidad de asumirnos como  dueños de nuestros propios procesos de transformación. Tiene el don de poder nombrar, con lo que el mago nos lleva a reconocer lo significativo de nuestros procesos creativos. El mago es aquel sabio que sabe respetar y estimular las diversas búsquedas que supone el proceso creativo

Y finalmente, el arquetipo de El Gobernante, el cual señala al líder que somos, quien  posibilita la capacidad de integrar  y sintetizar. Quizás sepamos  despertar arquetipos que inciten a la planeación o a la generación de ideas (crítico), pero sin un arquetipo gobernante despierto, nuestras ideas se quedarán en las márgenes de las buenas intenciones (arquetipo del artista sombrío). El gobernante nos ayuda a pasar a la acción (guerrero de luz), con menos temores (destructor luminoso), pues sabe evaluar (crítico de luz) cuáles son los momentos significativos para la acción creativa.

 


BREVE DESCRIPICON DE LA PIEZA “PICNIC FORMAL”

 

El Performance Picnic Formal, de Pancho López, consiste en la instalación en algún espacio público elegido, de los elementos fundamentales para comer: una mesa, una silla, un mantel a cuadros verdes, un plato, los cubiertos, las servilletas, la copa de vino, la botella, el salero, el florero, el platillo y al comensal, él mismo, ataviado de rigurosa etiqueta, o formal con un traje de bien vestir.  El artista llega elegantemente vestido al sitio público y luego de disponer todo lo necesario se sienta a comer. Es importante destacar que los platillos que come son los mismos que podríamos encontrarnos en cualquier restaurante de tres o cuatro estrellas. En todas las ocasiones Pancho López ha comido de esta manera, sea en la calle, o en la escalinata de un monumento principal, como el Angel de la Independencia, en el lobby de una estación de autobuses, o en el transporte subterráneo metro.

En casi todas los casos Pancho López ha tenido que transitar por el martirio que significa la penosa tarea con  la relación burocrática institucional a la que debe enfrentarse para pedir permiso; es decir, es un papel sellado y firmado por la autoridad, el acceso para incidir en el espacio público de acción. Cuando ha comido en lugares, en donde no media el permiso otorgado por la institución, ha tenido que enfrentarse a todo tipo de provocaciones y reacciones adversas, que le han llevado incluso a estar preso en la cárcel.

 

Foto. Archivo del Artista

 


INTERPRETACION DESDE EL ENFOQUE ARQUETIPICO DEL VIVIR CREATIVO

 

Asumimos el desarrollo de esta propuesta justamente como un viaje creativo, en los términos arquetípicos descritos anteriormente, en el cual Pancho López además de manera concreta emprende el desplazamiento por los diversos espacios públicos de acción, para llevar a cabo sus acciones culinarias. En este sentido el viajero creador se vive activo en la decisión de por poner a prueba en diversas escenarios la propuesta de “simplemente” comer.

       El viaje del comedor público activa una mirada nueva cada vez, pues el artista no puede calcular lo que ocurrirá en las distintas ocasiones de sabrosa intervención del espacio público: sea que lleguen a pedirle de lo que come, o que los representantes del orden público quieran levantarlo de la calle con la consabida incógnita, pues aquél no responde a la idea convencional de vendedor ambulante, pues no vende nada, sólo come y come muy bien, con el vinito  de su predilección que acompaña bien al guiso preparado. 

       Así pues este artista del performance culinario activa su arquetipo del viajero creador para plantarse irreverente frente a la norma, la regla que dicta que en la calle se puede comer, pero no con mesa, mantel , flores , o sea, como dios manda. Logrando así movilizar de su rutina cotidiana, tanto al policía dudoso, nervioso y perplejo, que se lo quiere cargar y no puede; tanto como al modesto cristiano a quien apenas si le alcanzó para engullir una torta gigante de doce pesos con grasosas y abundantes sobras de milanesa, jamón y queso oaxaca vendidos a granel por las avenidas  de la ciudad.

       Es aquí en donde la esencia del viajero creador pone de relevancia la crítica a los sistemas sociales desventajosos. Así, suavecito, sin querer comiendo se activa al critico creador quien logra resaltar los contrastes y las desventajas que se viven y estallan en el espacio público de interacción, suscitando los contrastes más impactantes. Como aquella vez que comió en la Central de autobuses del norte de la Ciudad de México. Y como allí sí le había dado permiso el gerente, entonces el guardián público era su “aliado” y en esa condición se le acercó para preguntarle si el indígena de a lado con los ojos enterrados en la exquisitez del platillo de López, le molestaba al señor, comedor social legitimado por la gerencia del lugar. El artista negó, y siguió comiendo, desprendiendo del acontecimiento una lección dolorosa provocada por la desventaja e injusticia social que lleva a migrar al indígena y a matarlo de hambre, perdido en la ciudad más contrastante. El hambre deambula por las calles de la urbe, eso no es secreto, el hambre migra de los pueblos a las ciudades, el hambre se estaciona a devorar con los ojos lo que otros ingieren, con permiso o sin él.

 

Otro de los arquetipos  que sin duda guían el proceso creador de este artista del performance es el del guerrero creador. Aquí no hay duda, es la acción realizada en sí misma.  La ejecución del acto perfomático, de la puesta  a prueba del objeto de creación, del concepto en la búsqueda de su repercusión comunicativa. Pancho López es un guerrero que inicia su acción desde antes de incidir en el espacio público, pues él mismo prepara los platillos que comerá en la calle. Un guerrero bienhechor que se provee de lo que necesita,  y se acerca los materiales necesarios y de la mejor factura, un guerrero que se sienta a comer con rostro neutral, el que captura la cámara de foto,  a comer en la vía publica.

Y un guerrero eficaz, en términos de la gestión y la peregrinación que supone lidiar con la burocracia institucional para lograr persuadir para que le den permiso de accionar en los diversos espacios solicitados. Es un guerrero con una misión, presentar 22 veces su acción digestiva, para generar  una carpeta que documente todo el proceso ocurrido, y  porque  su decisión no responde a “a ninguna lógica, dice él mismo, excepto que el número 10 es un número aburrido pues todo en la escuela debiera ser de 10, además es número par. El 11 es un número poco usual y que no se divide más que en punto cinco, sin embargo al multiplicarlo genera números duplicados... 11 - 22 - 33 - 44 - 55 - 66 - 77 - 88 – 99”.

       Otro de los divertidos arquetipos que se encuentran presentes en las diversas presentaciones de esta pieza es sin duda el del bufón creador. El arquetipo que le conecta a López con la capacidad de recrearse a si mismo cada vez, en cada acción distinta, la misma pero otra. El de comer cada vez como si fuera la primera vez. Un bufón que le ayuda al artista para  salir a habitar el espacio público de otras maneras. Provocando la risa irónica en quienes le miran comer en la calle de la forma formal como él lo hace.

Un bufón que el mismo autor activa conscientemente cuando asume que es el  juego un elemento que  resalta en su pieza, para resaltar “ lo absurdo que son las leyes y cómo los medios a veces se equivocan, se van con la finta de lo que es importante y lo que no(...) que Pancho coma no debe ser (asunto) de interés público; sin embargo, el contexto lo vuelve importante, extraño, extraordinario y trascendente. Al decir Jugar a la comidita me refiero a que los actos de un artista no deberían ser más importantes que catástrofes naturales, o el hecho de que exista miseria y hambre en nuestro país y en el mundo; sin embargo, de pronto ¡zaz! aparezco en el periódico, en primera plana: el artista fue encarcelado por comer en la vía pública (....)

Entonces, dice el artista,  se trata de  jugar para poner en tensión conceptos y preceptos de una lógica personal ceñidos a las reacciones obvias que tienen las autoridades que "cuidan" el orden y ya no saben qué es delito y qué no (...) La realidad rebasa mi propia experiencia, ya que mientras yo juego al artista y generó una situación específica, la vida, el hambre, la pobreza, la desesperación obliga a alguien a robar, por ejemplo”.

En suma, Pancho López juega, come, para darle la vuelta a la realidad trágica y seca de los millones de personas que en este país no tienen el ingreso económico necesario para cubrir una necesidad básica y de primer orden. De esta forma el artista consigue ayudar al espectador a mirar la tragedia con menos dureza, porque siempre las tragedias se sintetizan mejor si se les dota de un tono cómico, bufonesco.

 

El otro arquetipo activo en el proceso creativo de esta pieza es el del bienhechor. Pues se presenta desde la etapa de la elección del  menú, la adquisición de los alimentos y la elaboración de la comida. Un bienhechor que le ha llevado a Pancho López a relacionarse vívidamente con la comida, pues él sabe lo quiere disfrutar y sin prejuicios, más contradiciéndolos, se entrega a la alegría de la comida contradiciendo los dictados socialmente aceptados de la perfección del cuerpo, del cuerpo escuálido, flaco, reseco y enfermo de los y las modelos televisivos. ¿Es un oda a las redondeces generosas, rosadas, gozosas? Como sea, Pancho López asume el riesgo de la transformación del propio cuerpo, el cuerpo lleno, el cuerpo gordo de redondeces provocadas por el placer de comer y el placer de atreverse a hacerlo de manera pública, sin esconderse, sin intimidarse, sin avergonzarse. Estamos así frente al artista que esculpe desde dentro la propia masa gruesa causa de la  ingestión deliciosa de  las especialidades culinarias que con tanto afán él prepara.  Estamos pues frente a una lectura del cuerpo reconciliado consigo mismo, el cuerpo asumido, el cuerpo mostrado que crítica el estigma social y lleva a la gente a separarse de su propio cuerpo, ingiriendo toda serie de milagrosos remedios para conseguir apariencia, esbeltez, con tal de lograr aceptación social. 

 

Finalmente hablemos del arquetipo del artista. La concepción artística que soporta la acción misma. Aquí el autor busca la “creación de un momento visual, casi onírico. Lo absurdo, la locura, la soledad subrayada, lo capitalista, la opulencia y la falsedad. Nadie conoce mi situación económica, sin embargo, se recrea una situación de abundancia y de riqueza (del tipo de comida que usa en su pieza). Me gusta que se generen situaciones ambiguas, en donde nadie sabe qué pasa, y en donde los espectadores se puedan responder a sí mismos, a partir de sus propias experiencias”.

 

Ahora bien, la idea de comer en la calle nace, dice Pancho López, “a partir de que todo mundo come en público, siempre vemos imágenes de comida en nuestro contexto diario, cotidiano, y siempre pasa desapercibido para todos, en el momento en que se "estiliza" la manera de comer, se vuelve extraño y todo mundo quiere saber qué ocurre? EL arquetipo del artista llevó a  Pancho López  de una idea, a lo mejor en sus inicios, absurda, a la etapa de elaboración y puesta a prueba. Es al parecer en su caso la etapa de puesta prueba lo que ahora interesa más al performancero, pues en su definición de salir al espacio público, cuenta con lo inédito, lo inesperado, de la reacción de quienes se detengan a observar su mesa y a su comensal.

       Dice Abraham Maslow, que la creatividad de segundo orden es aquella en donde el artista pone a prueba su acto creador, en donde el producto, las reacciones y los resultados que se deriven de este, consolidarán la búsqueda creativa de su hacedor. Pancho López sale a buscar esto y que regresa siempre después de cada sagrado alimento con más ideas, sensaciones, emociones, reacciones bajo el mantel. En este afán de la repetición del acto performático se confirma la naturaleza del proceso creador, la necesidad inconsciente de la inquietud por el proceso inacabado, del proceso que termina y no, porque siempre sugiere nuevos puntos de partida, esta es la razón de las variaciones al mismo tema. Un proceso inacabado perfectible de transformación continua, que necesita ser explorado hasta que lo necesite.  Un proceso, como él mismo afirma: “un proceso de recaudación de experiencias, inagotable, cada vez surgen nuevas anécdotas e infinidad de recuerdos. Experiencias que a veces son crueles y me hacen daño en el corazón, y muchas otras que me hacen reír y divertirme. Pienso que el arte es un vehículo para traducir los pensamientos a imágenes y el performance sirve para traducir esas ideas a la acción.

      


CONCLUSIONES

Finalmente, a manera de conclusiones, la reflexión y análisis de la pieza Picnic Formal, de Pancho López nos sitúa en el punto central de la discusión con respecto a si el espacio público es verdaderamente público para ser usado o intervenido por artistas o por el ciudadano raso, común y corriente. En la medida que hemos de seguir el procedimiento oficial del permiso para accionar de manera no convencional por los espacios, entonces nos enfrentamos al tema del control por parte de las instituciones sobre los procesos de expresión y demanda de los ciudadanos.

Un  acto tan “Insignificante”, por lo cotidiano que significa comer, logra ver movilizado el espacio institucional y consigue como reacción “sismar” a quien ejerce el poder, el control y la prepotencia característica los aparatos institucionales.

Del lado de los que miran y no tienen cargos o puestos de poder, se manifiesta la reacción diversa que conecta precisamente con lo que Pancho López logra movilizar en la gente en términos de lo que aquí hemos descrito como  percepción arquetípica. Desde este lugar habrá quien se doble de la risa por los calzones de comer en la calle (bufón), quien se moleste porque Pancho López no comparte su comida (bienhechor), o quien se enfurezca porque el performancero decide no levantar su montaje escénico (destructor), o también quien comprenda y aprehenda la lección implícita de este acto artístico(crítico); y por supuesto  quien no vea absolutamente nada  y sea un ser gravemente maquinizado, despersonalizado, a quien quizás Pancho López quiere sacudir y movilizar.

 

De modo que, las acciones de performance artístico ejecutadas en los espacios públicos ponen de relevancia la no libertad de tránsito, de acción y de expresión de los ciudadanos. Ponen de manifiesto cómo provocaciones tan "suaves" como la de comer, vulnera los fondos más profundos del poder político, y de quienes lo representante.

       Así las cosas, el efecto profundo que causa la acción artística que interviene el espacio público sí "raja, fragmenta, moviliza", como afirma  Marisa Belausteguigoitia, pone en tela de juicio la estabilidad institucional,

 

En términos del enfoque del vivir creativo, estamos frente a la acción de un artista viajero que aliado con su bufón ha sabido diseñar una estrategia y discurso artístico irreverente frente a las normas, las tradiciones y los controles, con el fin de poner en el foco de la atención la urgencia que supone rescatar nuestros derechos genuinos de habitar los espacios públicos, ejercer nuestro derecho a la libre expresión y manifestación, sin recibir como respuesta represión velada o declarada.

       Mientras tanto como diría Pancho López, la comida es mi campo favorito, así que seguramente seguiré explorando a partir de ésta.... Y a comer se ha dicho, que el mundo se va a acabar...

 

 

 

Foto. Archivo del Artista



[1]  Pancho López es artista del performance. Actualmente coordina las actividades relacionadas con esta expresión artística en el Museo del Chopo, en la Ciudad de México.

[2] De Bono es uno de los principales investigadores de la creatividad, perteneciente a la segunda generación de estudios en creatividad (Solución Creativa de problemas), desarrolló sus primeros trabajos en los años 70 y 80, principalmente.

[3]Aldana es la autora del enfoque El Vivir Creativo, el cual tiene su raíz en la escuela junguiana y busca comprender el proceso creador y las estrategias que llevan a la realización afortunada como al fracaso.

[4] Entrevista personal al autor, 2002. Y  fuente periodística: Pérez, José, articulo, periódico la Jornada, lugar, fecha, pagina.

[5] Despertando los héroes interiores, Kairós, 1992.

[6] Carl. G. Jung, psicoanalista que introduce en la psicología el concepto de arquetipo.

3º ciclo de formación en Creatividad acorde con la C.U.E.
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Julio 2005. INTENSIVO.    www.micat.net