CREATIVIDAD SOCIAL, VALORES Y CALIDAD DE VIDA.
Antonio F. Rodríguez Hernández.
Profesor Titular de Psicología de la Educación.
Universidad de La Laguna.
PROFESOR IACAT
Vivimos momentos de tránsito. No sólo hemos hecho trasbordo
de un siglo a otro, o de un milenio al siguiente; sino que las casualidades
o causalidades han hecho que nos encontremos entre derrocamientos de agotadas
cosmovisiones y emergencias de nuevos modelos culturales.
El cambio, dimensión consustancial a la Natura y a la Cultura, es lo único estable. Por debajo de esa aparente linealidad histórica, fruto de la engañosa visión sincrónica que nos caracteriza a los humanos en nuestra vertiente no creativa, se da un río subterráneo, en continuo movimiento, que nos afecta estructuralmente y que sale a la superficie en momentos puntuales, fruto de fracturas, desincronías y desequilibrios entre lo actual y lo inédito, entre el presente y el futuro.
Porque si algo hay que dejar claro en cualquier análisis que realicemos de la realidad es que ésta no se constituye sólo de sucesos pasados y de acontecimientos presentes, sino que también se configura sobre la base de proyecciones futuras.
Como ya hemos fundamentado, efectiva y afectivamente, en otro lugar (Rodríguez, 2001) el futuro no es algo irreal e irrealizable, que nos viene impuesto por condiciones estructurales o entidades trascendentes, un porvenir que hay que esperar indefectiblemente, por la imposición determinista del pasado o del continuismo conservatorio del presente.
Nosotros defendemos una visión esperanzadora y
constructiva del futuro, en la que éste se puede edificar anticipadamente,
y en la que más que un “por-venir” es un “por-hacer”. Que en el ser humano
está depositada la semilla de la eternidad, negada por la soberbia divina
cuando se nos castigó por temor a que en nuestro afán de progreso aspirásemos
a trascender y evolucionar en nuestra humanidad. Aunque nos señalaron, con
pistas, cómo podíamos restituir esa cualidad vetada, indicándonos que cuanto
más profundizásemos en nuestra humanidad, cuanto más adentro y a los lados
buscásemos, más arriba trascenderíamos,
Y ¿cuál es el medio con el que nos hemos dotado
los humanos para realizar esta acción prospectiva sobre el futuro? A ver si
lo adivinas.
Pues bien, este análisis global lo hemos aplicado
al discurso sobre la creatividad. Nuestra hipótesis es que la comprensión
sobre el hecho creativo está, también, afectada por este dinamismo de reconstrucción
del presente y proyección hacia el futuro.
Desde nuestro punto de vista, y así lo hemos concretado
en espacios formativos pioneros de esta reflexión (Rodríguez, 1996), y plasmado
en publicaciones recientes (Rodríguez, 2001), asistimos a un tránsito desde
el modelo psicológico de la creatividad que denominamos como “paradigma de
potencialidad”, a un nuevo modelo emergente que hemos bautizado “modelo sociocultural”
de la creatividad.
Este nuevo enfoque de carácter axiológico-antropológico, vendría a ofrecernos una visión dialéctica del hecho creativo, superadora de las comprensiones mítica, paradójica y antitética que han “neblinado” una aprehensión alternativa de tipo humanista, radical y revolucionaria, en definitiva, creativa sobre la propia creatividad (Rodríguez, en prensa).
Esta nueva manera de mirar a los ojos a lo divergente y de reflejarnos en esa misma imagen, se concretaría en unos nuevos contenidos de estudio del hecho creativo y en una nuevas finalidades de proyección de la creatividad.
Los contenidos o dimensiones dialéctico-innovadoras
del nuevo paradigma serían: lo afectivo-emocional (interno), tanto desde la
perspectiva de lo intra como de lo interpersonal, y la dimensión contextual
y social del hecho creativo (entorno).
Las finalidades o direcciones dialéctico-innovadoras
de este enfoque alternativo serían: socializar la creatividad y creativizar
la sociedad.
Nosotros, por motivo de espacio, nos centraremos en esta última dirección, ya que entronca directamente con las temáticas incluidas en esta mesa redonda.
Concretamente, ¿qué significa “creativizar” la
sociedad? En primer lugar, decir que esta dirección como su complementaria
(socializar la creatividad) se sitúan en un plano axiológico del hecho creativo.
Esto implica relacionar, o poner en paralelo los valores con la propia creatividad.
Por tanto, lo que subrayamos es la dimensión moral de la creatividad,
es decir, defendemos entender la creatividad, en la misma línea que lo hace
Marín (2001), como una opción de valor, una exigencia axiológica, un referente
sociocultural.
De este modo el nexo entre el ámbito de los valores y la creatividad, tendría al menos tres vínculos relacionales:
+ Los valores
de la creatividad. En otro lugar (Rodríguez, 2001) hemos hecho referencia
a las tres categorías de razones (filosóficas, socioculturales y psico-antropológicas)
sobre la importancia del hecho creativo, con lo que estamos cargando a la
creatividad de fundamentos, de valores positivos, es decir, estamos recargado
la pila de la creatividad con valencias positivas.
+ El valor
como criterio de la creatividad. Si existe un criterio definitorio de
la creatividad que todavía sigue suscitando disenso, y sobre el que los autores
mantienen relativos desacuerdos, es sobre el criterio de relevancia, utilidad
o valor del producto creativo. Nos preguntamos: ¿lo creativo ha de tener valor?
El mismo Marín define sintéticamente el concepto de creatividad con dos palabras:
Innovación Valiosa. Y es que si vamos a los orígenes de este concepto,
en el libro Génesis se dice: “Dios creó el mundo, lo miró y vio que todo era
bueno”. Es decir, lo juzgó, lo valoró. Por lo que parece que la creatividad
implica una creación y un criterio desde el cual se evalúa dicha construcción.
Y este criterio puede ser subjetivo u objetivo, personal o social.
+ La creatividad
como valor. En un doble sentido: como actitud generalizada y como valor
propiamente dicho, cuestión teórica que hemos desarrollado en otro lugar (Rodríguez,
en prensa)
De este modo, esta segunda dirección definitoria de la concepción social
de la creatividad, trata de entender el hecho creativo como una exigencia
cultural y ética, desde la crítica a una civilización tecnocrática, impersonal,
escaparate de espectadores pasivos, teatro de marionetas, controlados desde
lugares remotos (Marín, 1980). Por tanto, el pensamiento creativo, nace desde
una vocación futurizante e innovadora, frente a una cultura aparticipativa,
consumista y manipuladora. Es decir, la creatividad como innovación cultural,
que trascienda de una primera distribución democratizadora del hecho creativo,
para situarse en un plano superior de desarrollo, que podríamos llamar “Democracia
Creativa”
Hablaríamos, en la línea del futurólogo Asimov, de la cuarta ola: la Creosfera.
Pero no sólo como una cuestión de desarrollo y progreso de la civilización
actual, sino también, y fundamentalmente, como un tema de supervivencia. Las
palabras de Albert Einstein, una de las mentes más creativas de la humanidad,
son ilustrativas de este razonamiento: "Si la humanidad tiene que sobrevivir,
se necesita una nueva especie de pensamiento".
El núcleo central de esta propuesta se sitúa en el concepto de calidad
de vida. Término extremadamente ambiguo, y con una importante carga ideológica,
pero que responde a la aspiración profundamente humana de generar nuevos patrones
de existencia, que supongan una mejora del estado actual en que se encuentran
los individuos y las sociedades. Es el margen con el que se ha dotado la especie
humana para tomar aire y poder regenerarse, y con ello sobrevivir y supervivir.
Por tanto, la calidad de vida sería el valor instrumental a través del cual
nos orientamos en la consecución del fin último: la felicidad, entendida esta
en claves humanistas de autorrealización y realización social.
Nosotros (Rodríguez, 2001), en un intento de descifrar las diferentes concepciones
e ideologías dominantes que se desarrollan o se han desarrollado sobre este
“santo grial” o “cordero de oro”, hemos elaborado un modelo comprensivo, utilizando
una estrategia creativa que hemos bautizado como “Ejes Semánticos”, en donde
combinamos cartesianamente una serie de polaridades conceptuales en torno
al núcleo central del problema, en este caso, la vida. El esquema gráfico
quedaría de la siguiente manera:
Gráfico 1
En el eje horizontal podríamos
diferenciar dos polaridades de tipo cuantitativo, en el sentido de nivel
o cantidad de mejora. Así, en el polo negativo, tendríamos el concepto
de nivel de vida, asociado a valores materialistas y motivaciones de
logro de tipo externalista. Mientras en el polo positivo nos situaríamos en
el concepto de vida con calidad, vinculado a valores trascendentes
y autorrealizantes, y que orientan hacia la mejora y el desarrollo.
En el eje vertical tendríamos
un continuo cualitativo, en el sentido de cualidad o forma, y que estaría
organizado entre dos polos. El primero de tipo negativo y definido por el
concepto de vida con estilo, donde lo predominante es lo epidérmico
y superficial. El segundo, de tipo positivo y cuyo concepto asociado es el
de modo de vida, donde lo que se subraya es la diversidad y la diferencialidad.
La combinación de las polaridades
de estos dos ejes nos dibujaría, de manera general, cuatro espacios conceptuales
que a continuación desarrollaremos, no sin antes advertir que se tratan de
concepciones extremas y polarizadas, y que no reflejan exactamente las posiciones
vitales de los sujetos, más de carácter intermedio y sin una base estrictamente
cartesiana o bidimensional. Las personas y las sociedades somos más complejas
que un esquema gráfico, por lo que hay que utilizar este organizador como
un esfuerzo analítico orientado a la comprensión y a la discusión compartida.
a)
Nivel de Vida X Vida con Estilo.
En este cuadrante nos situamos en lo que ha sido denominado
el Modelo cultural del Tener. Su actual formulación ideológica sería
el Neocapitalismo Liberal, donde “soy más, cuanto más tengo”. Debemos poseer
cosas, para gozarlas. Les ponemos valor a las personas y a sus sentimientos,
así alguien puede valer un millón de dólares, y la mayoría de las veces menos.
Porque lo que prima sobre la vida es la “bolsa”. Si el individuo no tiene
nada no es nadie. El núcleo central es el principio de la “propiedad privada”,
de privar, porque la persona que la posee es su dueño absoluto y puede privar
a los demás de su uso o gozo. Se trata de una propiedad limitada, como las
sociedades mercantiles. Tener es consumir, en el sentido de devorar, alimentarnos
con lo material. Lo que ha llamado Peter McLaren (1997) desde una posición
de pedagogía crítica, como la “cultura depredadora”. Los consumidores modernos
pueden identificarse con la fórmula: yo soy lo que tengo y lo que consumo.
Tener en el plano afectivo implica poseer al otro. Tener novio, tener esposa,
tener un hijo. Es mi novia, es mi esposa, es mi hijo. Tener implica encerrar,
aprisionar, dominar. La analogía que utilizaríamos para definir esta concepción
social sería la del vino. El fluido símbolo del intercambio comercial.
En épocas anteriores y en las actuales su dimensión mercantil es lo que ha
predominado. Cuanto más añejo más valor tiene. Se almacena como pieza de coleccionista,
y se llegan a constituir subastas, donde se pagan precios millonarios por
una sola botella. Por tanto, la frase que definiría este modo de existencia:
“Eres lo que tienes”.
b) Vida con Calidad X Modo de
Vida.
El espacio conceptual totalmente contrapuesto al anterior sería
el que estaría representado por el Modelo cultural del Ser. Se trataría
de una ideología que hemos bautizado como Humanismo Radical. Desde esta posición
ideológica la persona ha recobrado el lugar geocéntrico perdido. En el modelo
anterior la búsqueda del superhombre nos alejaba cada vez más de la humanidad,
nos volvía inhumanos. La finalidad, el sentido, no hay que buscarlo fuera
de nosotros. Ni en el más profundo océano, ni en el más lejano confín de la
tierra, ni en la más alejada galaxia. La verdad, el principio de eternidad
robado por la maldición divina, está en nosotros mismos, en nuestro yo, en
nuestro “corazón”, en nuestra mente afectiva; “porque si Dios entiende de
algo es de emoción”. Pero un ser humano solidario, no solitario. Una persona
que como flecha se orienta complementariamente hacia la autorrealización y
la realización social. Por eso, el fluido que mejor representaría esta posición
sería el agua. El agua que si se estanca se pierde, El agua símbolo
de vida, de limpieza, de pureza. El agua y el ser, como lo auténtico, lo consistente,
lo verdadero; frente a la apariencia, al engaño. El ser dónde lo que necesitamos
es calcular las potencialidades más que las probabilidades. El ser donde todo
es creativamente posible, como en la frase final de “Cartas a Iris”, donde
el analfabetismo es superado por el amor. Por ello, la frase clave que definiría
esta opción de vida se plantearía en los siguientes términos: “Eres lo
que eres”.
Para un desarrollo más
minucioso de la confrontación de estos dos modelos de existencia sería conveniente
desempolvar el discurso planteado por E. Fromm (1978), quien en su obra “¿Tener
o Ser?” plantea un revelador análisis de las concreciones de estos dos modelos
culturales: “Tener y ser son dos modos fundamentales de experiencia, las fuerzas
que determinan las diferencias entre los caracteres de los individuos y los
diversos tipos de caracteres sociales” (Fromm, 1978).
c)
Vida con Calidad X Vida con Estilo
Este espacio estaría ocupado por el Modelo cultural del Aparentar,
cuya traducción ideológica podríamos enunciar como el Artificialismo Natural.
Aquí lo relevante es la forma sobre el fondo, el continente sobre el contenido,
el significante sobre el significado y el sentido. Estamos en una sociedad
cosmética, en la que prima lo aparente, lo estéticamente adecuado, lo políticamente
correcto. La virtualidad sobre la realidad. El referente siempre es externo:
no importa como sea, sino de que manera me gustaría que me viesen los demás.
La televisión nos inunda con mensajes epidérmicos, sin contenido, con lujosos
envoltorios, que no contienen, que son de cáscara. Muestra de ello es una
nueva especie de sujetos que podríamos bautizar como los “teleintelectuales”.
Definición: “dícese de un sujeto que sin saber habla, y por eso cobra. Que
participa en debates multitudinarios, donde lo relevante es cómo lo digas,
o en contra de quién, sin importar lo que realmente se dice.
Sujeto especialmente capaz de componer
de manera musical su discurso, de tal modo que encante mentalmente a quien
lo oye, sin convencerlo ni ayudarle a pensar. Apasionado orador cuyo mensaje
es: la verdad no existe, todo depende del maquillaje con el que se cubra”.
Por eso, en este caso, el fluido de referencia es el barniz. Disolución
que se extiende en la superficie y que cambia el aspecto del objeto barnizado
sin realmente impregnarse de él. Se trata de un líquido epidérmico, que no
profundiza, que no llena, que cambia pero en lo superficial, desde la apariencia
y para aparentar. Y existen varios tipos de barniz.
El barniz verde, el ecologista; el blanco, el pacifista; el violeta, el alternativo.
Una versión peculiar de esta orientación ideológica es el culto a la estética
y al cuerpo o Naturalismo Artificial, donde lo que prima es el narcisismo
y la obsesión por la salud: la comida ecológica, la cirugía estética, el “culturismo”,
donde lo virtual es lo natural, y por eso precisamente se convierte en artificial.
De este modo, aquí la frase clave se expresa en la siguiente forma: Eres
lo que pareces.
d) Nivel de Vida X Modo de
Vida
Por último, nos situaríamos en el espacio del
Modelo cultural del Intentar, cuya ideología de referencia sería el
Probabilismo o Posibilismo Pragmático. Se trataría de alcanzar, al menos,
un lugar intermedio entre el punto de partida y el de llegada. Calcular probabilidades,
para decidir con qué nos podemos quedar o hasta dónde podemos llegar. El lema
es “no todo es posible pero sí aproximable”. Consiste en inyectar de realismo
actualizante a las decisiones humanas para que, fijados en el hoy, no podamos
llegar al mañana. Por tanto, se trata del logro de pseudoproyectos, cargados
de cesiones a lo esencial, dominados por lo accidental, negociados y autolimitados
entre los “pros” y los “contras”.
Aquí lo realmente importante no es el proyecto, el fin, sino las metas intermedias
y los medios para lograrlas. La vida se contempla como si de una mesa de negociación
se tratase, donde se truecan cesiones existenciales en virtud de un bien común,
que no es más que un bien para cada uno, y según los intereses egoístamente
individuales. Dónde el “interés general” es el más particular de los intereses.
“España va bien”, todo probabilísticamente va bien; pero ¿desde dónde? y ¿para
quién? Esta frase suena y se vive de manera diferente, “encima y debajo del
puente del río”. Por eso nuestro último fluido analógico sería la pomada.
El bálsamo, cuyo origen es similar
al del barniz, pero se aplica como remedio y para el alivio de heridas. Se
trata del calmante de conciencias sociales, ante la culpabilidad que produce
la renuncia de los fundamentos. No cura pero ayuda a soportar el picor de
la llaga. Nos consuela pensar que si bien no hemos alcanzado nuestra meta
de vida, por lo menos hemos conseguido, en el canje, un trocito de él, como
si las partes hicieran al todo, como si “juntando un montón de chuletas, consiguiésemos
a la vaca”.
Es el remedio de andar por casa, que
utilizamos para no afrontar el ir al médico. Lo que pasa es que cuando concluye
el alivio transitorio, el dolor de la herida es todavía más fuerte. La ausencia
de cumplimiento existencial de nuestros proyectos, por renuncia de estos en
la cesión de fines por otros más probables, nos hace más débiles, nos genera
mayor angustia, y nos sitúa ante la enfermedad. En esta línea argumental la
frase de referencia se enunciaría de la siguiente manera: Eres lo que
puedes.
En un ejercicio de personalización
de este esquema podríamos practicar con él, intentando situarnos en algún
punto de este espacio conceptual y definiendo las implicaciones que para nuestras
vidas tiene esa posición vital. Pregúntate: ¿dónde te sitúas?.
Y para orientarnos en ese
proceso de recreación social, de búsqueda de alternativas que creativicen
a la sociedad, y que sirvan de guía en la construcción de nuevos modelos de
calidad de vida, ¿cuáles serían los retos claves que deberíamos abordar?
Gráfico 2
a) LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD. ¿QUIÉN SOY?
Este primer
reto tiene una importancia trascendental. Si no sabemos quienes somos, difícilmente
podremos definir hacia dónde vamos. Tedesco (1995), afirma que en la actualidad
tiene una gran importancia el papel protagonista que juega el sujeto en la
construcción de la identidad. Si bien en épocas anteriores las identidades
venían impuestas desde el exterior, hoy el centro está en la autonomía individual.
Esto se ve acentuado por la ausencia de un modelo cultural hegemónico y el
fenómeno del multiculturalismo.
Una de las articulaciones
para el desarrollo de identidades constructivas se sitúa entre lo propio y
lo ajeno, es decir, la identificación de la frontera, del “diferente”. Sin
embargo, Tedesco (1995), advierte que aunque esta idea pueda parecer un contrasentido
o una regresión histórica con respecto al ideal de la comprensión y tolerancia
internacional, no lo es ya que este valor no implica la desaparición de la
frontera, sino la exclusión del concepto del “diferente” igual a enemigo.
Sus palabras son verdaderamente clarificadoras: “El peligro que encierra una
visión ingenua o angelical de la educación sin fronteras consiste en dejar
que los valores ligados a la defensa de la identidad sean expresados por las
versiones regresivas, defensivas y tradicionales, cuya expresión actual son
las diferentes formas de neocomunitarismo fanático que se expanden en diversas
regiones y que, como respuesta, los valores de la globalización y la internacionalización
sean expresados por una élite financiera o tecnocrática, separada del resto
de la población... El desapego a la nación que caracteriza a las élites que
participan de la economía supranacional plantea el riesgo de que su sentido
de responsabilidad no vaya más allá del vecindario” (Tedesco, 1995).
Por lo tanto, lo constructivo
es aportar luz, y no miedos, a la oscuridad, que desde la racionalidad afronte
uno de los retos fundamentales de nuestra edificación personal y social: la
identidad. Y quién mejor que la educación. Tedesco, con estas prospectivas
palabras da un paso hacia delante: “La escuela afronta, ahora, una doble tensión.
Por un lado, la tensión entre el autoritarismo de las demandas identitarias
y la liberación de las propuestas universales. Por el otro, la tensión entre
la uniformización de las propuestas universales y el respeto a las diferencias.
Una propuesta democrática supone asumir el polo de la apertura a lo universal
a partir (el subrayado es nuestro) de una identidad propia, enfrentándose
simultáneamente a la opción autoritaria de las identidades cerradas sobre
sí mismas y a la opción de la apertura a-crítica ante los mensajes uniformes.“
(Tedesco, 1995)
Como alternativa a la disyuntiva
entre lo universal y lo particular, podremos orientarnos, en nuestra toma
de decisiones, desde dialéctica del siguiente principio: Pensar globalmente,
Sentir localmente y Actuar integradoramente.
b) LA CONSTRUCCIÓN DEL SENTIDO. ¿POR QUÉ ESTOY AQUÍ?
El
vértice anterior está estrechamente relacionado con el actual, ya que los
ejes básicos identitarios, sobre los cuales se edifican las sociedades y los
individuos, se ven afectados por la falta de sentido. Quien no tiene pasado
ni presente, difícilmente puede tener futuro. Dicho en otras palabras, quien
no puede interrogarse por ¿desde dónde?, menos puede hacerlo en relación ¿hacia
dónde?.
Csikszentmilhaly en su obra “Fluir” defiende
que cuando actuamos al margen de nuestras metas, de lo que verdaderamente
queremos, no nos sentimos felices. Y es que como nos recuerda Victor E. Frankl,
el padre de la Logoterapia, a través de la cita del filósofo alemán Nietzsche:
“Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier como”. Este
autor en un precioso libro “El hombre en busca de sentido” nos aporta una
profunda reflexión sobre cuál es el eje central de la motivación humana.
Nosotros, desde una análisis de la realidad educativa, hemos aplicado la reflexión sobre la pérdida de sentido al acto de aprender, para extraer las consecuencias que tiene este vacío en la educación escolar. De este modo, hemos aislado una serie de efectos que denominamos EFECTOS DES, siendo cada uno de estos DES un lado del prisma del problema de la pérdida de sentido que afecta, a nuestro juicio, a gran parte de los alumnos. Para ello nos basaremos en la aportación de dos teóricos socioculturales como son Pablo del Rio y Amelia Álvarez (1992).
I) DESVIVIFICACIÓN
Este primer efecto de la pérdida de sentido nos
plantea que, en la mayoría de las ocasiones, la escuela se plantea que la
finalidad del proceso de aprendizaje es “vivir para conocer”, sin darse cuenta
que lo realmente importante en el aprendizaje es el “conocer para vivir”.
De esta manera se olvida que el sujeto no aprende por aprender, sino aprende
viviendo y para vivir.
Es como si con una jeringuilla extrajésemos lo que de vida tuviese la escuela, quedando vacía de alma. La escuela desde siempre ha olido a escuela pero no a humanidad.
II) DESCONTEXTUALIZACIÓN
Como nos señala Antoine de Sanit-Exupery
en su obra El Principito:
“Es muy bello vuestro planeta. ¿Tiene océanos?
No puedo saberlo, dijo el geógrafo.
¡Ah! El Principito estaba decepcionado. ¿Y montañas?
No puedo saberlo, dijo el geógrafo. ¿Y ciudades y ríos y desiertos?
Tampoco puedo saberlo dijo el geógrafo. ¡Pero eres geógrafo!
Es cierto, dijo el geógrafo, pero no soy explorador”.
¿A quién pretende formar la escuela a geógrafos o a exploradores? El aula se ha convertido en una realidad sin entorno, sin espacio, sin contexto. No sólo porque no se abre hacia afuera, sino porque no tiene en cuenta lo que ocurre a su alrededor. De esta manera el aprendizaje se convierte en un proceso de conocimiento sin mundo.
Además se establecen dos vías paralelas para acceder
al conocimiento: el mundo de los contenidos escolares y el mundo de los contenidos
de fuera de la escuela, que en ningún momento convergen
III) DESHUMANIZACIÓN:
DESPERSONALIZACIÓN Y DESOCIALIZACIÓN
“El zorro calló y miró largo tiempo al Principito: ¡Por favor... domestícame!
Bien lo quisiera, respondió el Principito,
pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
Sólo se conocen las cosas que se domestican, dijo el zorro. Los hombres ya
no tienen tiempo de conocer nada”
(El Principito. Antoine de Sanit-Exupery 80-83)
¿Qué es lo que caracteriza a la humanidad? Básicamente
dos cosas: el ser persona integralmente y su relación con los demás. Pues
bien, la escuela en su actividad esencial: “enseñar para que los alumnos aprendan”,
para lo que fue creada, se olvida de estas dos cosas. Educa a un cacho de
la persona y de manera solitaria.
Como dirían los humanistas, la escuela está centrada
en una concepción del aprendizaje como algo que ocurre de la nuca para arriba.
Prima lo racional sobre lo afectivo-emocional. Sin embargo, si realizásemos
un análisis de lo que ha configurado a nuestra persona, nos daremos cuenta
que aquellos acontecimientos que realmente nos han marcado y han orientado
el rumbo de nuestro desarrollo personal, han estado cargados de contenido
afectivo, es decir, su materia prima era fundamentalmente emocional. Y es
esta dimensión de la persona la que deja a un lado la escuela a la hora de
enseñar. Se enseña para saber, pero no a ser. Así en la escuela importa más
lo enseñado que quien lo enseña o quien aprende.
Además, como segundo aspecto de esta deshumanización
del proceso de aprendizaje escolar, se da la espalda a lo que de social tiene
el acto de aprender. Preguntémonos: ¿de todo el aparato escolar que es lo
que realmente aprecia el alumno? Lo que no es escolar, es decir, la comunidad
de iguales, con quien de verdad construye el conocimiento, en otro tipo de
actividades. De este modo, el sentido se construye al margen de los significados
escolares: fundamentalmente en el grupo de iguales y con el concurso de la
cultura de masas.
Si a esto le añadimos que los roles y la trama social de la
actividad, a la que el niño está expuesto en la escuela, son pobres y muy
pocos variados, tenemos claramente delimitado como lo que ocurre en el aula
es algo inhumano.
IV)
DESMOVILIZACIÓN
Podríamos representar gráficamente al alumno, visto como una gran cabeza saltando por la escuela. Si antes subrayábamos la ausencia de la dimensión afectiva de la personalidad, aquí lo que ocurre es el déficit del ámbito conativo-conductual. La escuela se ha olvidado de que el sujeto aprende actuando y para actuar. La vertiente ejecutiva-práctica del aprendizaje ha quedado aparcada por la dominancia verbal del aprendizaje escolar, produciéndose, de este modo, un divorcio entre el sujeto que procesa y el que actúa, entre el pensamiento y la acción, entre lo teórico y lo pragmático.
V)
DESMOTIVACIÓN
La escuela alberga un temor a que los niños disfruten
aprendiendo. Parece existir una ley tácita que prohíbe que en la escuela se
pase bien. Aprender es un proceso asociado al sufrimiento: “la letra con sangre
entra”. Si bien es verdad que no todos los aprendizajes se pueden realizar
jugando, siempre existirá un aspecto motivacional, sea intrínseco o extrínseco,
que facilite y ayude al sobreesfuerzo que requiere el aprender.
Si a esto le añadimos que la actividad escolar no es productiva, no hay productos que permitan ver y cargar de sentido la actividad. Ni tampoco hay feedbacks o refuerzos directos, inmediatos y visibles de la tarea escolar, existiendo una economía de subsistencia con respecto a los refuerzos, frente a una de opulencia respecto a los castigos; podremos entender por qué a la mayoría de los alumnos no les agrada ir a la escuela.
VI)
DESNATURALIZACIÓN
¿Por qué compite la capacidad de enseñar de la
televisión frente a la de la escuela? Según los teóricos socioculturales la
escuela para el niño es la fuente de conocimientos verdaderos pero no reales,
sin embargo, la televisión es una fuente de conocimientos reales (realistas)
aunque no verdaderos. Y es que la actividad escolar no es real, no es tangible,
porque, en la mayoría de los casos, se sitúa en un plano puramente simbólico
y abstracto. De tal manera que aprender se convierte en una actividad antinatural,
algo que hay que realizar artificialmente. Por lo que no es nada alejada la
frase de Brofrenbrenner definiendo la educación como “la extraña conducta
de un niño extraño con un adulto extraño en una situación extraña”.
c) LA CONSTRUCCIÓN DE LOS VALORES ALTERNATIVOS. ¿HACIA DÓNDE VOY?
Y llegamos al último vértice
de esta corriente creativizadora de la sociedad. Se trata de utilizar a la
creatividad como valor de referencia para la transformación de la realidad.
Lo creativo como el instrumento de cambio, pero a la vez como meta de éste.
La creatividad como uno de los valores emergentes, que surgen de las entrañas
de la humanidad en un parto de transformación y de recreación de nuevos modos
de vida, todos ellos alternativos a las insatisfactorias realidades actuales
de la condición humana. La creatividad como procreación, como creación hacia
delante, hacia el futuro. La creatividad con ello se “instituye” como una
raíz más de nuestro acervo existencial que “constituye” el equipaje utópico
de la humanidad.
¿Cuáles serían estos valores alternativos que preconfiguran el nacimiento de una sociedad nueva?
1)
TOMAR CONCIENCIA DE LA REALIDAD TEMPORAL, PSICOLÓGICA Y SOCIOCULTURAL.
Transitamos por nuestras vidas sin saborearlas. Caminamos rápido para que
el tiempo no se nos escape, pero es la vida la que se nos va, como cuando
comemos rápido y no asimilamos adecuadamente los alimentos. El tiempo pasa
como si fuera un elemento de consumo más, que se “des-gasta”, pero quienes
nos envejecemos somos nosotros. Ampliamos nuestras relaciones sociales, vertiéndonos
hacia fuera, sin saber realmente como contestar al interrogante básico: ¿quién
soy? Asumimos la vida como un problema a resolver, pero no como un misterio
a descubrir. Debemos hacer un esfuerzo consciente por desaprender las programaciones
y rutinas sociales, saberes culturales aparentes y “tics” de conocimiento
que nos inmovilizan y nos impiden tener visiones más amplias de nosotros mismos
y de nuestra sociedad.
2)
HUMANIZAR EL PROGRESO Y HACER PROGRESAR LA HUMANIDAD.
En el sentido de rehumanizar a las personas, desde la asunción del humanismo
radical donde además de sobrevivir, podamos supervivir, llegar a niveles de
desarrollo y trascendencia más coherentes con nuestra esencia humana. Supone,
por tanto, desechar los modelos del tener, el aparentar y el intentar, y afrontar
el reto de elaborar propuestas concretas de mejora desde el modelo del ser.
3)
CREAR ESPACIOS DE LIBERTAD, OFRECER POSIBILIDADES PARA QUE LOS DEMÁS CREEN
Y PROMOVER NUEVOS MODOS DE EXPRESIÓN.
De la libertad individual a la vez que colectiva, donde se dé margen para
que la persona sea creadora de sí misma, de su propia vida con calidad y profundidad.
Contexto de libertad verdadera y no formal, donde el cuestionamiento no sea
interpretado como enfrentamiento sino como acto de conocimiento. Pero el acto
creativo no es excluyente. La condición mínima que deben cumplir quienes se
sienten libres para crear, es dar posibilidades para que los demás también
puedan serlo. Y todo ello a través de canales de expresión alternativos: nuevos
lenguajes, nuevas formas de comunicación, nuevos códigos, que posibiliten
la libre expresión.
4)
FAVORECER LA COMUNICACIÓN INTERPERSONAL AUTÉNTICA.
En esta era donde las barreras se derrumban, falta todavía muchos muros por
desmantelar. Un reto que le queda por asumir a la sociedad contemporánea es
comprender que "convivir no es solo coexistir". Este "vivir-con"
supone apostar por un estilo comunicativo cualitativamente diferente. En palabras
de J.L. Aranguren (1975): "El lenguaje no es solo el principal modo de
comunicación; es también el modo más eficaz para falsear toda posibilidad
de comunicación auténtica y, por tanto, para incomunicar". No sólo desde
la utilización de medios de comunicación más humanos, sino desde las propias
intencionalidades comunicativas que sustentan nuestros intercambios sociales.
Se trata, como ya han planteado algunos autores, de realizar un tránsito desde
la comunicación a la comunión.
5)
CONTEXTUALIZAR LA EXISTENCIA DESDE LA BÚSQUEDA DE SENTIDO.
El acto creativo es un acto necesariamente situado, imbricado en múltiples
contextos: interpersonal, social, temporal, de significados, instrumental,
de finalidades. Si perdemos el contexto perdemos el sentido de la frase de
nuestra vida. Es como el lienzo que sin el marco se funde en el fondo de la
pared, disimulando la belleza que expresa. Nuestras razones para vivir son
algo más que un borde decorativo de nuestra existencia, es el mismo fondo,
la misma sustancia de ella. Sin el sentido perdemos el fundamento, la dirección
y la meta, y, por tanto, perdemos la vida. La obra de Victor E. Frankl: “El
hombre en busca de sentido” (1979), expresa este valor creativo desde las
vivencias de un hombre despojado de todo, hasta de sí mismo.
6)
RESPETAR Y PROVOCAR LA DIVERSIDAD.
El acto creativo es también un acto diverso. Una sociedad creativa es aquella
que asegura un espacio para que cada uno de sus miembros sea quién quiera
o crea ser. No impone uniformes, aunque sean originales y funcionales. En
ese afán universalista de pintar todo de un mismo color, lo que se demuestra
es una incapacidad social para la creatividad, y como ya han planteados otros,
a parte de yo mismo: las condiciones del hecho humano se experimentan, se
representan, se codifican y se transmiten de maneras diversas y comprender
el valor activo de esta diversidad es la premisa más importante para el desarrollo
sociocultural” (Levine y White, 1986; Rodríguez, 1994).
7)
RECONSTRUIR LA UTOPÍA DESDE LA ACCIÓN TRANSFORMADORA-PROSPECTIVA SOBRE EL
FUTURO.
En otro lugar (Rodríguez, 2001), hemos fundamentado el estrecho vínculo que
une lo creativo con lo prospectivo. Visión de futuro que no iluminación ni
premonición paranormal, sino motivación profundamente humana por imaginar
realidades alternativas, inconformismo vital, tensión para atraer el futuro
hacia el presente. Imaginación transformadora.
8)
IMPREGNARSE DE REALIDAD A TRAVÉS DE ACTOS DE SOLIDARIDAD TRASCENDENTE.
Crear es un acto que brota desde la fraternidad, que nace en el amor. La autorrealización
es incompleta sin la realización social. La creatividad, como proceso social
que es, nos remite al otro, al bienestar de los demás. La humanidad como esencia
misma de la persona, no es solo un valor “de alguien” sino “para alguien”.
La amistad, el amor, la empatía, el altruismo, la solidaridad, la participación
para el cambio social,... son valores todos ellos, no sólo alternativos, sino
también lo son creativos. Como ya ha planteado alguien “Las culturas más ricas
en amor tenderán a ser más ricas en creatividad”.
9) CAMBIARSE UNO MISMO
PARA CAMBIAR LA REALIDAD.
Lo creativo es nuevo, se sitúa desde lo alternativo, contiene el futuro y
se orienta hacia el cambio. La creatividad es transformación, es tensión,
insatisfacción de mejora. Hay mucho de verdad en el paralelismo entre el hecho
de parir y el acto creativo. Para la creatividad, como para el nacimiento,
hay dolor, desgarro, sufrimiento, esfuerzo, inseguridad y riesgo; pero a la
vez hay alegría, nacimiento, mejora, amor y luz (“dar a luz”). Lo creativo
implica el impulso por sacar la cabeza, de ver el mundo, de ver más y mejor
nuestra realidad, para así poderla comprender y mejorar. Pero debemos tener
cuidado con el falso cambio, donde todo se modifica para que siga igual. Todo
lo cambiante no es necesariamente creativo. Para que exista creatividad ha
de haber un “porqué” o sentido de humanidad, un “cómo” nuevo y alternativo,
y un “para qué” transformador y de mejora. Para que haya cambio creativo debe
oler a utopía. Por eso, y como vacuna ante estas tergiversaciones del hecho
creativo tenemos que asumir las palabras de B. Brecht: “Cambien la humanidad
y cuando la hayan cambiado, sigan cambiando de nuevo esa humanidad cambiada”.
En conclusión: Adiós, dijo el Principito. Adiós, dijo el Zorro. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Lo esencial es invisible a los ojos, repitió el Principito, a fin de acordarse. El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante. El tiempo que perdí por mi rosa..., dijo el Principito, a fin de acordarse. Los hombres han olvidado esta verdad, dijo el Zorro. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa. Soy responsable de mi rosa, repitió el Principito a fin de acordarse. (El Principito. Antoine de Sanit-Exupery)
Yo añado, nosotros somos responsables de
la rosa de la creatividad, y estoy plenamente convencido de que esta flor
permanecerá y extenderá su belleza por todos nuestros lugares de referencia.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
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CSIKSZENTMILHALY, M. (1996): Fluir. Una Psicología de la felicidad. Kairós. Barcelona.
DEL RIO, P. y ÁLVAREZ A. (1992): Tres pies al gato: significado, sentido y cultura cotidiana en la educación. Infancia y Aprendizaje, 59-60, 43-61.
FRANKL, V.E. (1979). El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona.
FROMM, E. (1978): ¿Tener o Ser? Fondo de Cultura Económica. México.
LEVINE, R.A. y WHITE, M.I. (1986): El hecho humano. Las bases culturales del desarrollo educativo. Visor/MEC. Madrid.
MARÍN IBÁÑEZ, R. (1980): La creatividad. Ceac. Barcelona.
MARÍN IBÁÑEZ, R. (2001): Creatividad, moral y valores. En RODRÍGUEZ, A. (coordinador): Creatividad y Sociedad: Hacia una cultura creativa en el siglo XXI. Octaedro/IPSMA. Barcelona.
McLAREN, P. (1997): Pedagogía crítica y cultura depredadora. Políticas de oposición en la era posmoderna. Paidós Educador. Barcelona
RODRÍGUEZ, A. (1994): Infancia y Personalidad Canaria. La Psicología del
Niño Canario. Consejería de Educación, Cultura y Deportes. Gobierno de
Canarias. Santa Cruz de Tenerife.
RODRÍGUEZ, A. (1996): Creatividad y Sociedad: Hacia una cultura creativa en el siglo XXI. Seminario de la Universidad de Verano de Adeje. Vicerrectorado de Extensión Universitaria. Universidad de La Laguna.
RODRÍGUEZ, A. (2001): Futuro y creatividad: una mirada prospectivo-social sobre la creatividad. En RODRÍGUEZ, A. (coordinador): Creatividad y Sociedad: Hacia una cultura creativa en el siglo XXI. Octaedro/IPSMA. Barcelona.
RODRÍGUEZ, A. (en prensa): Creatividad Social y Calidad de Vida. MICAT
SAINT-EXUPÉRY, A.(1971): El Principito. Alianza-Emece. Madrid.
TEDESCO, J.C. (1995): El nuevo pacto
educativo. Alauda/Anaya. Madrid.
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