
Claves
para el desarrollo de la Creatividad personal
F. Javier Corbalán Berná
Universidad de Murcia
VII Premio Internacional TEA Ediciones 2003
Programa CREA
Cuántas veces nos hemos
maravillado por encontrar una respuesta inesperada a un problema que nos
preocupaba... Sin mediar más que un hágase,
estaba listo en su justa medida y proporción, y además, funcionaba...
Cuántas veces también nos
hemos maravillado ante la destreza de un niño por encontrar una salida
aceptable a una situación imposible. O una verbalización tal que pone en
conflicto las normativas más establecidas de lenguaje y de gramática.
Cuántas otras veces, hemos
quedado admirados ante una obra de arte, ante una acrobacia que desafía las más
elementales leyes de la gravedad, o ante una salida temperamental que con poco
riesgo arregla marcados desatinos.
Cuántas, cuántas veces nos ha sorprendido la simplicidad de un mecanismo al que aún no habíamos logrado ni imaginar, o quedamos turbados ante un cuestionamiento interesante que pone en crisis sistemas anteriormente bien fundados...
Y tantas otras muchas veces
nos hemos contemplado, perplejos, de nuestra astucia, agudeza y sensibilidad
para encontrar una salida allí donde el resto encontraba solo dificultades... y
tantas veces también hemos sido generosos (tal vez con un algo de envidia
encubierta) para reconocer a los demás ese toque de genialidad oportuna.
Las interjecciones ¡es genial! o ¡que creativo!, surgen espontáneas, modifican el espíritu y llenan
el ambiente de una sensación que Csikszentmihalyi apodaría como fluir mental!!!, convirtiéndonos, al
menos por unos instantes, en ‘una persona especial’.
Pero este dominio interior no siempre es así... ni los notables creativos ni los humildes sabedores de este poder pueden hacer gala de una presencia destacada en todos los momentos de su vida ni en todas las áreas. Tal vez es posible, y solo tal vez, cuando simultáneamente se hacen presente en un tiempo y un espacio determinado las juguetonas variables intervinientes; es entonces que la luz, más que el calor, ilumina la escena y el genio creativo, la obra, la manifestación, se expresan en toda su presencia y poder.
La pregunta: ¿qué lo hace
ser así al fenómeno de creación, tan potente y atrevido? Respuestas sencillas
muestran caminos ingenuamente mágicos, que dan por contestación: un don divino,
es heredado, es genético, su padre era así, está tocado por la varita
fantástica... Si bien algo o mucho de estos componentes pueden darse asociados,
lo que seguro no faltan son el conocimiento sobre un tema y asuntos
relacionados, la oportunidad con su cara más atrayente de necesidad y un
reconocimiento inmediato o tardío sobre la conveniencia de comenzar a transitar
por un nuevo rumbo.
Entendida así la creación deja de ser un patrimonio
personal únicamente y desde su inicio tiene fuertes relaciones con el tema de
que se trate y con la aceptación social de que la propuesta es una mejor
perspectiva de satisfacer un requerimiento de supervivencia, o relacionado con
el arte, lo estético, lo bello y lo plástico; con la ciencia, con el placer o
con formas de hacer distintas… Así, tanto saber como oportunidad deben
encontrar la persona creativa donde eclosionar.
En tal caso, ¿qué marca la
diferencia entre el creativo experto y el ocasional aficionado? A nuestro
entender la principal diferencia está en la frecuencia con que uno y otro hacen
uso de alternativas creativas en el comportamiento existencial. Para el primero
es una forma de vida y busca la oportunidad para mostrar ‘algo imaginativo’;
para la mayoría silenciosa es un camino pocas veces transitado conscientemente.
También caracterizan al
experto creativo la mayor variedad y profundidad de intereses que es capaz de
mantener vigentes y actualizados; su incesante búsqueda de los aspectos
paradójicos en lo que ocurre y de aquello que en circunstancias similares no se
confirma; tienen una manifiesta incontinencia por preguntar y preguntar aunque
las respuestas le sean esquivas la más de las veces, su pasión está en hacerle
un amague a lo desconocido en el deseo de encontrarlo -a lo desconocido- con la
guardia baja y así poder asaltar la fortaleza en busca de lo ocurrente, de lo
singular, de lo bello… Por contraste, los menos calificados derrochan sus
esfuerzos en el cotidiano devenir sin intuir casi otras alternativas. Lo rutinario embota sus sentimientos y sus vidas,
restringiendo significativamente no solo la pasión por el uso sino, además, el
uso espontáneo de estas potencialidades.
Una tercera cuestión, que
puede mencionarse como distintiva entre ambas categorías, tiene que ver con una
cualidad de la personalidad identificada como la toma de fuerza del chasco. Casi nada[1]
en el mundo guarda tanta energía potencial para un creativo como no haber dado
en la tecla adecuada al intentar una pregunta, al proponer una solución o en la
interpretación de un fenómeno físico, social, estético o cultural… El fracaso
inicial es el principal motivo para unos y sume en el desaliento a los menos
preparados.
¿Qué identifica a unos y
otros? Podríamos acordar en que son los procedimientos
lo que tienen en común los esfuerzos y los resultados tanto de los
creativos como de aquellos que lo son menos. Así este nuevo elemento potencia
la idea de que ser creativo es una cuestión de grado, de nivel de asociación
con algo definido como prototipo de persona creativa.
Y como vemos, los
procedimientos están asociados a la persona, al tema de que se trate y también
a que la gente reconozca como especial y sorpresivo el resultado obtenido.
Es todavía una cuestión
abierta y agregan complejidad al tratamiento del tema de la creatividad
aspectos como la presión publicitaria, en el sentido de lograr la penetración
en el mercado de tal o cual producto o
personaje al que se hace famoso por un exiguo tiempo, o que adquiere notoriedad
en poblaciones especificadas, que logra reconocimiento y aclamación por
multitudes y por tiempos considerables, pero terminada su visibilidad
desaparecen del escenario dejando tras de sí menos vestigio que los leves
aleteos de una mariposa. En cambio otros se convierten y convierten sus obras
en tradición o en clásicas.
¿Cómo definir, entonces, la creatividad? Ya resulta delicado distinguirla de conceptos como genialidad, superdotación o arte; comprometido situarla en un marco neurofisiológico; inviable discernir si ubicarla en la personalidad o en la inteligencia. Pero definirla, describirla, es como pedir al agua que haga de cauce.
En principio, como dice
Boden (1991, p.51), tenemos definiciones
operativas de la creatividad, pero no una definición conceptual. Es decir,
estamos en una situación similar a la del descubrimiento de la electricidad:
nadie sabía qué era aquello, pero se tenía una clara experiencia de su
descarga. Probablemente hemos de tener mucha paciencia con el problema de la
definición conceptual de la creatividad. Parece tratarse de un problema similar
al que existe en la Psicología sobre la definición de la inteligencia. Durante
muchos años los psicólogos se han estrellado tratando de dar una definición que
conceptualizara el fenómeno de la inteligencia: en 1921 y en 1986 se celebraron
dos estentóreos simposios mundiales sobre el tema que sirvieron para comprobar
la imposibilidad de la definición. Hoy día se abre camino la postura de, al
menos por ahora, reconocer a la inteligencia como un concepto primitivo, no
definido ni definible, pero que encuentra significación en las teorías y a su
vez hace posible la definición de los demás conceptos de las mismas. Un
planteamiento que no es ajeno al resto de las ciencias.
Parece bastante claro que hay que adoptar el mismo planteamiento para
la creatividad. Probablemente nos imposibilita la definición conceptual la
enorme complejidad del concepto. Como afirman Runco y Sakamoto (1999, p.62), “La creatividad se encuentra entre las más
complejas conductas humanas. Parece estar influida por una amplia serie de
experiencias evolutivas, sociales y educativas, y se manifiesta de maneras
diferentes en una diversidad de campos”. Es, por tanto, necesario romper
con la idea de que la creatividad es un rasgo simple e interior del sujeto
(aunque esto nos facilitaría una relativamente fácil definición de la
creatividad). No es un rasgo simple porque, por un lado tiene que ver con
muchos rasgos del sujeto: el estudio del individuo creador supone el estudio de
su mente y su personalidad, los procesos cognitivos que en él se realizan, su
mundo afectivo y motivacional: de manera que considerada la creatividad como
rasgo es necesariamente un rasgo muy complejo, lo que técnicamente consideraríamos
como un factor de orden superior. Pero
además, es cierto que no podemos comprender al sujeto si nos limitamos al
estudio aislado de su interior: los individuos humanos no existen como islas en
el espacio, sino en una esencial interacción de sistema abierto con los demás
sistemas, en transacción imprescindible con el contexto. No se puede hoy día
comprender la conducta del individuo sin el análisis de la interacción con su
entorno (ambiente general, grupo social e influencias sociales y culturales que
recibe y con las que interacciona). El resultado es que lo que llamamos
“creatividad” es un fenómeno de tal manera complejo que algunos optan por
describirla no como un rasgo sino como un síndrome (es decir, un conjunto de
síntomas), o esencialmente un conjunto. Algunos le atribuyen tal complejidad
que piensan en la necesidad de una nueva disciplina (la “creatología”) para
poder comprenderla.
Para los psicólogos es bastante evidente hoy día que la creatividad
debe ser considerada como un constructo multidimensional, que representa la
interacción o confluencia entre múltiples dimensiones. Por aquí van las
aportaciones actuales más fecundas. Podríamos citar algunas de estas teorías.
Para Feldman, D. H. (1999) las dimensiones implicadas en la creatividad serían
básicamente los procesos cognitivos, los procesos socioemocionales, los
aspectos familiares evolutivos y actuales, la educación y preparación, las
características del dominio (el contenido teórico) y el campo (el grupo
social), los aspectos contextuales socioculturales, las influencias históricas
(sucesos y tendencias). Amabile (1983) elaboró un modelo de la creatividad
formado por tres componentes: las destrezas importantes para el campo (pintura,
matemáticas...), las destrezas importantes para la creatividad, y la motivación
intrínseca. Csikszentmihalyi (1988, 1996) propone un modelo de sistemas en el
que se da esencialmente la interacción del individuo, el dominio y el campo,
Sternberg y Lubart (1997) hablan de la confluencia de seis recursos interrelacionados:
las capacidades intelectuales, el conocimiento, los estilos de pensamiento, la
personalidad, la motivación y el ambiente.
La hipótesis sobre la manera como se conectan estas diferentes
dimensiones y sobre la que trabajan los diferentes investigadores, es también
compleja y contempla diferentes planos y aspectos (Sternberg y Lubart, 1999,
p.12). La creatividad no es igual a una simple yuxtaposición, ni siquiera a una
suma de la potencialidad de las diversas dimensiones, sino más bien una integración
de las mismas según ciertas condiciones e interrelaciones. Puede ocurrir, por
ejemplo, que sea necesario un umbral mínimo de alguna dimensión (como la
inteligencia), de manera que si no se sobrepasa este umbral la creatividad es
imposible aunque el sujeto posea las demás dimensiones en grado excepcional. La
debilidad de algunos otros componentes (por ejemplo una habilidad técnica no
excepcional) puede ser contrarrestada por la excelencia de otras (como puede
ser la altísima motivación). Se dan necesariamente interrelaciones entre todas
las dimensiones: pero algunas de estas interrelaciones pueden tener un efecto
multiplicador importante de la creatividad (como puede ocurrir en una alta
interrelación entre motivación, inteligencia y conocimientos).
Todas estas complejidades contribuyen también a que la definición
conceptual de la creatividad resulte una tarea imposible. Lo cual no ha
impedido que haya innumerables intentos de definición: unos con intención
conceptual, otros operativa, y otros con una ambiciosa mezcla de las dos
intenciones. El problema está en que han caído muchos en la fácil tentación,
cuando no se tienen comprobaciones empíricas suficientes, de adelantar en las
definiciones las teorías aún no comprobadas, o de no arriesgarse a plantear presupuestos
básicos. Quizá por esto, Taylor (1975, p.2) decía: “Las definiciones de creatividad son frecuentemente engañosas: dicen
demasiado o excesivamente poco. Pueden,
con todo, proporcionar un punto de arranque para una investigación más extensa
y sistemática”. A pie de página[2] aportamos algunas de las
definiciones más prudentes. Parten de diferentes teorías y paradigmas y
necesariamente se diferencian entre sí. Aunque es bueno subrayar que en general
estas definiciones no se enfrentan contradictoriamente: tendremos ocasión de
notar cómo existe una confluencia importante entre las diferentes teorías
actuales de la creatividad que, aun desde paradigmas y métodos diversos, están
haciendo propuestas perfectamente compatibles e integradoras. Mientras tanto,
dada nuestra imposibilidad de definición conceptual, para andar por casa,
podríamos utilizar operativamente la siguiente definición inicial: “¿Qué es una persona creativa?. Los
psicólogos generalmente están de acuerdo en que para ser creativo se necesita
generar ideas que sean relativamente nuevas, apropiadas y de alta calidad”.
(Sternberg y Lubart, 1997, p.18). Por supuesto, no está encerrado aquí todo lo
que se encierra en la actividad creadora. Pero sí unos elementos básicos de
discernimiento, que nos permiten acercarnos sin ambigüedad al fenómeno de la
creatividad (cfr. Alonso Monreal, 2000, p. 53-57).
2.- Las aplicaciones de la creatividad
La dimensión psicológica de la
creatividad es un constructo complejo y teórico que alude, como se ha visto, a
una multitud de características del comportamiento. La perspectiva aplicada del
mismo ofrece una riqueza diagnóstica y unas posibilidades de intervención para
el psicólogo en múltiples ámbitos de su actividad profesional.
La creatividad participa en la explicación de claves relevantes en las
conductas de excelencia, por lo que su aportación nos informa principalmente de
las posibilidades y los problemas generados en
torno al alto rendimiento. Pero la creatividad se define como un rasgo
universal y alude también de forma directa a pautas existenciales y laborales
cotidianas. Resolver adecuadamente una situación familiar, realizar con
brillantez el trabajo para una asignatura en la Universidad, improvisar una
cena de amigos con el frigorífico escaso, concebir nuevas posibilidades de
ahorro, dilación, extorsión, trabajo, donación o cualquier otra para hacer
frente a la hipoteca, llegar a fin de mes, intuir un pequeño negocio, redactar
un poema para tu novia, conseguir una cita, optimizar el ambiente de trabajo,
colocar los muebles nuevos de la habitación, y tantas otras, son
situaciones cotidianas que resolvemos gracias a este afortunado recurso.
Pero hay muchas otras, en general relacionadas con lo que se puede
considerar un trabajo que evoluciona, crece y se adapta, que a diario marcan
las diferencias de la satisfacción y el éxito laboral. Millones de personas
hacen cada día su aportación creativa a un mundo que evoluciona mucho más
deprisa que las especies que lo sostienen.
La creatividad no es una cosa de artistas, diseñadores industriales,
grandes empresarios, inventores, publicistas o políticos, que también. Es de
todos. En cualquier diminuto puesto de trabajo, en la escuela, en los pequeños
y grandes negocios, en la concejalía o la consejería, poder contar con la
persona creativa en el puesto adecuado supone la posibilidad de subsistir en
tiempos cambiantes, de crecer, de optimizar los recursos, de alcanzar la
excelencia. En la vida cotidiana, en el ocio, en las relaciones humanas, en la
pareja, en los propios planteamientos vitales, haber logrado desarrollar la
creatividad y permitir que fluya confiadamente, puede marcar la diferencia
entre el hastío y la alegría, entre la depresión y la autorrealización.
Para la práctica profesional del psicólogo, la creatividad es un
referente inexcusable en la evaluación y la intervención clínica, educativa y
organizacional. Además está el ámbito del arte, el diseño y la publicidad,
donde el interés del psicólogo en relación con la creatividad tiene que ver con
que ésta es el eje central de la actividad que allí se desarrolla.
En la práctica clínica, el conocimiento de la creatividad nos permite
distinguir planteamientos existenciales autolimitantes, inhibiciones más o
menos graves, inflexibilidad para abordar los problemas, o las relaciones, etc.
Pero además, una posible demanda de asistencia es hecha por niños o adultos
creativos o superdotados, no siempre bien identificados, entendidos ni
apoyados; con fuertes problemas de inadaptación; con desconocimiento, rechazo o
infravaloración de sus capacidades; con dificultades de socialización, y tantas
otras. Identificar qué parte de estos conflictos puede estar relacionada con
una dotación creativa, reubicar al sujeto ante su capacidad, enseñarle pautas
adaptativas, liberarle de inhibiciones, son tareas profesionales cada vez mas
demandadas y necesarias, y con posibilidades de éxito terapéutico notable.
En la práctica educativa, la aplicación de la creatividad tiene dos
grandes vertientes y posibilidades: por una parte la identificación del niño
creativo, generalmente conflictivo y mal entendido por los profesores.
Comprender correctamente su problemática y darla a entender a los profesionales
que lo atienden es una tarea muy eficaz de cara a su adaptación escolar, también
sin duda, de cara a su éxito escolar y posiblemente profesional. Es un hecho
descrito infinidad de veces cuántos de estos niños quedan marginados del
sistema escolar por falta de una detección a tiempo y una ayuda adecuada. Por
otra parte, lo que es la propia práctica de la creatividad en la docencia, sea
como método de trabajo para el docente, o como propuesta de objetivo para el
curriculo. Una clase creativa es un foro para el pensamiento, un antídoto para
el aburrimiento, una fuente de motivación para los alumnos, un recurso
garantizado ante los disruptores y un caldo de cultivo para la excelencia.
En la práctica organizacional la creatividad es un recurso obligado. La
empresa es un lugar de emprendimientos, de innovación, de búsqueda y
adaptación. Muchos de los puestos de mayor responsabilidad en una organización,
empresarial, política o asistencial, exigen de sus ocupantes perfiles altamente
creativos. Otros no. Seleccionar adecuadamente a unos y otros, formar a los
destinados a determinadas funciones para el desarrollo de su capacidad
innovadora, aplicar técnicas para la producción de nuevas ideas, son todas
ellas tareas del psicólogo organizacional. Uno de sus recursos inexcusables ha
de ser un adecuado conocimiento de la creatividad, tanto en su dimensión de
recurso del capital humano de su empresa, como en su dimensión de técnica
aplicable a diferentes actividades de su organización.
Adicionalmente, la creatividad es una variable de relevancia extrema en
el mundo de las artes, el diseño y la publicidad. Con menor intensidad, también
podríamos incluir aquí la comunicación, la política, la ingeniería, la
investigación, etc. Se trata de todas aquellas actividades donde el eje central
del trabajo a desarrollar exige un componente importante de creación, puesto
que sus productos han de ser permanentemente nuevos, y porque precisamente gran
parte de su éxito recae directamente sobre la mayor o menor creatividad que
comporten. Se trata de actividades donde el estrés de la novedad marca cada
minuto, donde los rendimientos se miden no por el esfuerzo ni el tiempo, sino
por la sorpresa, por el éxito. En este ámbito no se trata sólo de seleccionar,
que también; sino de cuidar día a día la salud mental de quienes los practican;
de ayudar a superar las crisis de producción; de ofrecer recursos técnicos
alternativos de innovación para cuando la demanda supera la oferta, para cuando
llega el agotamiento; de prever los estados emocionales disruptivos, y de
ayudar a salvarlos; de estimular las nuevas búsquedas y facilitarlas; de
detectar grandes genios que puedan haber pasado desapercibidos. Una multitud de
tareas para el psicólogo dedicado a estas lides. Es un ámbito restringido, pero
de una relevancia social y económica impresionante, un espacio donde la excelencia
y la banalidad compiten a diario, y donde la creatividad marca las diferencias.
3.- Teorías de la creatividad
Sintetizar la historia de la preocupación y la
investigación de la creatividad es bastante complejo. A quien le interese
seguir el discurso histórico que han seguido las diferentes líneas de
investigación, le sugerimos la lectura de Taylor (1975), quien hizo una
conocida síntesis que, aunque resulta algo reduccionista (no todos los autores
se autosituarían donde Taylor los coloca), da una idea bastante detallada de
líneas, autores y referencias puntuales.
En perspectiva, y partiendo de la clasificación de
Taylor, podría decirse que la creatividad ha sido tratada desde todos los
ángulos imaginables. Estos se extienden a lo largo de los siglos desde la
postura de asombro de los "inspirados" o embargados por la
"locura divina" (esto significa enqousiastikoj, entusiasmado)
hasta las teorías actuales del procesamiento de la información y planteamientos
cognitivos. Puede hablarse inicialmente
de una línea mágica o poética que de
alguna manera intenta hacer pervivir el impulso primitivo de la magia, y que ha
persistido hasta hace no mucho (Rothbart, 1972). En los planteamientos más
generalizados de la Psicología, se ha tratado la creatividad desde un aspecto
básicamente biológico (Galton, 1870;
Berlyne, 1971), o básicamente ambiental
(Osborn, 1953; Parnes, 1962), o como un resultado
mixto de fuerzas hereditarias y ambientales (Wertheimer, 1945), o como un producto de la personalidad estudiado tanto desde la
teoría de los rasgos, como desde el psicoanálisis o las teorías humanistas, o
como un producto básicamente cognitivo
(Guildford, 1968: Sternberg, 1988).
Nosotros vamos a centrarnos en los hallazgos sobre la
creatividad obtenidos en dos contextos: el de la psicología de los rasgos y el de la psicología de los procesos. Vamos a intentar agrupar los hallazgos
básicos sobre la creatividad en torno a dos ejes: las características del individuo creativo y las características
del producto creativo.
3.1.- El
individuo creativo
La intención nuestra es permitir, de alguna manera,
contemplar cómo se construye el individuo creativo en los dos contextos
teóricos de los rasgos y de los procesos. Como ya sabemos, y aquí comprobaremos
una vez más, rasgos y procesos son realidades distintas, pero no antagónicas.
3.1.1.- El individuo creativo en el contexto de la Psicología de los
rasgos
En el contexto de los rasgos se ha investigado la
creatividad fundamentalmente en relación
con dos aspectos básicos: la personalidad
(sistema afectivo-motivacional) y la inteligencia (sistema cognitivo).
Utilizando la denominación clásica, agrupamos los principales planteamientos de
la teoría de los rasgos en torno a los términos personalidad e inteligencia.
3.1.1.1.‑ La personalidad del individuo creativo
La Psicología científica se encontró con una aportación
cuantitativamente muy importante sobre personalidad y creatividad hecha por el
Psicoanálisis. Desde Freud mismo, los psicoanalistas han estado muy interesados
por el hecho de la creatividad fundamentalmente artística y, como no podía ser
de otra manera, de los aspectos motivacionales y psicológicamente conflictivos
como interés fundamental. Esta información pesó de manera importante en muchas
de las investigaciones sobre la creatividad surgidas en la Psicología de los
rasgos. Constantemente pesó la idea de las motivaciones para la creatividad y
que algo relacionado con la salud mental
iba y venía entre rasgos y creatividad. Las hipótesis fueron muy diversas. Es
posible que globalmente la postura de Cattell, R. y Drevdahl, J.E. (1958) sea
la que más acertadamente ha expresado una teoría de relación de personalidad
con la creatividad: según ella, determinadas diferencias en personalidad entre
individuos, o son necesarias para la creatividad o de alguna manera están
implicadas en ella, aunque puede ser de forma transitoria por deberse a
situaciones ambientales que pueden cambiar.
3.1.1.1.1.- Cuestiones básicas
La Psicología de los rasgos tuvo que intentar resolver una
cuestión fundamental que, de alguna manera, se enfrentaba a la corriente más
vieja del pensamiento mágico que estimaba que la creatividad era cosa de pocos
y privilegiados. No fue fácil el abrirse camino para la idea de que la
creatividad es una característica universal de todos los individuos, y puede
decirse que ha sido relativamente lento el llegar a una convicción definida
sobre el tema. La universalidad de la creatividad fue una adquisición
creciente. Entre los que expresamente han planteado el tema, podemos recordar a
Steinberg, L. (1964), quien dice que la creatividad es una aptitud con la que
el individuo nace, un rasgo universal: pero, a la vez, esta característica
universal de la naturaleza humana puede inhibirse por aculturación; a Martin,
A.R. (1950, 1952) que no cree en la diferencia entre creativos y no creativos:
son los conflictos íntimos los que inhiben la creatividad; a Maddi, S.R.
(1965), para quien lo que realmente hace que se produzca el acto creativo es
la motivación, que como opinan Murray (1938) y McClelland (1951) debe ser
pluralística. Lo que nadie dice es que este rasgo sea del mismo nivel en todos
los individuos. Presenta formas y potencias distintas en cada uno de los
individuos.
Aquí surge un nuevo interrogante para la Psicología de
los rasgos. Si admitimos la universalidad del rasgo, parece que deberíamos
rechazar que los orígenes de la creatividad se deban a las diferencias de
personalidad. Y efectivamente es así en cuanto a la existencia de la capacidad
básica creativa. Lo que la creatividad va a deber a las diferencias de
personalidad va a ser la historia personal y el perfil concreto de creatividad
de cada sujeto: el distinto nivel o forma o estilo de creatividad, así como el
hecho de la inhibición de la creatividad a partir de determinados rasgos.
Desde esta plataforma, la Psicología de los rasgos se
planteó una nueva cuestión: ¿las diferencias de personalidad son predictivas de
la creatividad?. Hay matizaciones
importantes en la manera de responder a este interrogante. Unos opinan, como
Guilford, J. P. (1967), que las cualidades temperamentales y de motivación pueden ayudar a identificar a los
creativos, pero no son indicio independiente cada una de ellas, ni globalmente
todas juntas, de la creatividad ni del proceso creativo. De otra manera opina
Cattell, R.B. (Cattell, Eber, y Tatsuoka, 1970), hasta el punto de que creó su
"ecuación de creatividad" (con esquizotimia, imaginación y
sensibilidad como características nucleares productoras de creatividad en el
16 PF). En esta línea ha habido otros
intentos de desarrollar predictores similares para otros cuestionarios,
realizados por el IPAR (Hall y McKinnon, 1969).
La abundante investigación ha encontrado correlaciones
entre personalidad y creatividad: esto parece hablar a favor de una posible
predictibilidad, por lo menos en la línea de Guilford: es decir, como ayuda y
como parte del complejo multidimensional de componentes de conducta que
producen los actos creativos. En definitiva, el sistema afectivo-motivacional
acompaña al acto creativo, pero no lo produce. Se hace, pues, necesaria una
amplia investigación, y no sólo de la predicción de la capacidad básica de la
creatividad, sino sobre todo de la predicción de las distintas formas y estilos
(en el sentido de Taylor, I.A.) de creatividad, que es donde más oportunidad
predictiva parecen tener las características de personalidad.
3.1.1.1.2.- Características de personalidad de los creativos
Las investigaciones realizadas en este campo han sido
ingentes, y pertenecen en su gran mayoría a la década prodigiosa. Uno de los autores (Alonso Monreal, 1983) ha
hecho una síntesis, que ahora resumimos, de las características de personalidad
que han ido descubriendo las investigaciones dentro de la Psicología de los rasgos.
Para su comprensión debemos advertir fundamentalmente dos ideas. Estas
investigaciones han sido hechas sobre personas diferentes, a veces grupos
específicos y determinados (arquitectos, escritores, pintores...), y a veces
personas sin especial determinación (estudiantes, varones, mujeres...). Dada la
enorme aportación de investigaciones, hemos tratado de alguna manera de
sistematizarlas y ordenarlas en torno a unas coincidencias de significado.
Hemos procurado que no ocurra, pero es posible que al intentar esta confluencia
sistemática hayamos caído en el
inevitable peligro del sesgo. Hay que tenerlo en cuenta. Indudablemente hemos
tenido que prescindir de aspectos y elementos menores que enriquecen el
conocimiento de cada característica, pero harían prolija e ininteligible la
sistematización.
Estas son las agrupaciones de resultados que nos parecen
posibles respecto a los rasgos de personalidad de los individuos creativos.
- Complejidad.
Psicodinámicamente son complejos, pero a la vez con mayor potencial para una
síntesis compleja del yo. Sienten preferencia por la complejidad y cierto grado
de aparente desequilibrio en los fenómenos (Barron, F. 1968). Poseen un alto
nivel de tolerancia de la ambigüedad. Prefieren el desorden, al menos en las formas
visuales, pero con deseo de resolver la ambigüedad y el desorden (Guilford,
J.P. 1975)
- Impulsividad.
Son impulsivos, no disciplinados (Guilford, J.P. 1975). Son menos controlados
(Rees, M. G. y Goldman, M. 1961). Rechazan la supresión como mecanismo para el
control del impulso: de aquí que se prohiben menos pensamientos (no aceptan
los tabúes) y tienen un cierto tipo de indisciplina que corresponde
psicoanalíticamente al primer estadio anal (Barron, F. 1968). La creatividad
está asociada con la falta de negativismo y con el entusiasmo positivo más que
con actitudes críticas (Thurstone, L.L. 1952). Son personas genuinamente serias
y responsables (McKinnon, D.W. y otros, 1961), aunque Rees, M.G. y Goldman, M.
(1961) los encuentran menos graves y reflexivos. Tienen gran sentido del humor
(Guilford, J.P. 1975, Getzels, J.W. y Jackson, P.W. 1958). Necesidad de
aventura: puede ser la razón de su tendencia al riesgo (Guilford, J.P. 1975;
Brim, D.G. y Hoef, D.B. 1957).
- Identidad sexual.
Los creativos tienden a tener una puntuación alta en Mf (femineidad) del MMPI,
lo que puede explicarse por el amplio espectro de intereses, muchos de los
cuales son propios del sexo femenino. Biográficamente parece haberse originado
en una identificación ambigua con los padres (McKinnon, D.W. 1962). La
tendencia a modelos femeninos de interés y conducta podría relacionarse con la
bisexualidad de los creativos de que hablan los psicoanalistas (Rees, M. G. y
Goldman, M. 1961). Los jóvenes artistas tienen intereses femeninos y las
jóvenes tienen intereses masculinos (Guilford, J.P. 1975; Getzels, J.W. y
Csikszentmihalyi, M. 1976) Los científicos en general no sienten gran
admiración por la madre, aunque no se rebelan contra ella: son más bien
distantes que rebeldes. En los físicos investigadores aparece una mayor
distancia entre padre‑hijo. (McClelland, D.C. 1962). El individuo
original tiene imperfectamente internalizadas las reglas paternas,
particularmente las acompañadas por una clase contrastante de reglas: la
fuerza del superyo es baja (Anderson, CH. 1966).
-Sociabilidad.
Bajo nivel de sociabilidad, y a la vez seguridad y valentía ante el grupo
social (Guilford, J.P. 1975, Thurstone, L.L. 1952, Garwood, D.S. 1964). Menos
amistosos, más hostiles y agresivos, lo que podría interpretarse como
inseguridad (Rees, M.G. y Goldman, M. 1961). Son introvertidos (Guilford, J.P.
1975). Menos extravertidos y sociales que el promedio de las personas
(Thurstone, L.L. 1952). Hay una fuerte relación del psicoticismo (según
Eysenck) con el pensamiento divergente (Claridge, G. 1972; Woody, C. y
Claridge, G. 1977).
-Disposiciónes para
el cambio. Los creativos tienen un alto nivel de intereses (McKinnon, D.W.
1962). Son menos sumisos a la realidad: no aceptan las cosas como son, quieren
mejorarlas. Sienten gran necesidad de variedad (Guilford, J.P. 1975). Son más
flexibles y fluidos (Crutchfield, R.S. 1963, y passim Guilford, Barron,
McKinnon, Taylor, etc.).
- Autoconfianza.
Su autoevaluación y autoconfianza son altas (Guilford, J.P. 1975; Taylor, C.W.
y Ellison, R.L. 1964). Tienen seguridad y valentía ante el grupo social
(Guilford, J.P. 1975; Thurstone, L.L. 1952; Carwood, D.S. 1964), aunque Rees,
M.G. Y Goldman (1961) los perciben inseguros, y por eso agresivos. Son más
líderes que seguidores. Sienten fuerte necesidad de ser reconocidos por los
otros (Guilford, J.P. 1975). Tienen un alto nivel de aspiración para sí mismos
(McKinnon, D.W. 1962).
- Autosuficiencia.
Guilford, J.P. (1975) los ve con un alto nivel de autosuficiencia, pero con
fuerte necesidad de autonomía y autodirección. McKinnon, D.W. (1962) por el
contrario los ve preocupados con la propia suficiencia como personas.
- Independencia de
juicio. Valoran su propia independencia o autonomía (McKinnon, D.W. 1962).
Son inconformistas (Anderson, CH.C. 1966). Es condición indispensable para que
exista la creatividad (Maslow, Rogers, May). Barron, F. (1968, 1969) es quien
más ha estudiado este aspecto y sus conclusiones son generalmente aceptadas.
Piensa que las personas originales son más independientes en sus juicios, lo
que parece contener estos factores: en los independientes parece haber:
a) una cierta evaluación positiva del entendimiento y la
originalidad cognitiva, así como del espíritu de libertad de prejuicios;
b) un alto grado de implicación personal y reacción
emocional;
c) falta de facilidad social, o ausencia de las virtudes
sociales comúnmente evaluadas.
- Salud Mental.
Aunque parezca un poco sorprendente, el tema de la relación de la creatividad
con la salud mental ha sido un tema muy estudiado, y sobre el que sigue siendo
frecuente encontrar estudios sobre todo en revistas de Psiquiatría. Puede
decirse que hay dos líneas básicas de opinión: los que creen que la creatividad
está relacionada con el conflicto mental y los que opinan que está relacionada
con la salud. Entre los que relacionan la creatividad con el conflicto la
figura paradigmática es Lombroso (1891), quien del estudio de los genios
históricos deduce que la genialidad es una “psicosis degenerativa del grupo
epileptoide”. Nadie le acepta hoy ni sigue este original diagnóstico. Pero actualmente
resucita por otros caminos: Hasenfus, N. y Magaro, P. (1976) han hecho
estudios sobre creatividad y esquizofrenia en las que encuentran una igualdad
de constructos empíricos (fluencia ideacional, superinclusión y complejidad de
la percepción), que no hacen esquizofrénico al creativo ni siquiera
esquizotímico: pero que abren interrogantes para las conexiones entre salud y
enfermedad.
La prolongación real de la tradición de Lombroso ha
consistido en situar el origen de la creatividad en relación con el conflicto
psicológico. Entre las teorías que subrayan la importancia del conflicto psicológico en el origen de la
creatividad, ocupa el primer lugar el
psicoanálisis. Freud, S. (1910) establece que la obra artística equivale a la
sublimación de la neurosis del artista originada en los conflictos edípicos
que están así presentes en todas las obras del artista. Llegó a afirmar que un
artista psicoanalizado dejaría de ser artista.
Hay otras teorías que, aun situando el origen de la
creatividad en relación con el conflicto, lo que subrayan es el esfuerzo por
alejarse de él. De la línea psicoanalítica deberíamos situar aquí a Jung: en
realidad sigue pensando que la obra de arte realiza una función estructurante
(quizá terapéutica) de la personalidad del artista: pero la obra de arte no es
sólo función de la psicología del artista, sino expresión de su época, obra
colectiva. Aquí situaríamos también a Kris, E. (1952) con toda su importancia
en el psicoanálisis del arte: afirma expresamente que la potencialidad
creativa surge en conexión con los conflictos primitivos de la persona, pero
el éxito depende del grado en que la actividad se ha vuelto autónoma y se ha
alejado del conflicto.
Entre los científicos, situaríamos aquí a dos nombres
muy conocidos, quizá representativos de otros. Uno es Vigotski, L.S. (1970),
quien ataca y niega las concepciones psicoanalíticas del arte: él lo define
como catarsis, no en el sentido usual, sino como solución de problemas de
personalidad. Otros nombres son Cattell, R.B. y Drevdal, J.E. (1958), quienes
dicen que el individuo creativo no es el que mejor se puede definir como
"ajustado" sino como el "divino descontento": aluden a que
con frecuencia se encuentra en ellos alta ansiedad. En realidad más que un
acento patológico, quieren poner un acento en la diferencia respecto a la
media.
La posición que tiende a predominar entre psicólogos
científicos es la de que la creatividad
se relaciona más con la salud mental. Galton, F. (1878) veía la salud
como una característica de los científicos. Guilford, J.P. (1975) dice que los
creativos no son ni neuróticos ni psicóticos: los que puntúan alto en
producción divergente tienden a puntuaciones un poco más bajas en tendencia
neurótica o inmadurez emocional, lo cual es consistente con la observación
común de que los neuróticos son menos creativos. Barron, F. (1958) opina que
aunque la persona creativa puede aparecer como desequilibrada, puede de hecho
ser más saludable que el promedio. McKinnon, D.W. y otros (1961) afirman que no
hay evidencia empírica que apoye la postura de una relación necesaria entre creatividad
y neurosis: los estudios del IPAR han mostrado que las personas creativas son
superiores en las escalas de fuerza del yo, lo que presumiblemente ofrece
creativos con mecanismos adecuados para manejar los problemas. Varios estudios
confirman que no existe relación entre la ansiedad y la creatividad (Wadia, D.
y Newell, J.M. 1963; Ruebush, B.K. 1963; Feldhusen, J.F., Denny, T., Condon,
Ch.F. 1965). Rees, M.E. y Goldman, M. (1961) afirman que no hay indicación de
que la creatividad esté relacionada con el desajuste emocional en la población
experimental (aunque en ella no había sujetos de estatura creativa
indiscutible).
Recientemente Sandblom (1995), en un anecdótico y curioso
libro, ha ofrecido una dirección reductivamente práctica: “cómo influye la
enfermedad en la literatura, la pintura y la música”; y Prentky (1989) tras
estudiar artistas relevantes diagnosticados de esquizofrenia o desórdenes
afectivos o de personalidad concluye que
creatividad y psicosis no están relacionadas causalmente. Aunque quizá
como Sandblom él cree que la verdadera pregunta no es ésa, sino más bien si la
comprensión de la enfermedad mental ofrece algún insight sobre el proceso creativo.
3.1.1.2.‑ La inteligencia del individuo creativo
Las relaciones entre creatividad e inteligencia plantean
dos interrogantes básicos. ¿Es lo mismo ser creativo que ser inteligente? ¿A
una inteligencia alta o baja corresponde siempre una creatividad alta o baja, y
viceversa? Veamos cuáles han sido las respuestas de los investigadores.
Durante mucho tiempo se identificó al individuo creativo
con el individuo inteligente, de manera que no se diferenciaba entre
creatividad e inteligencia. El primero que establece formalmente la diferencia
es Guilford (1950): según su teoría había determinados factores de la
inteligencia que eran característicos de la conducta creativa. Dentro de su
modelo estos factores están en el eje "operaciones del pensamiento" y
confirman la hipótesis de Barron de que los creativos tienen una estructura
intelectual más compleja que los no creativos. Estos factores son los siguientes:
a) Los conocimientos (cogniciones), que presentan la capacidad de
comprender datos. Tienen menor relación con la creatividad.
b) La memoria que es, en general, necesaria para el saber, para los
conocimientos. También tienen menor relación con la creatividad.
c) La producción divergente, o pensamiento divergente que conduce a
diversas posibilidades de solución de un problema, o, según otros, que se
diversifica de la norma social. Ambas acepciones se encuentran en la literatura
psicológica como sinónimos de "pensamiento creador". Guilford destaca
tres grupos de factores: Fluidez
(figurativa, verbal, de ideas, de asociación, de expresión), flexibilidad (espontánea, que permite al
individuo reestructurar por sí mismo los datos de que dispone; de adaptación,
cuando hay indicaciones adicionales), elaboración
(producción cuantitativa y cualitativa). Guilford califica a la flexibilidad
adaptativa de "originalidad" y cree que es la condición más
excepcional del individuo creador.
d) La producción convergente. Aunque parezca un factor de difícil
correlación con la creatividad, Guilford estima imprescindibles para la misma
dos grupos de factores convergentes: la capacidad de establecer un orden entre
datos muy diversos y proceder a su transformación.
e) La evaluación. Según Guilford es necesaria a lo largo de todo el
proceso creativo tanto para hacerse cargo del problema inicial como para la
comprobación de los pasos lógicos y de la solución definitiva.
Otra línea de trabajo que ha resaltado la independencia de
la inteligencia respecto a la creatividad es la de Getzels y Jackson con las
controversias que ha originado. El punto de partida fue un estudio (Creativity
and Intelligence, 1962) con adolescentes, del que dedujo la diferencia entre
alta creatividad y alta inteligencia, aunque ambas eran factores predictivos
del éxito escolar. A partir del estudio de Getzels y Jackson surgió una intensa
polémica. Otros estudios (Fletscher (1963), llegaron a una conclusión
contraria: cuando el C.I. es más semejante a la población general (más cercano,
por tanto, a la media) hay menos relación entre creatividad y éxito académico
que entre inteligencia y éxito académico. En otro estudio, Torrance (1963)
llega a la conclusión de que los niños con creatividad alta aparecen en las
aulas separados del grupo restante: si son aceptados es porque han renunciado a
su originalidad. En un estudio posterior, Getzel y Jackson encuentran que los
profesores suelen preferir a los alumnos de C.I. elevado más que a los de
creatividad elevada, de los que rechazan su humor exasperante. Los de capacidad
creadora más elevada son más libres, imaginativos, humoristas, agresivos. Se
considera que, tras otras intervenciones (puede verse la descripción de la
polémica en Butcher (1974), páginas 122-136) fue un estudio de Wallach y Kogan
(1965) el que estableció unos resultados que hoy día se aceptan generalmente
como comprobados. Puede afirmarse que no son lo mismo la creatividad y la
inteligencia. Parece que para que exista un buen nivel de creatividad es
necesario un cierto nivel de inteligencia. Inteligencia y creatividad
interactúan entre sí y dan origen a cuatro grupos básicos de sujetos:
1.- Individuos con
inteligencia alta y creatividad alta: dan pruebas de control de sí mismos y de
libertad, tanto en conducta adulta como infantil,
2.- Individuos con
inteligencia baja y creatividad alta: generalmente son individuos con fracaso
escolar y personal. Pueden ser favorecidos por un ambiente permisivo.
3.- Individuos con
inteligencia alta y creatividad baja: centrados en el rendimiento escolar:
sienten como una tragedia el fracaso escolar.
4.- Individuos con
inteligencia baja y creatividad baja: individuos profundamente perturbados, con
grandes problemas de orientación.
En resumen. Al final de la polémica dentro de la
psicología de los rasgos, la conclusión más importante puede establecerse en el
hecho de que inteligencia y creatividad tienen estructura propia y distinta, y
que existen profundas interacciones entre una y otra.
3.1.2.- La creatividad como proceso
El estudio del proceso creativo es uno de los campos de
investigación más prometedores dentro de la evolución cognitiva de los
paradigmas de la Psicología. En parte, porque está casi todo por recorrer. Pero
curiosamente, y dentro de las limitaciones teóricas y metodológicas
inevitables, ha sido a su vez un campo por el se ha interesado intensamente el
paradigma correlacional. Sus hallazgos están siendo asumidos como macroprocesos
por la Psicología cognitiva que, a su vez, ha introducido el estudio de
macroprocesos de menor amplitud. De manera que podemos organizar la revisión de
las vías cognitivas en dos pasos, referido el primero a los macroprocesos más
amplios, y el segundo a los macroprocesos intermedios, menos amplios.
3.1.2.1.- Los procesos fenomenológicos (macroprocesos) de la
creatividad
Puede verse una
amplia síntesis de las investigaciones sobre el proceso creativo (macroproceso)
en Ulmann, G. (1972), pp.28‑48. Aquí nos limitamos a aludir a las
hipótesis e investigaciones más clásicas.
Dentro del estudio de los procesos de creatividad se ha
desarrollado una doble dirección.
Unos han intentado buscar lo que tienen en común los diversos procesos de
creatividad. Otros se han inclinado hacia ulteriores análisis de diversos
procesos creativos para diversos productos. En esta segunda dirección la
atención principal se ha dirigido a la creatividad científica y a la
creatividad artística, y todavía se ha especificado más en procesos concretos:
por ejemplo, en procesos artísticos visuales; en procesos artísticos musicales;
en procesos artísticos verbales; en procesos creativos matemáticos. Esta
segunda dirección es interesante al acercarse al hecho empírico concreto. Sus
resultados son imprescindibles para conseguir un acercamiento global a una
teoría del proceso creador. No es éste lugar para poder desarrollar todas estas
vías. Pero no debe olvidarse en la investigación que éste es el largo camino
necesario. Mientras tanto, veamos cómo han funcionado las hipótesis más
globales que se hicieron hasta el momento sobre el proceso creador (Ulman,
1972).
Dewey (1910) describe cinco niveles en el proceso
creador: 1.- Encuentro con una dificultad. 2.‑ Localización y precisión
de la misma. 3.- Planteamiento de una posible solución. 4.- Desarrollo lógico
de las consecuencias del planteamiento propuesto. 5.‑ Ulteriores
observaciones y procedimientos experimentales conducen a la aceptación o
rechazo de la solución‑hipótesis.
Poincaré (1913) analiza su propia experiencia de gran
matemático creativo, y distingue cuatro momentos o fases: 1.‑ Fase de preparación. 2.- Fase de incubación.‑ 3.‑ Fase de iluminación.‑ 4.‑ Fase de verificación.
Woodworth
(1934) admite el planteamiento de Dewey, pero subraya que el pensamiento
creativo se caracteriza por seguir un camino de solución antes no recorrido.
Por eso estima que es más adecuado el análisis del proceso hecho por Poincaré.
Wallas (1926) es quizá un nombre clásico. A su modelo
fenomenológico no se le puede negar el éxito de ser unánimemente citado y comentado.
En parte se debe a que el modelo es en realidad una buena sistematización del
autoanálisis de Poincaré y de los análisis de Dewey, así como una herencia de
lo dinámico y cognitivo atribuido a lo largo de la historia al proceso
creativo. Quizá por esto sigue siendo un rompeolas de las distintas hipótesis y
contrastes. Wallas distingue las mismas fases de Poincaré y las caracteriza del
siguiente modo:
1.‑ Fase de preparación. Su núcleo sería el
enfrentamiento del individuo con un problema que debe resolver.
2.‑ Fase de incubación. Su núcleo es un
estado de tensión psíquica, difícilmente analizable, en el que se dan actos
involuntarios no conscientes, desde brevísima a larguísima duración, y que
giran en torno a la solución del problema planteado.
3.‑ Fase de iluminación. La solución del
problema se presenta de manera súbita, y frecuentemente inesperada, bien de
modo global, bien a través de complementarias y sucesivas iluminaciones.
4.‑ Fase de verificación. El individuo
verifica el producto ofrecido por la iluminación con normas o cánones
considerados necesarios por el creativo en los campos en que se mueve
(científico, artístico, político, social, etc.).
Estas cuatro fases no siempre se producen de forma
sucesiva, sino que con frecuencia se solapan y entretejen, produciéndose
también regresiones hacia las más primitivas.
Se han intentado diversos tipos de comprobación o crítica
de estas cuatro fases: Patrick (1937) estima haberlas confirmado empíricamente;
Eindoven y Vinacke (1952) creen que las cuatro fases se presentan de un modo
recursivo a lo largo de todo el proceso, pero no consideran defendible la
ordenación temporal sucesiva de los mismos. Recientemente Armbruster (1989) ha
hecho unas propuestas de interés sobre el papel de la metacognición en cada una
de las cuatro etapas que considera válidas como macroprocesos, y la necesidad
de investigar en esta dirección.
3.1.2.2. Tratamiento cognitivo actual
de la creatividad
Resumimos las líneas cognitivas de tratamiento de la
creatividad en torno a cuatro puntos: la orientación teórica del trabajo
cognitivo sobre la creatividad, las aportaciones de los cognitivistas a su
conocimiento, la relación de la
creatividad con los estilos cognitivos, y el planteamiento de una hipótesis: la
consideración de la creatividad como un estilo cognitivo.
3.1.2.2.1.- Orientación del tratamiento cognitivo de la creatividad
Damos por supuesto y conocido todo lo que en los
temas 4 y 5 hemos estudiado sobre el
sistema cognitivo. Es teóricamente sencillo aplicar al estudio de la
creatividad los principios del procesamiento de la información. Pero, en la
práctica, no puede decirse que haya hasta el momento hallazgos espectaculares
en el estudio de la creatividad desde el campo cognitivo.
Hasta el momento la psicología cognitiva se ha centrado
en el estudio de la creatividad como macroproceso. Básicamente el procesamiento
de la información ha asumido como punto de partida los planteamientos de
Guilford (1967) sobre el pensamiento divergente y la creatividad. Nada hay
hasta el momento de investigación de microprocesos, donde se da todavía un
vacío (y un salto no conveniente) entre la neurobiología y el macroproceso.
Como se sabe, un microproceso es una operación simple, no reducible a otras
operaciones inferiores, y que de ordinario no es directamente observable en la
conducta. Un macroproceso está
constituido por microprocesos relacionados o secuenciados y aparece
generalmente como una conducta observable y diferenciada. Los macroprocesos
surgen del substrato de microprocesos y de su interacción por una parte, y, por
otra, de su transacción ambiental. Pero también puede surgir de la interacción
entre otros macroprocesos, con lo que viene a establecerse una cierta jerarquía
de amplitud entre los macroprocesos: los
más amplios están más en la superficie de la conducta, son más observables y
manejables. La creatividad estaría formada por un conjunto de
macroprocesos intermedios: concretamente el procesamiento de la información
asume como tales los contenidos en el pensamiento
divergente de Guilford.
¿De qué manera se explica desde el campo cognitivo el
origen de las diferencias individuales en creatividad? Indudablemente por los
mismos procesos que se originan en general en los campos cognitivos. Castelló
Tarrida (1993) precisa cómo se originan fundamentalmente en dos campos: la
cantidad y combinación de microprocesos, y la combinación de recursos creativos
con los otros recursos intelectuales del sujeto.
3.1.2.2.2.-
Algunas aportaciones del cognitivismo
Vamos
a aludir a algunas aportaciones específicas del planteamiento cognitivo.
Uno
de los elementos que aporta el cognitivismo es la relevancia que para el
pensamiento creativo poseen las actividades
de búsqueda. En éstas se distingue entre “búsqueda en amplitud” y “búsqueda
en profundidad”, según se trate de exploraciones de todas las posibilidades de
un nivel antes de pasar al siguiente o profundización en una única solución
hasta sus últimas consecuencias a fin de verificar su eficacia. Pero, en
cualquier caso, existe una evidencia objetiva de que, ante un problema, la
mente que pretende resolverlo no trabaja sólo deduciendo, antes al contrario,
parece que trabaja “buscando” la solución, siendo este no “un método entre
otros, sino el más fundamental de nuestra inteligencia” (Newell y Simon, 1972).
Otro
concepto propuesto en este tipo de estudios es el de “problema mal definido”
sobre el que la mente trabaja para generar un estado final igualmente mal
definido; por ejemplo, un escritor que “comienza su tarea en una situación mal
definida (sus posibilidades literarias, su criterio, el conocimiento de la
literatura, el conocimiento del lector, etc.) y quiere alcanzar otro estado mal
definido, que es la novela, de la que sólo posee el proyecto” (Marina, 1993). En
conceptos como éste (“ill-defined problem”)
se observa, no obstante, la virtual convergencia que puede llegar a existir
entre los planteamientos clásicos de la creatividad (Getzels, J.W.;
Csikszentmihalyi, M., 1976) y sus más recientes avances (Glover, J.A.; Ronning,
R.R.; Reynolds, C.R., 1989).
Desde
los planteamientos cognitivistas, se entiende con claridad el destacado papel
que los aspectos motivacionales tienen en el surgimiento de las conductas
creativas. Un reciente estudio de J.R. Hayes (1989) sobre procesos cognitivos
en creatividad concluye que las diferencias en creatividad “tienen su origen en
diferencias en motivación. Esas diferencias en motivación causan a su vez
diferencias cognitivas, y esas diferencias motivacionales y cognitivas informan
conjuntamente sobre las observadas diferencias entre individuos creativos y no
creativos”.
Una
aportación importante es la denominada
línea computacional, que pretende responder a las cuestiones de si la
Inteligencia Artificial podría tanto servir como referente para la comprensión
de la propia creatividad humana, mediante la construcción de modelos
computacionales creativos, como ser capaz de generar innovaciones y creaciones
susceptibles de ser confundidas con las humanas, e incluso de realizar genuinos
actos creativos (Partridge, D.; Rowe, J., 1994). El debate es enormemente
amplio y polémico, aunque, en general, da la impresión de poderse responder
afirmativamente a todas las cuestiones excepto a la última, que parece entrar
en un terreno más allá de lo definible técnicamente (Boden, 1994).
3.2.- El producto creativo
El estudio del individuo creativo que hemos resumido
hasta aquí tiene un contrapunto importante: el del producto creativo. Como ya
dijimos más arriba, es importante su delimitación puesto que en definitiva será
el producto quien nos diga si el individuo es o no creador.
Para definir el "producto" como creativo
podemos prestar atención a diversos criterios. Uno de ellos sería la cantidad: es decir, hablaríamos de
creatividad en cuanto que el individuo produce "muchos" objetos. Se
trataría indudablemente de un criterio altamente objetivo (puede perfectamente
cuantificarse) pero de gran pobreza de contenido. En la práctica equivaldría a
confundir la creatividad con la productividad. Otro aspecto sería la cualidad, es decir, la clase y
especificidad del objeto en sí, bien único y diferente de otros, bien dotado de
características superiores en un aspecto determinado. Otro aspecto importante
sería la significación, es decir, la
amplitud comprehensiva del producto que permitiría su aplicación a muy
diferentes objetos y situaciones: por ejemplo, una técnica determinada
(industrial, o de solución de problemas) puede ser de amplia significación por
la posibilidad de ser utilizada en situaciones o problemas diferentes.
Una cuestión
discutida: ¿cuándo comienza a existir un producto creativo? "Rhodes
(1961) entiende ya por "producto creativo" la idea, tan pronto como
es puesta en forma "captable" (comprensible). "Esto no quiere
decir que la idea ha de verse realizada en un objeto (esto puede ser llevado a
cabo por otros medios o instrumentos), sino que la idea es comunicada (hecha
común) de alguna manera, de modo que deja de estar ligada a la vida exclusiva
de un determinado individuo" (Brogden y Sprecher, 1964). Así, Leary
entiende que solamente puede ser calificado de creativo, en rigor, quien,
aparte de descubrir una nueva idea, descubre, asimismo, caminos nuevos para la
comunicación de esa idea. Ello implica que la forma de comunicación no es indiferente,
sino que a determinada idea le corresponde una muy específica forma de
comunicación, de expresión. De esta manera, cierta idea puede ser comunicada a
través de la imagen; cierta otra, a través de la música, a través de unidades
semánticas, desprendiéndose siempre de la idea misma si se trata de un producto
artístico o científico" (Ulmann (1972), p.43).
En último término nos enfrentamos con la siguiente
cuestión: ¿cuándo una idea es creativa? Las respuestas son variadas, pero
pueden organizarse en torno a dos criterios: el criterio de la novedad, que se define como una
condición necesaria, pero no suficiente; y el criterio de valor, verdad y utilidad.
A) El criterio de novedad es el más utilizado. Pero ¿qué es la novedad?
No hay unanimidad en las respuestas. Para Guilford lo nuevo es lo inusual, es
decir, lo estadísticamente raro o no frecuente (se refiere a respuestas a
tests). Mednick (1968) define la novedad de las asociaciones por la lejanía de
las mismas. Por ejemplo, asociar mesa con silla sería una asociación cercana,
mientras que sería lejana asociar mesa con dromedario. Wallach y Kogan (1965)
consideran que la novedad se da cuando la respuesta es única en una población
dada. (Se refiere a respuestas de tests). Ghiselin (1958) dice que una idea es
nueva cuando aparece por primera vez en el tiempo. Barron (1955) dice que si
una idea aparece raramente sería una idea original. Si original no coincide con
creativo parecería que este criterio no sería suficiente para determinar los
productos creativos. Henle (1963) opina que lo importante no es ser el primero
en pensar algo o ser de los pocos que piensan algo: esto sería una
diferenciación gradual, no una diferenciación cualitativa. En este sentido la
comprensión de un orden nuevo de ideas es tan creativo como su hallazgo.
Diferentes autores (Henle, Bruner, Jackson y Messick...) creen que lo nuevo
consistiría en evadirse de un sistema conceptual previo percibido como
incompleto o inexacto. Lo nuevo sería más bien lo libre, lo inesperado, lo trascendente.
Puede resultar útil en orden a la valoración general de
productos creativos, la sugerencia de Boden (1994) de distinguir entre P-creatividad y H-creatividad, según nos refiramos a la novedad de la producción
respecto de la mente individual que la crea (psicológica) o respecto de toda la
cultura humana (histórica).
B) Los criterios de valor, verdad y utilidad se suelen exigir como
condiciones de la idea creadora. Digamos que exigen su eficacia social y su
sensatez, puesto que para ser creadora una idea no solo debe ser nueva, sino
también valiosa, verdadera y útil. Hay diferentes formas de pensar en torno a
estos criterios. Jackson y Messick (1965) creen que una idea creativa se
caracteriza más que por su verdad por su bondad. La verdad se aplicaría a la
valoración de ideas en un sistema lógico donde puede darse lo verdadero y lo
falso, pero no podrían aplicarse en sistemas no lógicos (por ejemplo, la
pintura, la música, la escultura...) en los que han de utilizarse otros
criterios de tipo psicológico y subjetivo. Henle (1963) propone sustituir el
criterio de verdad por el de armonía, que exigiría soluciones por un lado
adecuadas al problema planteado y por otro elegantes. Bruner (1963) elabora el
criterio de utilidad distinguiendo tres clases de lo que él llama efectividad:
efectividad formal (equivale al criterio de "armonía" de Henle),
efectividad metafórica (la "armonía" dentro del campo artístico) y
efectividad de predicción (indica lo que va a suceder si se dan unas condiciones
determinadas).
4.- Ser
más creativos: Pedagogía de la creatividad
Al
hablar del desarrollo de la capacidad creativa podríamos hablar del él de dos
maneras: desde el punto de vista de la educación para la creatividad, o desde
la utilización de técnicas de potenciación de la creatividad. Vamos presentar
brevemente cada uno de estos aspectos.
4.1.-
Formación para la creatividad.
El
clásico en esta materia es sin duda Torrance (1963), quien con sus textos sobre
la enseñanza creativa ha intentado elaborar un programa para la introducción de
esta dimensión del aprendizaje en la práctica docente cotidiana de los
educadores.
Mas
recientemente, Mayer (1986) presenta un interesante capítulo con el mismo
título que utilizamos en este apartado. En él presenta una síntesis histórica,
en la que se percibe con toda claridad cómo la idea del pensamiento como
destreza adquirible, en concreto bajo la forma de capacidad creativa, no es una
idea nueva: es una antigua idea, que se ha ido desarrollando de formas
diferentes. Aconsejamos su lectura. La síntesis básica del desarrollo histórico
es literalmente la siguiente:
“Las décadas de 1930 y 1940: formación para la
creatividad en la industria. La década de 1950: recuperación de resolución de
problemas en estudiantes universitarios. La década de 1960: enseñanza del
pensamiento productivo a niños de escuela. La década de 1970: formación
específica en procedimientos. La década de 1980: conocimiento específico contra
destrezas generales” (Mayer, 1986, pág. 375).
Esta
simple enumeración de etapas es suficientemente clarificadora del hecho de que
la creatividad se puede enseñar. Seguramente no podremos enseñar la creatividad
emergente que convierta a un sujeto
negado aptitudinalmente en un genio de la pintura o de la ciencia. Pero sí podemos
aprender a generar ideas y soluciones nuevas para situaciones concretas.
Como
afirma Ambruster (1989), la metacognición de cada sujeto sobre sus procesos
creativos es posible que deba considerarse como la base teórica sobre la que
deben elaborarse cualesquiera métodos de formación de la creatividad. Partiendo
de esta base, suelen establecerse los siguientes criterios educativos de la
creatividad:
1.‑ Supresión de los procedimientos inhibitorios.
2.‑ Creación de un clima de libre producción.
3.‑ Fomentar las motivaciones para la creatividad:
necesidad o deseo de crear, curiosidad, implicación profunda en el campo de
trabajo, necesidad interior de recognición y autoafirmación, etc.
4.‑ Utilizar técnicas educativas que no marginen el
pensamiento divergente, sino que lo exijan y mantengan. No debe olvidarse que
es muy frecuente que los profesores se encuentren incómodos con los alumnos más
creativos que fácilmente resultan incordiantes, mientras se encuentran muy
satisfechos con los alumnos "convergentes" que se someten fácilmente
a los sistemas preconcebidos.
5.‑ Utilizar las técnicas de
creatividad en grupo que resultan generalmente provocadoras y estimulan la
creatividad de los menos motivados. Hoy día existe una amplia experiencia de
trabajos en la escuela y en la industria para la formación de la creatividad.
Muy en contacto con esta idea están los contenidos del apartado siguiente.
4.2.- Técnicas
de potenciación de la creatividad
Desde
el comienzo de la preocupación por la enseñanza de la creatividad, sobre todo a
impulsos de la industria americana, se pensó en la posibilidad de utilizar
determinadas técnicas que ayudaran a los sujetos a romper los esquemas mentales
y de acción recibidos y descubrir nuevas vías de solución de problemas. La
primera técnica propuesta fue la del “listado
de atributos” (Crawford, 1931). Consiste básicamente en hacer un listado de
atributos de un objeto, y preguntarse luego cómo puede modificarse cada uno de
ellos. El “listado de atributos” tuvo larga vida, y puede considerarse el
germen de las técnicas posteriores.
Puede
decirse que las dos técnicas básicas utilizadas posteriormente en la industria
fueron la “tormenta de ideas” (brainstorming) y la “sinéctica” (synectics).
El brainstorming (Osborn, 1963) es una
técnica para aportar ideas nuevas en grupo. Se parte de la base de no utilizar
ningún tipo de crítica en las aportaciones (se dice en voz alta lo que viene a
la mente), hacer el mayor número de aportaciones, intentar que sean ante todo
originales (aunque parezcan locas), procurar combinar y mejorar las
aportaciones de los otros. Al final se hace una síntesis y discernimiento de lo
útil y lo inútil,
La sinéctica (Gordon, 1961) es una técnica
que consiste en reunir elementos que no tienen entre sí ninguna relación: se
trata de utilizar las analogías posibles en la resolución de problemas. Por
ejemplo, ¿qué características de un órgano electrónico podrían aplicarse a una
maquina de escribir?
A
partir de estas dos técnicas han surgido multitud de otros instrumentos que o
utilizan diversas combinaciones de los criterios del listado de atributos, el
brainstorming o la sinéctica; o buscan orientaciones en torno a la solución de
problemas (Fustier, 1975. Brandsford y Stein, 1987). Básicamente se clasifican
como métodos analógicos -los que emplean el poder evocador y creativo de la
metáfora (vgr. el euridrama)-; los métodos aleatorios -o serendípicos, que
fomentan una actitud de provocación azarosa de relaciones interpretables en
términos de sugerencias nuevas (vgr. la “Ars
magna” de Raimon Llull, o el “Pensamiento
lateral” de Edward De Bono) y
propugnan una visión conciliada con el error como fuente de inspiración-, y los
métodos antitéticos -en los que se fuerza el contraste de los elementos
estudiados para resaltar sus aspectos más contradictorios y romper los
convencionalismos sobre su percepción-.
Para
lo que es el desarrollo de la propia capacidad individual tomamos como propias
las sugerencias de Sternberg (1997, págs. 295-298), que suponen una excelente
síntesis de lo que uno puede hacer por sí mismo para ir más allá de sí.
1.-
Redefinir los problemas. No limitarnos a aceptar lo que se nos dice a cerca de
cómo hemos de pensar o actuar.
2.-
Buscar lo que otros no ven. Reunir las cosas de modos que otros no hacen; y
pensar de qué modo las experiencias pasadas, incluso aquellas que inicialmente
pueden parecer irrelevantes, pueden desempeñar un papel en nuestros afanes
creativos.
3.-
Aprender a distinguir nuestras ideas buenas de las precarias, y prestar
atención a su contribución potencial.
4.-
No nos sintamos como si lo supiéramos todo acerca de un ámbito en el que
trabajamos antes de que seamos capaces de realizar una contribución creativa.
5.-
Cultivar un estilo legislativo, global.
6.-
La perseverancia ante los obstáculos, asumir riegos sensibles y querer crecer.
7.-
Descubrir y ahondar en las propias motivaciones endógenas.
8.-
Encontrar los entornos creativos que nos recompensen por lo que nos gusta
hacer.
9.-
Los recursos necesarios para la creatividad son interactivos y no aditivos.
10.-
Tomar una decisión acerca del modo de vida que fomenta la creatividad.
Así
pues, la creatividad no aparece como un territorio marcado. Conocer las
potencialidades no es sino el inicio de un posible proceso de expansión.
Superar las pautas inhibitorias, aprender los modos de estimular las propias
capacidades, recurrir a técnicas externas que complementen o suplan nuestros
recursos. Son muchas las posibilidades de optimización de que disponemos; el desarrollo
creativo es una meta que corre más que sus perseguidores.
También
en la formulación del concepto, en su redefinición, en la mejor comprensión de
sus características y posibilidades avanza la Psicología. De ello hablamos en
los siguientes capítulos.
BIBLIOGRAFÍA
Alonso Monreal, C. (1983): Autonomía afectiva y creatividad. Madrid. Universidad Complutense (facsímil autorizado).
Alonso
Monreal, C. (2000). Qué es la creatividad. Madrid: Biblioteca Nueva.
Alonso Monreal, C.; Corbalán Berná, F.J. (1985): Percepción visual y auditiva y comportamientos creativos. Anales de Psicología, nº 2, 5-17.
Beaudot, A. (Ed.) (1980).
La creatividad.
Boden, M.A. (1994). La mente creativa. Mitos y mecanismos. Barcelona: Gedisa.
Corbalán,
F.J.; Martínez, F.; Donolo, D.; Tejerina, M.; Limiñana, R.M. (2003). CREA
Inteligencia Creativa. Una medida cognitiva de la creatividad. Madrid: TEA
Ediciones. Obra galardonada con el VII Premio Internacional TEA Ediciones
Corbalán, F.J.; Tejerina, M.; Martínez, F. (2001). ¿Es
posible una medida más objetiva de la creatividad). Actas del I Congreso de
Creatividad y Sociedad, p. 66. Barcelona.
Corbalán, F.J. (1990). Creatividad y procesos cognitivos. Tesis Doctoral. Universidad de Murcia (no publicada).
Corbalán,
F.J. (1992). Creatividad como estilo cognitivo. Investigaciones
Psicológicas, 11, 99-120.
Corbalán, F.J.
(1992). Creativity as a Cognitive
Style. A Summary Report of An Empirical Investigation. Journal of Creative Behavior,
26, 3, 163-164.
Corbalán, F.J.; López, J.J. (1994). Q.G.T. A new procedure for
measuring creativity. 23rd International Congress of Applied Psychology.
Csikszentmihalyi, M. (1996). Creatividad.
Madrid: Paidos
Curtis, J.; Demos, G. Y Torrance, E. (1976). Implicaciones educativas de la creatividad. Madrid. Anaya
Donolo, D.; Rinaudo, M.C.
(2000). Universidad y diversidad.
En Michelini, Dorando y Jutta Wester (Eds.) Tecnociencia
y educación integral. Río Cuarto. Ediciones del ICALA.
Gruber, H.E. (1984). Darwin sobre el hombre: Un estudio psicológico de la creatividad. Madrid: Alianza.
Hofstadter, D. (1987). Gödel, Escher, Bach. Un Eterno y Grácil Bucle.
Maslow, A.H. (1959). Creativity in Self-Actualizing
People. En Anderson, H.H. (Ed.). Creativity and its cultivation.
Rinaudo,
M.C.; Donolo, D. (1999). ¿Creatividad en educación? Retos actuales de la enseñanza universitaria. Contextos de Educación. 1 (2), 202-219.
Rogers, C.R. (1954). Toward a Theory of Creativity. ETC:
A Review of General Semantics, 11, 249-260.
Romo,
M. (1997). Psicología de la creatividad.
Sternberg, R.J.
(1988). The Nature of Creativity.
Sternberg, R.J.; Lubart, T.I. (1996). La creatividad en una cultura conformista. Un
desafío a las masas.
Torrance, E.P.; Myers, R.E. (1970). La enseñanza creativa. Madrid: Santillana.
Ulmann, G. (1972). Creatividad. Madrid. Rialp.
Vygotski,
L.S.(1972). Psicología del arte.
[1] Solo se nos ocurren por el momento la semilla a punto de germinar y una idea para la que ha llegado su tiempo.
[2]
Ofrecemos aquí algunas definiciones
de la creatividad que consideramos significativas:
Guilford (1950): “La personalidad creativa se define, pues,
según la combinación de rasgos característicos de las personas creativas.
La creatividad aparece en una conducta creativa que incluye actividades
tales como la invención, la elaboración, la organización, la composición,
la planificación. Los individuos que dan pruebas manifiestas de esos tipos
de comportamiento son considerados como creativos”.
Stein (1956): La creatividad es “aquel
proceso que produce una obra nueva que es aceptada como defendible o útil
o satisfactoria por un grupo en un determinado momento temporal”.
Gordon (1961): el proceso creativo
consiste en “la actividad mental en
situaciones de definición de problemas o solución de problemas cuyo producto
son las invenciones artísticas o técnicas, acentuando así tanto la formulación
como la solución de problemas como partes del proceso creativo”.
Mednick (1962): “La creatividad
es una formación de elementos asociados, y mutuamente muy lejanos, en nuevas
combinaciones”.
Taylor (1973b): los procesos de creatividad consisten en “un sistema que implica a una persona que da forma o diseña su ambiente
transformando problemas básicos en salidas fructíferas facilitadas por un
ambiente estimulante”.
Marina (1993): “inventar novedades
eficientes”.
Gardner (1995): el individuo creativo “es una persona que resuelve problemas con regularidad, elabora productos
o define cuestiones nuevas en un campo de un modo que al principio es considerado
nuevo, pero que al final llega a ser aceptado en un contexto cultural concreto”.
Alonso Monreal (1997): “la capacidad de utilizar la información y
los conocimientos de forma nueva, y de encontrar soluciones divergentes
para los problemas”.

















